octubre 30, 2020

Las geografías del pensamiento de izquierda mundial


Por María Jesús Ramos Mendieta *-. 


Cartografiar las corrientes políticas que influyen en discusiones a nivel mundial puede orientarnos en nuestra búsqueda de respuestas –y también de preguntas- a nivel nacional. Es como pensar en un campo de batalla de las ideas que trasciende lo nacional, que trasciende a las naciones, en una suerte de geopolítica del pensamiento que incluye preguntas que nos hacemos acá en Bolivia pero también en el resto del mundo: preguntas relacionadas al uso de las redes sociales, la planificación del desarrollo, la democracia, dónde ésta ahora el campo político, la conservación del medio ambiente y de nuestros bosques, etc.


El pasado martes 28 de agosto se realizo en La Paz, Bolivia, la conferencia magistral “Geografía del pensamiento de izquierda mundial”, dictada por Razmig Kuecheyan, PHD en Filosofía, y comentada por el Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera.

La conferencia partió de la obra “Hemisferio de izquierda” del intelectual invitado, la misma que se dividió en tres partes; primero, una reflexión sobre el contexto del denominado “Hemisferio de izquierda” luego de la derrota del pensamiento crítico; la segunda parte, donde se busca brindar una descripción del sistema mundial y sus componentes, como Estado-Nación, Imperialismo, Capitalismo cognitivo, multitudes, etc.- tomando como base categorías y conceptos de Michael Hardt y Toni Negri; y la tercera parte, donde se busca identificar al sujeto dentro activo dentro del sistema, que es el centro de los procesos que generan fuerza para la transformación como los hechos democráticos, las corrientes feministas, la lucha entre clases y los conflictos entres las diferentes entidades que pugnan en el sistema – mundo.

“Hemisferio de izquierda”, de Razmig Kuecheyan

El estudio Razmig Kuecheyan busca dibujar un mapa geográfico intelectual que nos oriente en la búsqueda de un pensamiento de izquierdas a través del estudio del panorama general de los pensamientos críticos, conceptos, y categorías desarrolladas por la izquierda en las últimas décadas. Trata de resumir, sistematizar, organizar, categorizar y, en otras palabras, ordenar, todo lo que se haya pensado y hecho desde la izquierda desde las últimas décadas.

La obra busca abrir el debate sobre problemáticas sociales actuales que impulsan disputas políticas el día de hoy; problemas como la conservación del medio ambiente, la apertura o rechazo a la migración internacional, la desnuclearización, la globalización/ desglobalización del mercado mundial, el uso de las nuevas tecnologías para fortalecer o debilitar la democracia, los derechos de los pueblos indígenas, etc. Problemas que nos remiten a ideas, conceptos y causas que son usadas como banderas por partidos, movimientos sociales y personas de a pie en general. Busca que debatamos ideas como justicia global, feminismo, medio ambiente, capitalismo, Estado, libertad, etc.

Una de las más llamativas discusiones durante el encuentro fue la referida a la problemática medioambiental en el mundo, que da paso a nuevas teorías feministas en base la ecología, como afecta el impacto ambiental a las personas, a las clases sociales e incluso el uso del original concepto de “racismo ambiental”.

Cartografiar las corrientes políticas que influyen en discusiones a nivel mundial puede orientarnos en nuestra búsqueda de respuestas –y también de preguntas- a nivel nacional. Es como pensar en un campo de batalla de las ideas que trasciende lo nacional, que trasciende a las naciones, en una suerte de geopolítica del pensamiento que incluye preguntas que nos hacemos acá en Bolivia pero también en el resto del mundo: preguntas relacionadas al uso de las redes sociales, la planificación del desarrollo, la democracia, dónde ésta ahora el campo político, la conservación del medio ambiente y de nuestros bosques, etc.

La problemática medioambiental irrumpe con fuerza

Sobre lo último, está claro hoy más que nunca que la crisis medioambiental ya no puede ser considerada como un problema independiente de la política, es decir, como un problema que se origina en la economía y que luego es resuelto por políticos. Es muy claro desde hace un par de años, sobre todo después de la retirada de EE.UU. del Pacto de París sobre el Cambio Climático. La voluntad de los Estados y los líderes es hoy tan importante como los patrones de hiper-consumismo del capitalismo mundial de hoy en día.

Aún más, ésta problemática se ha expresado de múltiples formas, no siempre coherentes, que abarcan movimientos ciudadanos con discursos pro-ambientalista, pro-animalista, vegetarianos, conservacionistas radicales e incluso defensores del desarrollismo, además de propuestas innovadoras como la del feminismo ecológico que hoy tratan de rayar la cancha política de una manera diferente.

