diciembre 3, 2020

Eduardo Abaroa

Nació el 13 de octubre de 1838 en San Pedro de Atacama. Perteneciente una familia tradicional del lugar, era hijo de Juan Abaroa y Benita Hidalgo, siendo el tercero de cuatro hermanos.

Realizó sus primeros estudios en la escuelita del pueblo. Luego adquirió conocimientos de Teneduría de Libros y Contabilidad.

Fue miembro del Concejo Municipal de San Pedro de Atacama y trabajó como empresario en una mina de plata localizada en el departamento del Litoral, territorio perteneciente a Bolivia, cuando Calama era un pequeño pueblo de paso de caravanas de ganado y minerales.

Se alistó en las fuerzas bolivianas para defender el territorio patrio cuando se desató la Guerra del Pacífico. Durante la batalla de Topáter, el primer choque armado de la guerra, tuvo la misión de defender el puente que cruza sobre el río Loa, que era la vía de acceso por el lado sur a la ciudad de Calama. Dio su vida en esa contienda, a sus 41 años de edad; dos disparos enemigos le alcanzaron y los chilenos, en un acto de reconocimiento a su valor, enterraron su cuerpo en el cementerio de Calama a las cuatro de la tarde del 23 de marzo de 1879.

La primera biografía del héroe la escribió el coronel chileno Villagrán en 1880, quien se refiere a él de la siguiente manera: “No investía carácter militar, pero era boliviano y sobre todo un buen patriota”. Trabajos posteriores le recuerdan por su célebre frase ante la petición de rendición de sus enemigos: “¿Rendirme yo ?… cobardes… ¡Qué se rinda su abuela, carajo!”.

En 1952, para el 73º aniversario de su muerte, el gobierno boliviano repatrió el cuerpo de Abaroa, que fue escoltado por el ejército chileno con honores militares hasta la frontera, donde fue recibido por su símil boliviano. Su título de Coronel le fue otorgado post mortem por el Estado de Bolivia en reconocimiento a su entrega y valor en defensa de territorio patrio. Cada año la fecha de su muerte es recordada como el «Día del Mar».

La Época.-

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