diciembre 5, 2020

Primera parte – Descifrando el 21F

por: Patricia Guzmán Cabello

Revalorizar nuestra identidad plurinacional implica reconocer diferencias pero sobre todo desligarnos de las cargas coloniales de castas y razas.

Las campañas

Sin duda esta contienda electoral fue una de las más duras, la politización de la gran mayoría de las personas nos llevó a tener campañas que exigían mayor creatividad. Ambas opciones intensificaron su tarea, principalmente los días previos al referéndum.

Para la opción del No, tuvo a algunos que bajo el título auto concedido de “ciudadanía” hacían campaña codo a codo con los partidos políticos de UN, SOL.BO y hasta Demócratas. Por su parte, la opción del Sí promovía el mandato de Evo Morales mediante datos económicos de crecimiento, políticas sociales de inclusión y otros logros alcanzados en la gestión de gobierno.

La ardua batalla en redes sociales, debates públicos de voceros de ambas opciones en tv, universidades y otros espacios (en mayor potencia como nunca antes en una contienda electoral), además de las movilizaciones masivas por el Sí también fueron características de esta campaña. La guerra sucia se dejó ver principalmente en los días previos al referéndum, buscando desprestigiar la imagen del Presidente y Vicepresidente, y de algunas otras figuras políticas del MAS. Lastimosamente la mayoría de la gente accedió a este tipo de guerra de desprestigio farandulero, haciendo voz de esto y convirtiendo lo que debió ser una argumentación y contra argumentación de opciones, en una olla de chismes.

La polarización

Inevitablemente iba a suceder una polarización al existir dos opciones, Sí/No, a pesar de algunas posiciones minoritarias por el nulo. La gente se apoderó de su posición política (formada o no) generando la división de opinión; no había café, grupo de WhatsApp o post en el Facebook que no se mostrara así.

A su vez eso encausó el encasillamiento de las opiniones, es decir, si alguien a manera de análisis expresaba algo defendiendo la re-postulación inmediatamente era tildado de “masista”, “llunku”, “amarraguatos” y hasta “ignorante”. Por otro lado, los pro oposición a la re-postulación recibía críticas de “imperialista”.

Este fenómeno es efectivo en el aspecto que nos lleva a tomar una posición y defenderla, pero es contraproducente en el momento en que impide el análisis de una manera más abierta, encasillando la posición de las personas.

Medios de comunicación y redes sociales: La trivialización de la política y el sensacionalismo mediático

Otro punto de análisis importante sobre el escenario en el que se dio el referéndum del 21 de febrero son las redes sociales. Se convirtieron en el nuevo campo político, principalmente el Facebook, sin dejar de lado los debates públicos abiertos en tv, radio, universidades, etc.

Las redes sociales como expresión de sentimientos, lazos amistosos y momentos, como plataforma virtual de interacción funcionan muy bien, pero en el momento de preguntarnos si funcionan como una plataforma de información es donde debemos dudar.

En las últimas semanas por motivo del referéndum, y ante una táctica de desprestigio de los actores políticos más importantes de este tiempo, se generó información sobre supuestos vínculos personales del Presidente con diferentes personas, el más resonado el vínculo con Gabriela Zapata. Pero, ¿las redes sociales nos informan? Se puede decir que en estas circunstancias se produce un tipo de amarillismo político (tal como en los noticieros de tv y programas de shows) que reproduce el sensacionalismo mediático –que parece gustar mucho a la gran mayoría de la población–, cayendo en una trivialización de la política.

La trivialización de la política, que de cierta forma indica Helena Argirakis (politóloga) [1] cómo “la fragmentación, particularización y trivialización de la política”, donde estas “tecnologías de derrocamiento” buscan mezclar política con chisme, entretenimiento, farandulización, desviando la atención de lo central, de las temáticas estructurales de la política (economía, estabilidad, pobreza, el crecimiento, la movilidad social, etc.) por la devaluación de la política, implica pretender hablar de política pero no de cuestiones estructurales, sino más bien repetir lo que se escucha, replicar lo que se ve en Facebook, asumir como verdad una aseveración, información o meme, todo esto en torno a los actores políticos. Lo que ha venido pasando en redes sociales sin duda es esto, se ha visto una vez más reflejada la doble moral de la gente y las ganas de hablar de sensacionalismo político (cosa en la que todos se involucran) a diferencia de hablar de política, analizando y debatiendo los proyectos, inversiones, avances y retrocesos del Estado, inclusión y retos sociales. Se pasa a hablar de relaciones personales, chismes y especulación que alimenta el morbo de las personas. Y aparentemente es lo que gusta pero no necesariamente lo que construye.

Lo que queda abierto al análisis (y un análisis mucho más profundo) es la información, sobre-información y la credibilidad de este espacio de intercambio de criterios. Podría ser una buena herramienta para informar, sin embargo, en la actualidad cumple el rol de desinformar y de replicar el sensacionalismo ya conocido de los medios de comunicación como la tv.

El referéndum de los jóvenes

Los y las jóvenes a través del ciber activismo fueron participes en redes sociales, pero también en las calles. Tomaron protagonismo, y aquí es importante no caer en la idea de que los jóvenes antes estaban “dormidos” ya que claramente no es así, los y las jóvenes hemos estado formándonos, organizándonos y hablando de política constantemente, las juventudes están en las calles, en las universidades, en el campo, en los grupos urbanos, en las discotecas, en redes sociales, etc. Somos participes de la política constantemente. Ya desde mucho antes se iba gestando una juventud politizada.

Más allá de una posible moda de un sector social, de hacer crítica con opiniones repetitivas de lo que se escucha o se ve, el reto de las juventudes está en hacer política diferente, en no perder la memoria histórica sobre nuestro país, en construir Estado, generar conocimiento, aportar a la sociedad. Revalorizar nuestra identidad plurinacional implica reconocer diferencias pero sobre todo desligarnos de las cargas coloniales de castas y razas. Un reto bastante grande sin duda para nosotros, pero que debemos afrontar.

A manera de conclusión de esta primera parte del artículo, se puede decir que el referéndum dejó muchos temas sobre la mesa, que son importantes insertarlos y re-insertarlos al debate. Temas como las redes sociales, el rol que tenemos los y las jóvenes en una construcción de Estado plurinacional, el racismo y discriminación, entre otros.


* Politóloga, militante de Generación Evo (GE).

Las ideas fuerza sobre el referéndum del 21 de febrero, Helena Argirakis, La Época N° 708.

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