octubre 11, 2026

Carlos Valverde la ética que no alcanza

por: Luis C. Romero 

Carlos Valverde, el periodista que hace poco provocó un sacudón político en el país al mostrar un certificado de nacimiento de un presunto hijo del presidente Evo Morales con la ex gerente comercial de la firma china CAMC, Gabriela Zapata, retrocedió en su contundente afirmación y señala que cuenta con información “seria” y “responsable” que le permite asegurar que ese menor “no existe”.

Con este último informe de Valverde, ya no podemos hablar de una novela sino de toda una crónica periodística sobre su trayectoria que no alcanza –parafraseándolo por su columna en El Deber– con abundante caldo de especulaciones que maneja en sus dizques investigaciones. Lo grave es que el periodismo nacional e internacional se alimentó de esa información de manera persistente durante el último tiempo.

El periodismo debería asumir la lección de Valverde con sensatez y mucho cuidado porque cuando éste dice: “tengo la información de que el hijo de Evo Morales con Gabriela Zapata efectivamente no habría nacido. Que existe un niño, existe un niño, de acuerdo a la información seria que tengo, pero ese niño no es hijo de Gabriela Zapata ni de Evo Morales, peor de los dos”.

También afirmó que: “Gabriela Zapata estuvo usando a ese chico como si fuera su hijo, presentándolo como si fuera su hijo”; el mismo que el 3 de febrero había mostrado el certificado de nacimiento e insinuó que el Jefe de Estado cometió tráfico de influencias perdió cualquier nivel de credibilidad en lo que trata de afirmar.

La declaración la hizo una semana después de que la Juez Segundo de la Niñez y Adolescencia de La Paz, Jacqueline Rada, declarara improbada una demanda por violencia psicológica de Morales contra Zapata, debido a la “inexistencia física comprobada del niño”.

“Ese niño no existe”, insistió Valverde y luego insinuó (sin mencionar el nombre) que la mujer que se identificó como su tía, Pilar Guzmán, sería la abuela del menor que presentó Zapata en una audiencia reservada. Posteriormente aclaró: “Hablé con la tía; no es su nieto. Esta parte no va, lo demás es correcto”.

Hasta ahí ese episodio al que una gran mayoría de los bolivianos nos sometimos hasta llegar al extremo de calificar como una novela que no sabíamos si tenía fin. Está claro que esa “operación psicológica” tuvo el objetivo de desgastar y dañar la dignidad del presidente Evo Morales para bajarle popularidad en el referéndum del 21F.

Lo que está sucediendo en las últimas horas confirma lo que Evo Morales y el Gobierno han enfrentado en los últimos meses, la estrategia quizás más perversa y un golpe político, externo e interno, de la derecha más radical, más duro que el que se enfrentó en los últimos años, incluso en 2008 y 2009.

Morales enfrentó un ataque calificado de “cuarta generación”, donde la ocupación de la mente es lo más importante para romper lazos emocionales en la población. En este caso el objetivo fue la desestructuración emocional del campo de la revolución, poner en duda la autoridad política y moral de quien la dirige. Y en este escenario que se presenta complejo, actuaron no sólo los opositores sino periodistas, jinetes del apocalipsis, escondidos en sus propios medios de comunicación, que encontraron el poder en estos medios y creyeron estar al amparo de los que creen que los protegen, como son los líderes de la oposición.

Estamos a tiempo para frenar en seco las intenciones de esa nueva camada de pseudoperiodistas que, con Amalia Pando a la cabeza, siguen el libreto del propio Valverde y, en su caso, empeñada en sacar otras mentiras de Gabriela Zapata. En esta línea no faltan los comedidos que desde ANF con Mery Vaca y el radical pasquín paceño Página Siete, del pro chileno Raúl Peñaranda, se constituyen en la nueva vocería opositora a cambio de ganarse indulgencias de la derecha.

Aún podemos derrotar la estrategia de quienes tratan de imponer un sólo pensamiento, empeñado en desgastar la imagen de un presidente que resiste al igual que el 2008 otra embestida de golpes suaves internos. Estamos convencidos que esa estrategia perversa empieza a derrumbarse porque solamente tenía ese objetivo y no pasará.


* Comunicador boliviano para América Latina y El Caribe.

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