por: José Galindo
La declaración de jefes de la oposición política –todos figuras conocidas- no dice nada nuevo de lo que dijeron todos estos años. La foto no provocó el efecto que esperaban, pero lo que hay que definir si este es un nuevo momento de la oposición y cuál su perspectiva.
El anuncio de la conformación de un nuevo bloque de coordinación de prominentes figuras opositoras al MAS debe ser analizado históricamente. ¿Se trata de un nuevo momento en la vida de los detractores de Morales o es solamente otro intento de acción destinado al fracaso? No es la primera vez que miembros de la oposición logran ponerse de acuerdo en algo, aunque nadie puede negar que este no es el mejor momento del oficialismo. Los actores, los contextos, los discursos y las reglas de juego han cambiado desde 2005, incluso a nivel internacional.
Articulación
Luego de la victoria de Morales en las elecciones generales de 2005 los sobrevivientes del sistema de partidos que implosionó durante la crisis de Estado de principios de este siglo se atrincheraron en dos espacios: en frentes partidarios conformados improvisadamente como Poder Democrático y Social (PODEMOS) y Unidad Nacional (UN) que actuaban desde el Legislativo y, por otra parte, en los gobiernos sub nacionales de la región oriental de Bolivia, específicamente de los departamentos de Pando, Beni, Santa Cruz y Tarija, a los que luego se sumarían incluso La Paz y Cochabamba.
Ambas oposiciones se encontraban desorientadas durante los primeros meses de 2006, con una oposición regional que aún no había tensado completamente sus relaciones con el gobierno central y una oposición parlamentaria sin un discurso definido ni propuesta programática. Sólo después de la convocatoria a la realización de la Asamblea Constituyente, la oposición regional termina asumiendo de forma coordinada la defensa y promoción de las autonomías departamentales como primera fórmula política de movilización (a la que luego se sumaría temporalmente la reivindicación de Sucre como capital política del Estado), mientras que la oposición parlamentaria tendría un protagonismo más bien secundario.
Guerra de posiciones
Desde el inicio de la Asamblea Constituyente la relación entre el oficialismo y aquellas dos oposiciones se hace abiertamente antagónica, girando alrededor de los mecanismos de votación en este espacio (la batalla por los dos tercios) y la capitalía de Sucre, expresándose de forma violenta sólo en contadas ocasiones, como noviembre de 2007 en Cochabamba (La Calancha) o mayo de 2008 (humillación de campesinos en Sucre).
En este periodo que va de agosto de 2006 hasta mayo de 2008 las dos oposiciones comienzan a coordinar algunos movimientos como la demanda conjunta por los dos tercios y el apoyo logístico y partidario en los referendos autonómicos de 2007 y 2008. Su oposición, por lo tanto, se mantiene dentro del orden institucional de la sociedad boliviana, con brotes de violencia esporádicos.
Periodo de conflictividad abierta
Es solamente después del referendo revocatorio de agosto de 2008 que ambas oposiciones, esta vez organizadas en los que luego se llamaría el bloque parlamentario-cívico-prefectural, adquieren la conciencia de que sus posibilidades de derrotar a Morales y el MAS en el marco de la institucionalidad formal del Estado son escasas. El revocatorio es un hito, no solamente porque elimina del escenario político a dos miembros importantes del bloque regional (Cossio y Paredes) sino porque hace patente esta realidad: no es posible ganarle al MAS en las urnas.
Por lo que ponen en marcha estrategias de lucha política violentas y no democráticas que desembocan, finalmente, en el intento de golpe de Estado de septiembre de 2008 y la coordinación con agrupaciones terroristas extranjeras (caso Rozsa). Ambas estrategias demuestran ser totalmente contraproducentes y terminan con la derrota y dispersión del bloque parlamentario-cívico-prefectural.
Dos hechos son relevantes en este corto periodo que va de agosto a diciembre de 2008: el primero es que el bloque opositor logra organizarse con un nivel relativo de éxito en lo que se llamó el Consejo Nacional por la Democracia (CONALDE), que le permite influir en el texto constitucional que se encontraba en el Legislativo; el segundo hecho es que se trata de uno de los pocos momentos donde se hace observable la injerencia estadounidense en asuntos nacionales con la reunión que el entonces embajador Phillip Goldberg sostiene con los miembros de la oposición cívico prefectural.
Dispersión
La derrota del intento de golpe de Estado de septiembre de 2008 y la revelación de un complot que involucraba a la oposición regional con organizaciones terroristas extranjeras conduce a una derrota del bloque opositor en su conjunto en las elecciones generales de 2009. En este momento dos hechos deben ser notados: el bloque opositor se divide, con la oposición legislativa distanciándose de la oposición regional, y la oposición regional dispersándose tanto política como organizacionalmente. Varios miembros de su dirigencia escapan del país o son arrestados por su participación en el intento de golpe de Estado –llamado golpe cívico-prefectural por el oficialismo- o su relación con la célula terrorista de Rozsa.
