noviembre 28, 2020

Cuando una revolución es auténtica

por: Cecilia Ma. Fernández Benavente 

La intensidad del compromiso y los sentimientos revolucionarios de las masas serán los índices más importantes de la madurez de una situación revolucionaria.

Un proceso verdaderamente revolucionario busca la transformación estructural de una realidad concreta, una transformación social, económica, política y, como el más preciado objetivo, la transformación de la conciencia de su pueblo.

Para que una revolución pueda triunfar, deben madurar las condiciones objetivas y subjetivas que evidencian la relación dialéctica entre explotados y explotadores. Las condiciones objetivas pueden ser vistas como producto del desarrollo histórico material de la sociedad, circunstancias tangibles y cuantificables; sin embargo, las condiciones subjetivas emergen en la conciencia política y la capacidad de organización de las bases, su disposición, su voluntad para hacer la revolución, el interés para quebrantar un viejo régimen y sostener al gobierno revolucionario.

Centralidad de la línea política

Es fundamental el liderazgo y la dirección orgánica en la tarea de la formación y movilización de las masas, para ello es imprescindible la definición de una correcta línea política, que oriente y convoque a la conciencia revolucionaria para iniciar, consolidar y defender un proceso revolucionario de cambio. La intensidad del compromiso y los sentimientos revolucionarios de las masas serán los índices más importantes de la madurez de una situación revolucionaria.

Aprendimos que si el partido del proletariado no comprende a tiempo las características de una coyuntura y no interviene activamente en su desarrollo surgirá inevitablemente una situación contra revolucionaria en cualquier etapa de la revolución, y, ¿qué queda después del triunfo de la revolución? En realidad acá empieza la mayor tarea, trabajar en las condiciones que impulsaron la revolución, esas condiciones previas… las condiciones objetivas y subjetivas.

Desafío boliviano

Después de 10 años de revolución en democracia en Bolivia, las condiciones objetivas impulsoras dieron lugar a mejoras sustanciales en las condiciones de vida material de los bolivianos, viviendas, carreteras, bonos, salarios, aguinaldos, una economía estable, entre muchas otras.

Pero, ¿en qué están esas condiciones subjetivas? La inclusión social ha sido un logro por demás revolucionario, sin embargo, la consolidación del proceso de transformación de los hombres, de su conciencia, valores, hábitos, costumbres, relaciones sociales y esencialmente una ética revolucionaria, todavía es un proceso en desarrollo con un largo camino por construir.

¿Cuál es la necesidad de consolidar estos elementos subjetivos, una vez que ha triunfado la revolución? El Che nos decía: “una revolución sólo es auténtica cuando es capaz de crear un Hombre Nuevo”, porque el individuo es el motor de la historia, el individuo como miembro de la comunidad es el actor consciente de la historia, su transformación será el sentido mayor de la revolución.

Hombres y mujeres nuevas

El riesgo latente de no formar política e ideológicamente al pueblo, de no consolidar una robusta convicción revolucionaria, es que surja la contra revolución cuando sus intereses materiales sean vulnerados; sin una conciencia revolucionaria, lealtad y apoyo, el más popular de los procesos de cambio puede ser frágil.

El desafío de transformar al ser humano es la tarea más compleja en un proceso de este tipo, los líderes deben tener la capacidad de consolidar una evolución estructural del ser humano, que tenga efectos por décadas, para las futuras generaciones, porque serán estas mujeres nuevas, estos hombres nuevos, los motores vivos de la historia.

Ahora, las redes sociales y los medios influyen en la opinión pública y en la formación de conciencia social pero la respuesta no es censurarlos pues se victimizan y lamentan, lo aprovechan cobardemente, crecen, por lo tanto el camino es debatir, la confrontación en el nivel que ellos propongan, la lucha por la verdad, el contrapeso del militante, del revolucionario, de la mujer y el hombre nuevo, desde su convicción, luchando en todos los campos por lo que es suyo, por la revolución de su pueblo.

Los medios de comunicación y las redes sociales plagadas de especulación, mentiras y mensajes contra revolucionarios, están alienando al pueblo y a su juventud, que si no están formadas políticamente serán caldo de cultivo del proceso contra revolucionario; los resultados del último referéndum nos alertan.

Ofensiva por el cambio

Para esta tarea tan importante no se requiere solo una “escuela de cuadros”. Se precisa una formación masiva, generalizada, de cada miembro de este país. Formar política e ideológicamente a cada boliviano, desde niño, joven, adulto y anciano, utilizando todos los medios que sean necesarios hasta consolidar esa vocación de solidaridad y justicia que vive en cada uno de nuestros compatriotas.

Es urgente tomar esta tarea tan seriamente como la magnitud que este proceso de cambio lo exige, tener claridad en la estrategia y las tácticas para incidir en la mente de cada persona en el medio en el que se desenvuelve, consolidar un trabajo a nivel nacional de tal manera que realmente no quede duda de que se tendrá un impacto real, un impacto revolucionario.

Sin duda es un tremendo desafío, una tarea por demás compleja, pero, ¿es ese acaso un motivo de deserción? ¿De abandono de esta misión? Combatir la desidia en el trabajo, la “ley del mínimo esfuerzo”, “la hora boliviana”, “la viveza criolla”, el individualismo, el egoísmo, el racismo, las mezquindades, entre otras, son obligaciones para este proceso revolucionario. Los resultados quizás ya no los podamos ver, pero un verdadero revolucionario deja la semilla sembrada para que otros camaradas recojan los frutos de su esfuerzo, porque un verdadero revolucionario emana empatía que supera tiempo y espacio.

Como militantes del proceso de cambio y por nuestra condición e ímpetu juvenil, no podemos dejarnos adormecer por la coyuntura, no debemos aletargarnos, porque la sostenibilidad de este proceso está también en nuestras manos. Tenemos la obligación moral con nuestra Patria y con nuestra revolución, de formarnos, formar y fortalecer nuestra convicción revolucionaria día a día.


* Economista y politóloga.

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