diciembre 2, 2020

De calentar las calles, ¿a la violencia opositora?

La jornada de paro cívico del jueves, que había transcurrido con normalidad y con un respeto a la libertad de expresión de las clases medias urbanas, especialmente en La Paz y Santa Cruz, libertad de expresión que fue respetada incluso aunque fuese para tomarse selfis delante de la Policía o quemar muñecos con la cara del Jefe de Estado, finalizó con violentos incidentes por parte de un sector minoritario que, alentado por las declaraciones de los políticos opositores, atacó a la Policía y al Tribunal Supremo Electoral, además de dañar mobiliario urbano y el pavimento de la paceña plaza Abaroa.

Al día siguiente, durante la reunión de los comités cívicos en Cochabamba se calificó el paro como contundente, y se aseguró que era “sólo el inicio de la respuesta del pueblo boliviano ante este atropello permanente al Estado de derecho”.

Asimismo, la UCS y el MNR llamaron a una cumbre de unidad entre todas las fuerzas opositoras para rechazar la repostulación de Evo Morales y Álvaro García Linera.

La estrategia de la oposición, política y mediática, es clara. Al mismo tiempo que utilizan los mecanismos de la democracia liberal que el propio Tribunal Supremo Electoral representa, como la inscripción de candidatos, intentan deslegitimar al propio TSE por una decisión que sólo le corresponde a la única institución con potestad para interpretar la Constitución, el Tribunal Constitucional Plurinacional.

En paralelo, utilizan a las plataformas ciudadanas como alfombras de la derecha para generar violencia. Por muy esperpéntica que sea la imagen de una selfi con poleras de Bolivia dijo No frente al Tribunal Supremo Electoral, para posteriormente atacarlo con palos y piedras, es necesario alertar sobre la espiral de violencia en que nos quieren sumir sectores de oposición, con una cobertura magnificada por parte de varios medios de comunicación.

Estas plataformas, o más bien alfombras de la derecha, sirven como caballos de Troya, y son utilizadas como arietes para, amparándose en el anonimato de sus dirigencias, y en un financiamiento opaco del que nadie da cuenta pero que podría tener detrás a la Embajada de Estados Unidos, incitar a la violencia en las calles de Bolivia.

Violencia que ya ha tenido una primera víctima, Suleydi Estívariz López, una mujer humilde, vendedora, que se resistió a las presiones y amedrentamientos; una muerte injusta de la que tiene que dar cuenta el Comité Cívico de Riberalta.

Ante la estrategia opositora de generar violencia, sólo cabe la calma y las respuestas mesuradas, eso sí, dejando caer todo el peso de la ley sobre quien cometa delitos castigados por el Código Penal boliviano.

Y también quizás sea hora de que los movimientos sociales, sindicatos y pueblos indígenas que con tanta lucha lograron impulsar el actual Proceso de Cambio, que nacionalizó los recursos naturales y puso en marcha una Asamblea Constituyente que dio luz a una Constitución que por primera vez constitucionalizó la inclusión y la redistribución de la riqueza, defiendan en las calles lo que tanto esfuerzo, y tantos mártires, costó conseguir.

Sin caer en provocaciones, es necesario demostrar que los sectores populares no van a dejar caer este Proceso de Cambio para que vuelvan los neoliberales que dejaron a Bolivia en la bancarrota, social y económica.

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