noviembre 30, 2020

Revolución sí… dos veces sí

Democracia, alternancia, perpetuidad, caudillo, irrespeto a la Constitución, entre muchas palabras de origen castellano –también el aymara llunku–, son pan de cada día en el discurso opositor. Debemos ver el fondo de estos planteamientos.

La derecha boliviana, descendiente directa de la oligarquía colonial, piensa en valores propios del liberalismo que vino de Europa y se ha encasillado en esa visión de colonización mental-ideológica; por el contario, el proceso de cambio ha planteado la necesidad de cambiar profundamente el Estado, de realizar una revolución.

Hasta ahora las modificaciones se han dado respetando las reglas del juego democrático-liberal y poco a poco estamos practicando la democracia directa que es el referéndum, cuestión que no le gusta a la derecha en tanto no existen los partidos de mediadores sino que decide el soberano, los protagonistas centrales.

Las revoluciones, que son acciones, como dice Coco Manto, “requieren de testimonios para trascender. ¿Con qué se recuperó Bolivia como país soberano después del p’ampacu privatizador en que la sumieron nacionalistas, fascistas, chochaldemócratas y ONG lightberales?”, con la lucha social y con el pueblo campesino indígena originario que el país tiene por vanguardia.

El pensamiento revolucionario contiene la tarea descolonizadora del Estado y hacia ella avanza, por el contrario el pensamiento conservador solamente busca frenar este avance, no tiene ningún otro propósito, por esta razón su objetivo principal es el desgastar la figura del líder, para lograr este objetivo ha dejado la ética y los valores; en alguna de sus bóvedas bien sellada, ya ha sacado a relucir el peor lenguaje de su arsenal colonial.

Siendo octubre el mes de inicio de la colonización, allá por el año de 1492, es bueno recordar la catadura moral de quienes se encontraban en las carabelas. Hoy sus descendientes utilizan el mismo lenguaje, el mismo pensamiento, con las mismas prácticas (comprar conciencias).

Desde el año 2000 el pensamiento revolucionario ha tomado las calles y el gobierno, con muchos obstáculos y a paso lento continúa la marcha, a cada paso la tarea se vuelve más compleja pues hay que convivir con el viejo Estado y sus representantes, más unos mercenarios de última hora que pretenden entrar en el juego de los liderazgos.

El actual debate político respecto a la reforma constitucional es uno de los escollos más importantes porque define el decurso revolucionario, y los conservadores están dispuestos a todo para frenar la consolidación del proceso y por volver al Estado privatizador.

En este escenario es que se calibran los gestos, opiniones y procederes, por tanto no pueden existir medias tintas o los tonos amarillentos de la pasividad.

Ya nos decía el Che que para ser revolucionario hay que hacer la revolución, poner en práctica las ideas, seguramente en este largo caminar se cometan algunos errores, cosa común cuando se transita por senderos abiertos a pulmón.

Otro pensador boliviano llamaba la atención de quienes ven pasar la revolución por la acera del frente, a lo que añadiríamos que desde su sillón y con un café en la mano se dedican a criticar a los obreros que ponen sus esfuerzos en esta construcción colectiva del Estado Plurinacional.

La expansión de la maquinaria mediática de los opositores que utilizan la mentira, la desinformación y el insulto, para doblegar el espíritu combativo, cuando el líder aymara Evo Morales celebra el record en su mandato, tendrá otra vez el muro infranqueable del pueblo que no está dispuesto a hipotecar su futuro, sino defenderlo hasta el final.


* Escritor e historiador potosino

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