enero 17, 2022

¿Política racional?: Reflexiones a partir de una posible naturaleza humana

por: Esther E. Calderón Zárate 

A partir de las ideas de Marx se podría considerar a la política como actividad transformadora, capaz de responder a las necesidades del género humano en sí.

La reflexión básica de la antropología filosófica gira en torno al carácter de la naturaleza humana. Al respecto, como sabemos, existe una amplia gama de visiones culturales e interpretaciones históricas. En el presente artículo realizaremos un análisis de dos tendencias filosóficas e ideológicas en torno a la naturaleza humana: el espíritu del renacimiento manifestado en El príncipe, obra célebre de Maquiavelo; y el materialismo marxista extraído de los Manuscritos económico filosóficos de Marx.

En la obra de Maquiavelo se puede observar la construcción antropológica de una naturaleza humana en un doble dualismo. Es decir, el hombre sería por un lado, racional y “animal”; y por el otro pertenecería al pueblo o a los grandes (los gobernantes). La repercusión de tal concepción se traduce en la propuesta de un absolutismo político, direccionado solamente a mantener el poder a través del apoyo del pueblo.

Los manuscritos de Marx muestran una superación de las dicotomías esbozadas por Maquiavelo, pues buscan dar a conocer un ser humano distinto. Se plantea al hombre como un ser genérico, capaz de priorizar a su propio género antes que a él mismo. A partir de las ideas de Marx se podría considerar a la política como actividad transformadora, capaz de responder a las necesidades del género humano en sí.

El objetivo central de esta reflexión radica en comprender la influencia directa de las construcciones filosófico-antropológicas en el accionar político. Es decir, un pensamiento que gira en torno al individualismo, producirá una concepción egoísta del ser humano y acciones políticas encaminadas a la consecución de intereses personales o sectoriales. Sin embargo, un pensamiento que toma en consideración al otro, a los otros, comprendería una naturaleza humana no egoísta y capaz de construir proyectos políticos comunes para la humanidad.

Implicaciones políticas de una humanidad compleja y dual

Desde la filosofía política, Nicolás Maquiavelo plantea una naturaleza humana dual: racional y “animal”, “bestial”. EnEl príncipe, afirma: “[…] hay dos modalidades de combate: con las leyes, uno; con la fuerza, el otro. La primera es propia del hombre, la segunda de las bestias; mas al no ser a menudo suficiente el primero, es menester recurrir al segundo. Un príncipe debe saber usar bien de la bestia y del hombre […], debe saber hacer uso de una y otra naturaleza, ya que la una no dura sin la otra” [1]. ¿Cómo son los seres humanos? Maquiavelo afirma: “cabe en general decir que son ingratos, volubles, falsos, cobardes y codiciosos” [2]. Sin embargo, también señala que el príncipe, como los demás hombres, podría ser liberal o tacaño, clemente o cruel, leal o traidor, etc., y si todo fuese cuestión de preferencia prevalecería la primera opción [3]. Aparentemente Maquiavelo descubre esta dualidad en el comportamiento del propio pueblo, hablando, correctamente, del hombre.

Evidentemente, este pensador florentino profundiza en la bestialidad humana, aconsejando al príncipe “ser zorro para conocer las trampas y león para amedrentar a los lobos”. Esto produce una primera consecuencia política que sería la creación de discursos políticos emotivos y no prácticos. Así, en torno a la disyuntiva de cumplir u olvidar las promesas, se reafirma una parte de su visión de la naturaleza humana: “[…] Si los hombres fuesen todos buenos, precepto semejante no sería recto, pero dado que son malvados y no la mantendrían contigo (la promesa), tampoco tú tienes por qué respetarla con ellos” [4]. Pero no sólo se plantea un precepto político sino un consejo moral: haz el bien siempre que puedas, pero no vaciles en hacer el mal si es necesario. Utiliza la ley (la razón) sin olvidar la fuerza (bestialidad) [5].

Desde el pensamiento de Maquiavelo, entre los seres humanos se produce una segunda división: el pueblo y los grandes [6]. De este doble dualismo antropológico, deriva una segunda consecuencia importante para el orden político. Se plantea un gobernante absoluto en función a dos problemas que derivan del doble dualismo: 1) la existencia de la maldad; y 2) la naturaleza elitista de lo político (al igual la concepción de Thomas Hobbes).

Los argumentos pro-absolutistas son claros. Se plantea un gobernante no exonerado de las tareas de lo humano, que aunque posea en grado excelso algunas de las cualidades más sobresalientes de la humanidad, éstas sólo le sirven de título para ejercer el poder político, y en ningún caso lo coronan como encarnación moral de la sociedad. Entonces, desde esta concepción de la naturaleza humana es imposible pensar en otra forma de gobierno más allá del monarca absoluto, que menosprecia y se aleja de la sociedad (del “vulgo”, como diría Maquiavelo).

El significado político del hombre como un ser genérico desde Marx

En sus Manuscritos económico filosóficos, Marx presenta una visión más compleja sobre el ser humano a partir de un análisis crítico del modo de producción capitalista. Se analiza la razón por la cual los trabajadores obreros viven y trabajan de forma enajenada [7]. Marx destaca los aspectos positivos de la naturaleza humana, insinuando que tales capacidades pueden atrofiarse hasta convertirse en su propia destrucción. En la sociedad capitalista, los seres humanos se han convertido en seres enajenados. Superando esta enajenación, el hombre podría desarrollar y potenciar mucho mejor sus cualidades y desplegarlas en armonía con las de otros seres humanos.