Este periodo se extiende desde octubre de 2008 hasta junio de 2011. Se caracteriza por la mencionada división y dispersión del bloque opositor a Morales, por la conformación de nuevos frentes partidarios de carácter improvisado como Convergencia Nacional (CN) y por una aparente hegemonía del MAS en el escenario político nacional. La oposición entra en una crisis existencial donde es notable no sólo su falta de programa sino su falta de iniciativa política. También es notable la desactivación del clivaje regional en la vida política del país. Es decir, las autonomías dejan de ser útiles como bandera política.
Resistencia
Entre diciembre de 2011 y diciembre de 2014 la oposición política a Morales se limita a aprovechar los errores en los que incurre el MAS como partido de gobierno, tratando de articular alianzas con organizaciones sociales inicialmente afines al MAS pero descontentas en determinados momentos, como sucedió durante el gasolinazo en vísperas del año nuevo 2011 y la coyuntura TIPNIS. Su éxito es discutible. El vicepresidente Linera indica que se trata de un momento de “tensiones creativas” dentro de la revolución democrática cultural, con contradicciones internas del bloque oficialista no antagónicas. Sea como sea, la oposición política, conformada sólo por una parte de las dos viejas oposiciones iniciales, se encuentra en su peor momento.
Todo esto se hace visible en las elecciones generales de diciembre de 2014, cuando el oficialismo logra repostular a Morales, que vence en estos comicios superando incluso la votación obtenida en las elecciones de diciembre de 2005. Se puede anotar, marginalmente, que aunque la oposición política partidaria se encuentra casi completamente dominada en este momento, la oposición mediática y ciudadana comienza a despuntar como un nuevo reto para el presidente Morales, logrando efectos más contundentes que los alcanzados por la oposición atrincherada en el legislativo.
¿Rearticulación?
Febrero de 2016 es un nuevo hito a todas luces, porque es en este momento cuando el MAS deja de ser imbatible en las urnas. La derrota del referendo del 21F es a la vez causa y efecto de una nueva emergencia opositora, posiblemente provocada por un conjunto de errores cometidos por el MAS y una persistente campaña mediática legítima dentro del marco de una democracia, pero claramente ágil y agresiva. Los medios de comunicación, hoy más que nunca, representan un verdadero factor de poder que influye directamente sobre las reglas de juego de la lucha política dentro y fuera del país.
Aunque las encuestas de aprobación a la gestión de Morales siempre han sido fluctuantes y no son muy útiles para evaluar el verdadero estado de legitimidad del MAS, se hace observable no sólo un agotamiento de la imagen de Morales ante la opinión pública, sino un agotamiento ya no de la coalición opositora sino de la coalición gobernante, con las organizaciones sociales del Pacto de Unidad entrampadas en la pasividad orgánica y deslegitimadas ante la clase media por supuestos actos de corrupción amplificados mediáticamente, tal como sucedió con el caso del Fondo Indígena.
Es en este contexto y tomando en cuenta esta historia que debemos analizar la conformación de este supuesto nuevo bloque opositor, que se caracteriza por aglutinar solamente a los líderes más prominentes de la oposición a Morales, apoyados por medios de comunicación cuyas líneas editoriales son mayormente contrarias al gobierno del MAS y cuya estrategia definida y reconocida es evitar una repostulación del presidente.
Se mueven en un nuevo momento, no tan favorable al MAS como en el pasado, en un nuevo escenario de lucha caracterizado por la primacía de las redes sociales y los medios de comunicación. Lo cierto es que su estrategia de lucha se dará dentro de los márgenes de la institucionalidad formal e informal del Estado, apuntando sobre todo a las elecciones de 2019.
Los discursos de los actores políticos también se han desarrollado de acuerdo a esta coyuntura. Mientras al principio del gobierno de Morales en 2005 era innegable un componente conservador y racista entre los miembros de la oposición, para luego centrarse en un supuesto autoritarismo por parte del gobierno central, hoy en día la corrupción y la ineficiencia son las principales acusaciones que esta oposición levanta contra el MAS y las organizaciones sociales que lo apoyan. Aún está ausente, no obstante, una agenda programática para el país por parte de esta oposición a Morales, aunque también se podría extender esta crítica al oficialismo, luego de la consumación de la nacionalización de los hidrocarburos y la promulgación de un nuevo texto constitucional.
Todos los anteriores hitos de la oposición boliviana y su grado de incidencia en la coyuntura y modificación de las relaciones de fuerza deben servir para definir con mayor objetividad si la derecha está en un nuevo momento con perspectivas o ante un nuevo intento de articulación que no tiene futuro. Lo que sí es evidente es que en lo fundamental siguen siendo los mismos rostros que el país conoce y rechazo en 2005.
Como anotación final debe señalarse que no es solamente el contexto doméstico el que se ha transformado radicalmente desde 2005, sino también el internacional, con la desaparición o debilitamiento de gobiernos progresistas en la región latinoamericana que en otro momento constituyeron aliados importantes para el gobierno del MAS, como Venezuela, Brasil y Argentina, cuyo apoyo fue crítico para el gobierno de Morales en determinados momentos, como sucedió durante la crisis del intento de golpe de Estado de septiembre de 2008.
* Estudiante de ciencia política en la UMSS.


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