octubre 24, 2020

La Amazonía y la crítica radical al capitalismo

El planeta vive un momento muy difícil. La Amazonía, considerada “el pulmón” del mundo está azotada por centenares de focos de incendio en su región sur, que ya ha quemado, según estimaciones preliminares, más de un millón de kilómetros cuadrados de esa frondosa y enorme selva. en Brasil, Bolivia y Paraguay.

Según estimaciones de la NASA y de institutos especializados en temas de investigación de bosques y reservas naturales, un 20 por ciento de la Amazonía (calculado como el territorio de Francia), ha sido afectada en distinto grado por incendios que hasta ahora no pueden ser controlados.

De los nueve países que forman parte de esta enorme selva, con una extensión de más de 5 millones de kilómetros cuadrados (la mitad del territorio estadounidense que le arrebató a México), tres son hasta ahora los que enfrentan los focos de incendios: Brasil, Bolivia y Paraguay.

Pero lo que hoy ocupa los espacios informativos de medios nacionales e internacionales, más allá de lo que implica quedar impotentes ante esta verdadera tragedia ambiental, nos debe llevar a reflexionar sobre sus causas estructurales y la necesidad de atacarlas radicalmente.

Un primer factor a reconocer es que estos incendios colocan en el centro del debate es si el mundo es viable y sostenible con el modo de producción capitalista, cuyo desarrollo de las fuerzas productivas en las tres últimas décadas al menos ponen en peligro a la naturaleza y al ser humano.

No hay duda que la actual fase de desarrollo capitalista está destruyendo a sus dos principales fuentes generadoras de riqueza y por tanto afectando, casi irreversiblemente, a todas las formas de vida.

El capitalismo, a pesar de que haya gobiernos de corte ideológico y político distinto al mismo, tiene hoy características planetarias. No hay nada que, de distintas maneras y grados, no esté afectado por un modo de producir la riqueza que, con los adelantos de la ciencia y la tecnología, es capaz incluso de prescindir del ser humano.

Existe, como hace mas de dos décadas advirtió Viviane Forrester, algo más negativo que la explotación del ser humano, que es la ausencia de su explotación por la vía de prescindir de su participación.

Pero en lo que no hay arreglo, es que de manera progresiva se está colocando al planeta al borde de su destrucción. La racionalidad del capitalismo es la forma irracional en la que busca explotar los recursos naturales para su reproducción. De ahí que no es la acción del ser humano en abstracto la que es responsable de lo que sucede hoy en la parte sur de la Amazonía, sino la lógica organizativa y de generación de valor de cambio que la acompaña.

Un segundo aspecto que se coloca en el debate son las serias limitaciones que enfrentan los gobiernos de izquierda y progresistas en el mundo para romper rápidamente con esa forma de generación de riqueza, lo que es demagógicamente criticado por una corriente de académicos y políticos que no se ponen a reflexionar sobre las condiciones objetivas en las que se desarrollan estas experiencias alternativas a la dictadura del capital.

El tránsito de una economía a otra no es fácil. Ni siquiera en el marco del capitalismo como aspira lograr la agenda 2030 de las Naciones Unidas ni el Acuerdo de Cambio Climático de Paris. Mucho más complejo para los países cuyos gobiernos se encuentra alineados a proyectos alternativos, como ocurre con Bolivia, Venezuela y Cuba, los que intentan hacer algo distinto al capitalismo, pero dentro de un contexto planetario capitalista.

Sin embargo, la tragedia que azota al planeta hoy con lo está sucediendo en la Amazonía, debe servir para reforzar la crítica radical al capitalismo y la defensa a ultranza de todas las formas de vida.

Be the first to comment

Deja un comentario