noviembre 27, 2020

Las plumas amarillentas

Los procesos revolucionarios, si son verdaderos, tienen el peso de muchos sacrificios, y es en este punto donde muchas voluntades se quiebran, o caen cooptados por la contrarrevolución y las conveniencias personales. Todas estas actitudes tienen su explicación en la debilidad ideológica; así tenemos por ejemplo en el caso boliviano a un ex-vocero presidencial que explica su actual cargo en un gobierno municipal de extrema derecha sosteniendo que el Presidente “abandonó la revolución”; curiosa explicación cuando todos sabemos que por orden de su actual gestión se ha prohibido el ingreso del pueblo (léase indígenas) a la plaza principal, reviviendo la vieja práctica del darwinismo social.

Como este personaje, existen varios opinólogos que incluso se atreven a llamar “compañero” al Presidente, cuando en realidad son funcionales a las intenciones de terminar con el gobierno de Evo Morales y abrir las puertas para el ingreso de las transnacionales y el neoliberalismo.

El trillado estribillo de “crítica constructiva”, especialmente para los que se consideran militantes de la izquierda, no soporta la siguiente cita del Che: “No se trata de desear éxitos al agredido, sino de correr su misma suerte: acompañarlo a la muerte o la victoria”. Muchos han elegido ver pasar la revolución y agregar combustible a las fogatas incendiarias que el imperialismo instruye.

Los que de buena fe creyeron que el voto por el No tenía que ver con la democracia interna deben mirar al norte y ver la batalla que allí se libra frente al peligro que significa para los EE.UU. que gane la extrema derecha.

El escenario de corrupción inducida es una vieja práctica del imperialismo, bien lo saben estos opinólogos que se asumen de izquierda y que en lugar de analizar el bosque violento de lo que hoy es nuestro planeta, se ensañan con seguir viendo ya no el árbol sino una rama de ese árbol, con una miopía política que opaca la razón y el sentimiento.

Estos opinólogos hacen coro a los libretos entregados en las embajadas del norte, amplifican sus chismes y rumores y en ningún momento se ocupan en demostrar el origen de los acontecimientos perversos y su objetivo central: terminar con el único proceso exitoso de una revolución en democracia.

No importa el reconocimiento internacional de un adecuado manejo de la economía, no importan los informes de avances en la educación, en la lucha contra la pobreza, el acceso a los servicios básicos, eso no basta, se hacen eco de la nada, esa nebulosa instalada por los medios que cada día repite: “este gobierno no ha hecho nada”.

Escribir en medios de comunicación que tienen una clara política de derecha liberal es coincidir con su línea editorial o, por el contrario, es la única posibilidad que tienen estos pequeños dispositivos de ser tomados en cuenta dentro de la gran estrategia de guerra de baja intensidad aplicada contra el proceso boliviano.

Acusar de guerra sucia a un gobierno que está soportando una verdadera agresión imperialista es no tener ni un ápice de discernimiento; mal por los que se consideran impolutos, convencidos que son la única verdad y la conciencia del pueblo. A éstos el pueblo les va demostrando que están equivocados, pero eso no importa, se han convertido en piezas de un engranaje que es aceitado con la lisonja fácil y las palmadas en la espalda, estímulo propio de un patrón a su pongo.

Volvemos al Che y decimos que el proceso boliviano tiene una dimensión continental y los que ocultan esta realidad histórica es porque nunca tuvieron, en su fuero interno, el amor a la humanidad, requisito de todo cambio social, como lo señaló el Comandante de América.


* Escritor e historiador potosino.

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