Las ideas de Marx tienen una visión antropológica distinta a la de los economistas clásicos como Adam Smith, que afirma que el ser humano es esencialmente egoísta. Desde Marx, el ser humano, como ser genérico, pone siempre como más importante al género, a la naturaleza, antes que a él mismo: “El hombre es un ser genérico no sólo porque en la teoría y en la práctica toma como objeto suyo el género, tanto el suyo propio como el de las demás cosas, sino también, y esto no es más que otra expresión para lo mismo, porque se relaciona consigo mismo como el género actual, viviente, porque se relaciona consigo mismo como un ser universal y por eso libre” [8].

Las condiciones objetivas de existencia no justifican la tendencia humana hacia el mal. Entonces, el ser humano no es de naturaleza egoísta (eternamente), pero se puede volver egoísta. Así, la naturaleza humana sería algo transformable y no puramente estática. Aquí es importante la relación que se hace con el trabajo. Desde la perspectiva de Marx, el ser humano tiene una idea previa de lo que hace, no se mueve por instinto. El trabajo humano nunca es completamente mecánico. Se destaca la facultad subjetiva mental del ser humano en contra de una naturaleza instintiva y bestial. La libertad del hombre no significa “hacer lo que quiere” sino que radica en su capacidad de proponerse metas y objetivos.

Desde esta visión se transforma la forma de concebir a la política. La política podría ir más allá de las leyes y de las armas, o de la separación entre el pueblo y los grandes. Cuando el hombre tiene la capacidad de anteponer al género la política deja de ser un arma individual y se convierte en una lucha para la construcción colectiva. Desde Maquiavelo la política implicaba la permanencia de un statu quo político a partir de medios tradicionales y poco creativos (o bestiales) afirmando una naturaleza humana impredecible, que oscila entre lo racional y lo instintivo. Pero, desde la visión del hombre de Marx la política se redefine como una actividad transformadora, capaz de mejorar las condiciones de existencia de la colectividad.

Probablemente esta última visión pone sobre la mesa dos consecuencias del pensar: 1) el pensamiento puramente individualista (El príncipe), que conduce a construir una naturaleza humana y un accionar político del mismo carácter; 2) el pensamiento que considera a la humanidad (y no gira en torno al individuo solo), que puede comprender el potencial creador humano y la política como transformación a partir de la acción colectiva (como sucede con Marx).

Puntualizaciones para la reflexión

● Maquiavelo plantea una reflexión antropológica entorno a una doble dualidad humana. El ser humano es concebido como un ser racional y “bestial”, y que pertenece al vulgo o a la élite gobernante. El hombre racional combate con leyes y el bestial con armas. El gobernante debe regirse según su propia moral y crear una moral para ordenar al pueblo.

● La primera consecuencia política de la visión maquiavélica del hombre es la elaboración de una política ampliamente discursiva, emotiva, no práctica, pero que conduce al absolutismo político. Así, se sugiere al príncipe no cumplir con sus promesas y se reafirma el imperativo moral de hacer el bien siempre que sea posible y no vacilar en hacer el mal si es necesario.

● La influencia de la visión antropológica en la construcción política es inevitable. De ahí que se plantea un gobernante absoluto capaz de prever las dificultades traídas por la existencia de la maldad y, dispuesto a preservar una política de élite. El monarca no debe preocuparse por su sociedad, sino por la conservación del poder político.

● Desde Marx, el ser humano, como ser genérico, pone siempre como más importante al género, a la naturaleza, antes que a él mismo. Las condiciones objetivas de existencia no justifican la tendencia humana hacia el mal. Entonces, el ser humano no es de naturaleza egoísta (eternamente), pero se puede volver egoísta.

● La naturaleza humana es transformable y no puramente estática, al igual que el ser humano que no es mecánico. En el hombre se destaca la facultad subjetiva mental del ser humano en contra de una naturaleza instintiva y bestial. El hombre como ser libre tiene la capacidad de proponerse metas y objetivos.

● Cuando el hombre tiene la capacidad de anteponer al género la política deja de ser un arma individual y se convierte en una lucha para la construcción colectiva. Desde la visión del hombre de Marx la política se redefine como una actividad transformadora, capaz de mejorar las condiciones de existencia de la colectividad.

● El pensamiento puramente individualista conduce a construir una naturaleza humana y un accionar político del mismo carácter. Pero, el pensamiento que considera a la humanidad puede comprender el potencial creador humano, supremo y peculiar, y la política como transformación a partir de la acción colectiva.

Bibliografía

● HERMOSA ANDÚJAR, Antonio.

“El príncipe y las leyes de la política”. Editorial Prometeo. Buenos Aires, 2006.

● MAQUIAVELO, Nicolás.

El príncipe. Trad. Antonio Hermosa Andújar. Editorial Prometeo. Buenos Aires, 2006.

● MARX, Karl.

Manuscritos económico filosóficos de 1844. Versión digital. Disponible en la página web: http://www.vive.gob.ve/archivos/textos/manuscritosecon%F3micos.pdf


* Politóloga y representante de la Comunidad Crítica Creativa.

1 Véase de Nicolás Maquiavelo, El príncipe, p. 118.

2 Ídem. Maquiavelo, p. 116.

3 Ídem. Maquiavelo, p. 110-111.

4 Ídem. Maquiavelo, p. 118.

5 Ídem. Maquiavelo, p. 119.

6 Cfr. de Antonio Hermosa Andújar, “El príncipe y las leyes de la política”, p. 15.

7 Cfr. de Karl Marx, Manuscritos económico filosóficos, pp. 33-42.

8 Ídem. Marx, p. 37.

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