abril 15, 2026

Los desafíos de la economía boliviana

por: Eduardo Paz Rada

Hace pocos días un grupo de expertos economistas neoliberales, algunos de ellos empleados del sistema gonista en el pasado, se han reunido en un hotel céntrico de La Paz para analizar la situación económica de Bolivia, plantearon que era necesario hacer devaluaciones de la moneda, que existen riesgo e incertidumbre y que las políticas del gobierno eran erráticas. Inmediatamente los medios de comunicación del “cartel de la mentira” dieron una amplia cobertura y los sectores de oposición aplaudieron esas declaraciones.

Desde hace varios años se repite ese discurso de que la crisis está encima de la economía boliviana y que se ha terminado el periodo de auge de los precios de las materias primas que el país exporta lo que da estabilidad y crecimiento. Si bien es cierto que la economía capitalista central está en una tremenda crisis por las políticas de austeridad impuestas por los intereses del sector financiero y bancario y por el avance del poderío chino, entre otros aspectos, es también evidente que la recuperación y nacionalización de las empresas estatales y de los excedentes en Bolivia junto a la redistribución de la riqueza han significado un impulso importante a las actividades productivas, comerciales y de servicios.

La importancia de haber recuperado la soberanía y la dignidad en las decisiones internas ha sido acompañada con el fortalecimiento del Estado como protagonista central de los procesos económicos (de solamente una participación en el 6% en 2005 ha pasado al 35% en 2016) y de convertirse en una fuerza motora que impulsa a otros sectores y regiones en el desarrollo de sus actividades. No son solamente el gobierno central, sino las gobernaciones y los municipios, así como los privados, los que aportan con inversión en proyectos productivos, infraestructura, salud, educación y otros rubros.

Asimismo, durante una década ha sido constante el incremento salarial, la subida del salario mínimo y la distribución de bonos a ancianos, mujeres embarazadas y niños y jóvenes que estudian, y la estabilidad monetaria inamovible ha dado tranquilidad a los que tienen una renta de jubilación, un ingreso determinado o realizan pequeños negocios y emprendimientos de diverso tipo. El movimiento de recursos en los mercados y supermercados, en los bares y restaurantes, en los viajes, en el transporte, en el comercio, en la compra-venta de vehículos, en la construcción y las transacciones de inmuebles es sorprendente e inclusive con el exceso peligroso del consumismo y gasto dispendioso.

Es también evidente que sectores empresariales como el bancario y financiero, el de las transnacionales petroleras y mineras, de los terratenientes soyeros del oriente, de los grandes comerciantes, entre otros, han conseguido y acumulado grandes ganancias, al igual que los nuevos sectores de ricos populares con el comercio, el contrabando, la coca, el transporte y los talleres manufactureros.

El proceso de industrialización del gas con plantas de fertilizantes y plásticos, los proyectos del litio y del hierro y de las plantas hidroeléctricas son estratégicos para el futuro. Sin embargo, aún quedan pendientes acciones de proteccionismo a la industria y la manufactura, de defensa y crecimiento del mercado interno, de revolución de la producción de alimentos con una agricultura campesina y no transnacional de exportación, de enfrentar el contrabando y la especulación y de impulsar el incremento de empleo permanente, bien remunerado y digno, defendiendo los derechos de los trabajadores. 


 *     Sociólogo boliviano y docente de la UMSA. Escribe en publicaciones de Bolivia y América Latina.

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