Sabemos que los polémicos “bonos de carbono” -que en su momento fueron una propuesta de mecanismo internacional para poder reducir las emisiones contaminantes al medio ambiente a través de diferentes formas de financiamiento de proyectos de generación de energía renovable, mejoramiento de eficiencia energética de procesos, reforestación, limpieza de lagos y río y demás- fueron considerados en algún momento como una optima solución al problema medio ambiental que ya entonces empezábamos a “confrontar”.

En ese sentido Kuecheyan nos explica como se pudo convertir la necesidad de darle solución a esta crisis medio ambiental en una especie de “financiarización” de la naturaleza.

Bolivia como un escenario de disputa ideológica

En Bolivia hemos podido sentir de primera mano la profunda influencia que tiene ésta problemática y las diferentes corrientes de pensamiento que nacen de ella durante la coyuntura del “TIPNIS”, uno de los temas más controversiales del momentos del actual gobierno, que de paso abrió el debate sobre otros problemas políticos, como los medios y las redes como espacios de desinformación.

Visiones, proyectos y concepciones de lo que es bueno y malo se enfrentaron en aquel bosque. Para unos, lo importante radicaba en que se trataba de uno de los pocos territorios verdes “intactos” de la Amazonía. Para otros, lo fundamental radicaba en que se trata de una zona donde se encuentran comunidades enteras que viven sin gozar incluso de los derechos humanos fundamentales que nos otorga la Constitución Política del Estado. En medio de ellos, también estaban aquellos que reivindicaban la autodeterminación de los pueblos indígenas como el nudo central de la cuestión.

Problemas como los del TIPNIS nos enseñan que ideas y conceptos que pueden resultar muy innovadores, importantes y hasta urgentes deben ser aplicados de manera coherente a la realidad de cada país, de cada sociedad. Existen países que tienen establecidas políticas públicas que protegen a los animales de la crueldad, así como también hay otros donde se tienen normas que protegen al medio ambiente de la explotación excesiva de recursos naturales; pero en muchos casos se trata de países que ya han superado lo más agudo de las brechas abiertas por diferentes tipos de injusticia. Es decir, han logrado que las normas cubran en su totalidad las necesidades básicas y derechos humanos de su población. Los problemas y las preguntas de éstas sociedades son ya otras. El problema del medio ambiente puede ser abordado de otras formas. No sucede así con Bolivia.

Es en ese contexto que se debe analizar el caso “TIPNIS”, un territorio donde existen comunidades enteras sin acceso a servicios básicos como el agua, la electricidad o el saneamiento básico, lo que da lugar a otros problemas en sectores tan fundamentales como la educación, la salud, la esperanza de vida, etc. Es decir, afectan incluso el potencial de cada persona en aquel bosque para desarrollarse plenamente como ser humano. Hasta el momento, el gobierno nacional ha desarrollado campañas para mitigar algunos de éstos problemas, a través de brigadas médicas, educativas, etc., que ingresan hasta esos territorios en canoas, a pie o incluso a caballo.

Esto o quiere decir que se pase de largo la conservación de la fauna y la flora del lugar, como tampoco la posibilidad de una posible extensión no controlada de cultivos ya normados como la hoja de coca. De la misma forma que pasa con casi todas las políticas de desarrollo que se quieren implementar en el seno de nuestros bosques, como los proyectos de articulación carretera, construcción de hidroeléctricas, etc. En el mejor de los casos, se tendrá la posibilidad de equilibrar intereses económicos, preocupaciones medioambientales y urgencias sociales en éstos territorios. En el peor de los casos se deberá decidir qué sacrificar. No obstante, todo radica en que es una cuestión de discusión no sólo entre sectores de la sociedad y sus intereses, o siquiera entre intereses geopolíticos, sino entre éstas corrientes que se disputan sentidos y orientaciones hacia la acción como las que nacen de la problemática medioambiental.

Bolivia no es impermeable a estas discusiones, como el caso “TIPNIS” lo demuestra. Existen legítimas reivindicaciones reclamadas desde pueblos indígenas, de movimientos ambientalistas, de defensores de los bosques y la naturaleza, que chocan con aspiraciones no menos legítimas como las de desarrollo, inclusión económica y social, proyección geopolítica a favor de mayor campo de maniobrabilidad para el país, etc. Sin embargo, es claro que muchas de las ideas que hoy se disputan las cabezas y los corazones de los bolivianos son más y menos aplicables que otras. Estas ideas, su aplicación a nuestra realidad, su comprensión y su aprehensión pertinente son, en suma, lo que Razmig Kuecheyan propuso reflexionar durante su visita a nuestro país.


*         Politóloga.


 

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