diciembre 3, 2021

Los indígenas y la independencia detrás de la historia


Por Patricia Montaño Durán-.


La historia de Bolivia, hasta antes de la llegada de Evo Morales al gobierno, siempre fue parcialmente contada. A trece años del proceso de cambio, es posible tener una idea más precisa.

La creación de Bolivia no solo fue producto de dieciséis años de guerra de 1809 a 1825. Hay mucho más detrás de esta historia. Decenas de levantamientos indígenas contra los opresores en los siglos XVI y XVII, que alcanzaron su punto más alto en 1781 con el gran levantamiento articulado en un área geográfica enorme y dirigido por Túpaj Amaru en el Cusco, Túpaj Katari en La Paz, Tomás Katari y sus primos Dámaso y Nicolás Katari, en Chayanta; que hizo temblar fuertemente las estructuras coloniales.

Los líderes indígenas sacrificaron la vida por la libertad que llegó a medias en 1825 con la creación de la república de Bolivia. La creación de la República, no liberó a los indígenas, a las grandes mayorías que siguieron sometidas, discriminadas y explotadas. Tuvieron que pasar dos siglos, desde la lucha de Túpak Katari, para que los indígenas tengan derechos en esta tierra, que hoy se llama Bolivia.

En 1809 sobrevinieron en Charcas y La Paz las primeras revoluciones de Hispanoamérica. La Paz, fue la primera ciudad en instaurar un gobierno independiente denominado Junta Tuitiva, que tuvo una forma de Constitución con su Plan de Gobierno. Pero lo más importante, es que dos tercios de la población paceña apoyaron públicamente ese primer gobierno que pagó su deseo de libertad con la sangre de los protomártires. Los nombres de Pedro Domingo Murillo, Gregorio García Lanza, José Antonio Medina, Buenaventura Bueno, Juan Bautista Sagárnaga, Antonio Figueroa, Melchor Jiménez, Apolinar Jaén, Mariano Graneros, Basilio Catacora, Victorio García Lanza, Simona Manzaneza y Vicenta Juaristi Eguino, entre muchos otros, deben estar escritos con letras de oro en esta historia.

Pese al feroz escarmiento, los sobrevivientes siguieron luchando, muchos apoyaron a los cuatro ejércitos auxiliares argentinos que llegaron desde 1811.

El proceso en busca de la independencia continuó con lo que algunos historiadores llaman republiquetas y otros guerrillas, que durante largos años combatieron de forma separada, aunque articulada, contra el enemigo común: el opresor colonial.

La guerra de guerrillas, se aplicó con cierto éxito en el territorio de la Audiencia de Charcas durante la Guerra de la Independencia. Muchos fueron los hombres y las mujeres que participaron en las filas guerrilleras que tuvieron en jaque al ejército realista.

El P. Ildefonso de las Muñecas dirigió la republiqueta de Larecaja, Vicente Camargo combatió en el valle de Cinti, Manuel Ascencio Padilla y Juana Azurduy lideraron la republiqueta de La Laguna, Ignacio Warnes la de Santa Cruz, Juan Antonio Álvarez de Arenales dirigió la de Vallegrande y Eusebio Lira, José Manuel Chinchilla y José Miguel Lanza, comandaron sucesivamente la célebre republiqueta de Ayopaya.

La buena voluntad de Bolívar

Sin embargo, fueron los libertadores Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, quienes en 1825 sellaron la liberación de Bolivia.

Cuando el Mcal. Antonio José de Sucre venció en la batalla de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824, selló el final del dominio español en el continente y la libertad del extenso territorio de la Audiencia de Charcas. En 1825, el Congreso Deliberante, decidió, crear una república independiente del Perú y de Argentina que se denominó Bolivia, en homenaje al Libertador.

Como primer presidente, Bolívar quiso eliminar el sistema colonial y echar las bases del nuevo Estado independiente. Dictó decretos repartiendo las tierras y prohibió que se exija a los indígenas trabajos gratuitos. Eliminó el tributo indígena y estableció la contribución de todos los “ciudadanos”. No obstante, las buenas intenciones del Libertador no llegaron a plasmarse. La distribución de las tierras no se pudo realizar por múltiples inconvenientes, como la falta de un censo, de planos territoriales y demás elementos para hacer posible una reforma agraria.

