enero 10, 2022

Malas compañías

La ausencia de un trabajo político que consolide una opción verdadera para los sectores más empobrecidos a causa de las políticas de ajuste en los países de América Latina obliga, muchas veces, a realizar coaliciones electorales que, como estamos viendo últimamente, terminan en una perversa traición.

El caso de la Argentina y Paraguay se repite hoy en Brasil, donde la cabeza de la conspiración y el golpe artero proviene del segundo mandatario, ligado a los intereses del poder económico y con el arsenal mediático que prepara el escenario.

Estas malas compañías, producto de las malas alianzas, nos deben llevar a un profundo análisis de nuestra democracia interna. Para el caso boliviano hemos avanzado en algunas cosas, por ejemplo en la elección de diputados uninominales que pueden ser controlados por los electores mediante el revocatorio de mandato.

Si tenemos en cuenta que el proceso de cambio será profundizado en la medida que la descolonización se constituya en el eje de las acciones que permitan de-construir el armazón institucional del Estado liberal, debemos comenzar con la implementación de la democracia comunitaria que, como todos sabemos, constituye una democracia directa.

Podemos avanzar con los necesarios debates de una futura elección de diputados uninominales, es decir, que todos respondan por sus acciones directamente al pueblo en tanto su aprobación o revocatoria de mandato permitirá el control de las desviaciones político-ideológicas que pongan en riesgo el proceso.

Debemos estar conscientes que la arremetida del neoliberalismo expresada en la demanda de juicio político a la presidenta del Brasil, las múltiples investigaciones a la ex presidenta de la Argentina, el posible triunfo de la derecha en el Perú, la permanente amenaza de golpe en Venezuela y el hostigamiento al presidente Morales, determina un escenario muy peligroso para el futuro de la región y de los liderazgos políticos opuestos al capitalismo salvaje y a sus mecanismos de sometimiento.

Este escenario, que se presenta complejo para los gobiernos y organizaciones que plantean una revolución, es producto de una permanente despolitización de la sociedad implantada por el ajuste estructural neoliberal, que en el caso boliviano tuvo una duración de más de 20 años. Esta despolitización ha enajenado a las generaciones del 80 y 90 de todo el potencial crítico que tiene, especialmente la juventud; aquí se encuentra el poder de los medios de comunicación que instalaron modas y modos de vida que soslayaron las iniquidades económicas y sociales.

Cuando uno revisa las modas encuentra que tienen que ver con imitar la pobreza, naturalizando su existencia, así las ropas raídas y gastadas pasaron del “aparapita” a las revistas de moda exclusiva. Este fenómeno de la moda ocurre también en la política naturalizando la traición y la inutilidad de la palabra empeñada, igual los valores, que van más allá de la política, se relativizan.

El mal ejemplo de la traición se manifiesta como algo cotidiano y la anomia social da argumentos a una mala lectura y práctica de las ideas anarquistas.

Estamos a tiempo de frenar en seco las intenciones de los neoliberales de volver a tener en sus manos la región y nuestro país, estamos a tiempo de consolidar un sólido pensamiento revolucionario basado en la descolonización, porque ese es el contenido de lo que llamamos la batalla cultural, una práctica cotidiana de los valores contenidos en la filosofía del Vivir Bien.


* Escritor e historiador potosino.

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