noviembre 28, 2020

¿Un ciudadano, un voto?

¿Qué es lo peor que pudo pasar con los resultados del referendo del 21F? ¿Qué el Presidente Morales no se pudiera repostular en las elecciones generales del 2019? El escenario que temíamos se ha hecho realidad –y cabe agregar que era previsible–, lo cual reclama nuestra preparación.

Viajemos al pasado, a la reestructuración conservadora más inmediata de nuestra historia, la irrupción del neoliberalismo en Bolivia. ¿Cómo fue posible? Para responder esta pregunta existen, por supuesto, explicaciones que van más allá de nuestras fronteras e incluso podrían hacernos pensar que se trató de un infortunio inexorable, una condena de la cual no se podía escapar. Pero las cosas se dieron como se dieron mediante hechos concretos y a éstos vamos a remitirnos en tanto de ahí sacaremos las lecciones por aprender.

Luego de una larga época de conflictividad y terror, y una crisis económica de proporciones épicas, el pueblo boliviano, o al menos su gran mayoría, clamaban por estabilidad económica y social, estabilidad que parecía imposible con los sindicatos mineros en las calles presionando por reformas económicas impertinentes en un momento en el que se travesaba la mayor inflación de nuestra historia, que batió incluso récord internacionales e históricos.

La clase obrera y su máxima organización, la COB, entraron en descrédito ante la imposibilidad de poder dirigir al país hacia una situación de mayor estabilidad. La clase obrera dejó de ser vista como la vanguardia revolucionaria de una sociedad que requería, como nunca antes, la certeza de que un futuro mejor era posible.

Esa deslegitimación de la COB y la clase obrera amansaron las conciencias de la mayor parte de los bolivianos ante los postulados teóricos del neoliberalismo, que proponían la construcción de un modelo de participación política limitada a la esfera electoral, sin grandes sindicatos o corporaciones que influyeran sobre el rumbo del futuro del país. “Un ciudadano, un voto”, fue más o menos la consigna que nos vendieron, haciéndola pasar por democracia.

Los cambios que hemos vivido desde inicios de este siglo no hubieran sido posibles sin la intervención de grandes mayorías organizadas y movilizadas, y son éstas las que pueden evitar un retorno de la vieja derecha neoliberal. Las que rebasaron los estrechos límites de la democracia liberal para impulsar una verdadera democratización del país.

Para su neutralización los medios de comunicación han iniciado una embestida contra las organizaciones sociales y lo que representan, mostrándolas como la base de un modelo de gobierno populista y anti democrático (si es que no como corruptas y criminales), a pesar de que ninguno de los cambios y avances logrados durante los últimos años hubieran sido posibles sin la intervención de estas grandes mayorías heroicas que derrocaron al gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada.

Por ello, la advertencia debe ser puesta sobre la mesa desde ahora.

Más allá de quién sea el candidato en las próximas presidenciales las organizaciones sociales deben asegurarse de que nadie desafíe el modelo de país edificado hasta hoy.

La base de todo este cambio fueron las organizaciones sociales y solamente ellas pueden evitar, en última instancia, que la historia se repita trágicamente.

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