noviembre 29, 2020

El significado del No

Mucho se ha escrito sobre las causas que pueden explicar la derrota del Si en el pasado referéndum. Se habló de temas de campaña y programáticos y creo, sin disminuir la importancia de los primeros, que los programáticos tienen mayor relevancia para explicar los resultados y quiero referirme a dos: el estancamiento en la construcción del Estado Plurinacional y el desvío en la lucha anti-neoliberal.

Una de las banderas del proceso de cambio que condujo a la Asamblea Constituyente, fue construir un Estado Plurinacional, es decir, un Estado que representara a todas las nacionalidades por igual, donde no hubieran unas culturas mejores que otras, donde todas las naciones tuvieran el mismo derecho a expresarse cultural y políticamente dentro de sus propias estructuras políticas y nadie sufriera discriminación por el color de su piel. Esto era la destrucción del Estado colonial.

Este es uno de los temas en que el proceso de cambio se estancó, al menos hasta hoy. Hay quienes dicen que el Estado colonial ha muerto –y sólo quedan resabios– porque existen indígenas en el gobierno. Sin duda este es un gran paso y ha cambiado la manera del verse de los pueblos indígenas en la historia, pero por sí mismo está lejos de haber desmontado el Estado colonial que está más vivo que nunca y se manifestó con toda su crudeza en la campaña por el No que circuló sobre todo en las redes sociales ridiculizando, ofendiendo y estigmatizando lo indígena. Si este tipo de campaña tuvo éxito es porque todavía seguimos siendo una sociedad colonial que continúa reproduciendo viejos prejuicios y jerarquías raciales. Este hecho señala una falla en el proceso de cambio que es no haber generado un cambio cultural y de estructuras mentales.

La lucha contra el neoliberalismo fue la segunda consigna política que identificó al proceso de cambio desde sus inicios, pero acá se generó una suerte de esquizofrenia entre el decir y el hacer. Efectivamente, uno de sus grandes logros fue la recuperación de las empresas estatales que permitió al Estado una gran disposición de excedente que se tradujo en políticas redistributivas que redujeron la pobreza, las desigualdades y alentaron esfuerzos para tratar de construir las bases de una industria nacional, pero en el camino se perdieron otras demandas como el fin del latifundio y el cuidado de la madre tierra, y en lugar de ello se legitimaron una serie de concesiones a la agroindustria como la ampliación de la frontera agrícola y del tiempo de revisión de la función económico social. Las reformas de la banca legitimaron concesiones al capital financiero, sin hablar de la estructura de impuestos, que sigue siendo más neoliberal que la chilena, ni de la minería cooperativista, uno de los modelos más salvajemente capitalista.

Aparentemente con estas concesiones se esperaba un triunfo electoral en el Oriente, pero éste votó de manera aplastante por el No. Lo demuestra que el proceso de cambio erró al desviar su programa inicial para conquistar a la burguesía agroindustrial y financiera y lejos de incorporarla al proceso, ocurrió que se perdieron muchos sectores de izquierda que inicialmente apoyaban el proceso y hoy optaron por apartarse.

Quizás, de haber triunfado el Si, se hubieran ratificado aquellas posiciones que alentaban seguir por el camino de las concesiones. Pero más allá del duro golpe, la derrota del Si parece decir lo contrario y abre otras posibilidades al interior del proceso pues hacen un llamado a la recuperación de sus banderas originales y a su profundización. Hanna Arendt decía que el poder sólo es realidad donde palabra y acto no se han separado. El No sin duda es un llamado a reflexionar sobre esta separación.


* Socióloga.

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