diciembre 3, 2020

El extraño caso Zapata

Hombres, mujeres, niños, jóvenes, viejos… hemos debido resistir y, por algún momento acaso sucumbir, al atropello discursivo de información que a más de uno dejó pasmados por la manera como llegaron los mensajes con alta carga sensacionalista que los medios se encargaron de traernos de un extraño caso que, como se ve, se oye, se murmura, ha sobrepasado los niveles de la comprensión y el análisis. Ese es el caso de Gabriela Zapata, que abre las posibilidades incluso para una obra literaria de terror.

El caso Zapata seguirá siendo una cantaleta mediática matizada con hedores de dramatismo premeditado, como tratando de llevarnos a su campo de acción para vendernos su propia verdad sin pensar que existimos muchos que no necesariamente podemos creer lo que ellos quieren. No importa si la escena sea realista u onírica. No importa si se parezca a una telenovela o a una gran premiere hollywoodesca.

Como la carga intencional pasa por lo político no nos extraña la postura que asuman los medios privados, los memes triviales de las redes sociales, como la muestra más vil y asquerosa que se vacía al público. Esos medios transmiten lo que dice que dijo, por ejemplo: “que el niño aquel se murió, pero que después aparece vivo, que después dicen que lo voy a mostrar, después dice que no aparece, en fin…”

Pasa ante nuestros ojos los capítulos íntegros de una ofensiva mediática sin precedentes y mientras soñamos con desactivarla, sin embargo, seguimos escuchando y viendo, por un lado versiones de cinco abogados que protegen a la tal Zapata, y por otro, un encendido nuevo capítulo del idilio de ésta y un ministro, con cartas, chats y otras vainas.

Es la estética de la vaciedad contada en clave de epopeya para que la creamos como si fuéramos idiotas. El manejo mediático de este último tiempo raya en una mezcla de fantasía y tragicomedia. Y sobrepasó incluso los límites de la ética periodística.

Es por eso que han tenido mucha más relevancia en todo lo dicho las declaraciones del narcoperiodista Carlos Valverde o una falsa tía de Gabriela Zapata, que las explicaciones que diera el Presidente Morales, e incluso la comprobación mediante pruebas documentales de las mentiras del caso por parte del Fiscal General del Estado Ramiro Guerrero.

Estamos al frente de un tema que no necesariamente pasa por un problema moral, de sentido puritano, ni de la moral cristiana, por eso nadie se pronuncia. La jerarquía de la Iglesia Católica ha hecho mutis y los dizque defensores de los derechos humanos, defensor del pueblo –que dicen saber mucho– también callan; la institucionalidad calla frente a algo que cada vez se afirma como un tema que afecta a la dignidad de todas las personas.

Más allá del tinte político, se mella la propia dignidad de todos quienes apostamos a la verdad y nos duele que, detrás de todo ello, se haga un montaje de lo más horrendo y despiadado de la mentira.

La lección para quienes tratan de acallar la dignidad será que ahí donde nos atropellen debamos ser fuertes. Donde somos invadidos por la falsedad y el chantaje, presentemos nuestra única carta de autenticidad, transparente, pura y sin ninguna mancha, sin el disfraz que utilizan algunos que se esconden en el poder.

El Che, apuntando a esta virtud ya nos había dicho que aquel que lucha por la verdad “debe tener una gran dosis de humanidad, una gran dosis de sentido de la justicia y de la verdad… Todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo…”.

Si estamos en una batalla de las ideas es urgente y necesario librarla con las herramientas de la verdad que, como lo estamos viendo, llegará en algún momento. ¡El que esté limpio de culpas que lance la primera piedra!


* Escritor e historiador potosino.

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