La eliminación del tributo indígena tampoco pudo llevarse a cabo. Uno de los factores fue la resistencia ocasionada por la contribución personal en que blancos y mestizos veían disimulado el antiguo “tributo” colonial que pesaba sobre los indígenas. Les parecía mal que los nuevos gobernantes trataran de generalizar esa carga considerada vergonzosa.

Pese a la buena voluntad de Bolívar de abolir el tributo indígena, el decreto respectivo tuvo que derogarse en tiempos de Sucre, pues la economía se sustentaba con ese aporte y el Fisco era tan pobre que hubiera caído en la bancarrota si se le privaba de su renta más importante.

Posteriormente, los gobiernos republicanos ignoraron completamente la idea de Bolívar de eliminar el tributo indígena. Según el historiador Hans Huber, la gran mayoría del país, la población indígena, no tuvo voz ni voto directo dentro de la formulación del proyecto de la república, pero fue su sustento. A tal punto, que el Estado republicano vivió principalmente del sector indígena.

En el siglo XIX el Estado despojó a los indígenas de sus tierras. El ataque más sistemático para abolir los ayllus se dio con la Ley de Exvinculación de 1874 que propuso la “revisita”. La futura oligarquía minero-terrateniente se vio favorecida por esa Ley. La resistencia de los ayllus frente a este intento de llevarles a la extinción definitiva siguió durante veinte años. Al final se desató Guerra Federal de 1899, que terminó en una guerra frontal entre criollos, y en la que Zárate Willka participó con su ejército indígena, pero que en nada les favoreció.

En 1952, el MNR realizó cuatro grandes procesos que fueron la nacionalización de las minas, la reforma agraria, el voto universal y la reforma educativa, que tuvieron un efecto en democratizar la sociedad y modernizar el país. Sin embargo, pronto, el MNR abandonó la causa revolucionaria y se sometió al imperio, aceptando su “ayuda” a cambio de entregar el petróleo, con la aprobación del código Davenport en 1956.

Entre 1985-2005, Bolivia vivió el periodo neoliberal, de absoluto sometimiento al imperio, una etapa nefasta en que con la famosa Capitalización, se entregó nuestros recursos naturales y empresas estratégicas a las transnacionales y en que los gobiernos vivían de la limosna externa. La pobreza campeó en el campo y en las ciudades y Bolivia era uno de los países más pobres del continente.

Octubre de 2003 fue un año clave para finalizar esta etapa neoliberal. El pueblo se levantó contra el saqueo y echó a su principal responsable, el nefasto Gonzalo Sánchez de Lozada, quien fugó a EE.UU.

Evo Morales, el Túpaj Katari victorioso

Y así fue cómo en las elecciones de 2005 el pueblo votó por Evo Morales, eligiéndolo Presidente por una abrumadora mayoría. El 22 de enero de 2006, comenzó una nueva era para Bolivia, en que un país entero lloró de emoción al ver a un indígena campesino, ser posesionado como jefe de Estado. Comenzó una travesía que incluyó como principal medida económica la nacionalización de los hidrocarburos y de otros recursos naturales, así como la recuperación de las más importantes y rentables empresas estatales. Por fin Bolivia recuperó su soberanía y dignidad y se ganó el respeto de los pueblos del mundo.

Doce años después, se puede apreciar una Bolivia nueva. El principal cambio es económico, ahora hay 3 millones de bolivianos que ya no están en la miseria. No se puede dejar de mencionar que cuando antes se mendigaban recursos para “refaccionar” algunas escuelas o se esperaban donaciones para implementar alguna ley, ahora surgen en el campo edificaciones dignas y apropiadas para fines pedagógicos, igual caminos, infraestructura energética, incremento en ítems en salud y educación, y un largo etcétera.

El avance social también es indiscutible, por primera vez hay respeto para los indígenas, para la gente del campo, para las señoras de pollera. Ahora las leyes ya no se hacen en EE.UU., las hacen bolivianos para los bolivianos.

Es muy importante la inclusión social de esta Revolución Democrática y Cultural, que recuerda que los indígenas fueron incluyentes a lo largo de la historia. Como el mismo Evo rememoró: Túpaj Katari proponía que se organicen ayllus en la ciudad y Zárate Willka hablaba de la alianza con los blancos sanos. Atrás quedó el racismo y la discriminación, tal vez no completamente, pero el avance es indiscutible y los bolivianos ya no podemos imaginar un gobierno sin indígenas. El líder de esta epopeya es Evo Morales, es el Túpaj Katari victorioso.

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