octubre 22, 2020

La batalla electoral

Por Oscar Rotundo-.


Las elecciones generales en el Estado Plurinacional de Bolivia, no serán un mero acto electoral, la posibilidad de triunfo, del candidato del MAS IPSP Luis Arce Catacora, despierta entusiasmo en los sectores populares, pero a otros, los pone en crisis. Es por ello que la realización de estos comicios convocados por la dictadura, luego del ultimátum dado por la Central Obrera Boliviana, El Pacto de Unidad y los Movimientos sociales, genera expectativas, tanto a nivel nacional como internacional.

Faltan siete semanas para la realización de las elecciones generales en el Estado Plurinacional de Bolivia y las posibilidades de un triunfo en primera vuelta del binomio del MAS IPSP Luis Arce Catacora – David Choquehuanca, maduran día a día, pese, a las acciones proscriptivas que intentara el ejecutivo de facto, a la persecución política a los dirigentes populares y a la campaña desarrollada por medios de prensa internacionales y nacionales, que tratan de influir sobre el electorado, difamando al ex presidente Evo Morales con argumentos falaces, o, instalando la matriz de opinión de que existiría la posibilidad de un “empate entre el candidato Arce y Carlos Mesa”, o que el acortamiento en la distancia porcentual, posibilitaría una segunda vuelta que perjudicaría al candidato del MAS.

Las encuestas de los últimos meses reflejan diferencias que van, desde 41,9% Luis Arce – 26,8% Carlos Mesa, (Encuestadora Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica CELAC) al, 52% Luis Arce – 15% Carlos Mesa (portal El Deber), hasta la que reflejamos en la siguiente lámina, 33% Luis Arce – 22% Carlos Mesa

La campaña electoral, formalmente, comienza el 4 de septiembre y se extenderá hasta el 15 de octubre, siendo los comicios el domingo 18 de octubre, según lo acordado, vale señalar que el candidato que resulte primero deberá superar al segundo en 10 puntos, pasado el 40 % de los votos positivos, para ganar en la primera vuelta.

Los operadores políticos y los medios de comunicación, actúan ante la opinión pública, como si en Bolivia nada hubiera pasado, por eso, es importante contrastar estas campañas, con los datos de la realidad, y con los proyectos que cada uno de los candidatos representa, teniendo en cuenta la crisis que históricamente ha acompañado a Bolivia en el terreno político, económico y social, ya que, tanto Mesa como Arce, han sido del tren ejecutivo en distintos gobiernos en los últimos 20 años.

Carlos Mesa, recuerda su paso como presidente, como una «presidencia sitiada», y así lo hace saber en el libro de memorias, que titula de esa manera para explicar su experiencia como primer mandatario entre octubre de 2003 y mayo de 2005.

Fue un presidente vacilante, incapaz de lograr apoyos significativos en un Congreso, dividido entre los partidos que fueron parte de la coalición de Sánchez de Lozada y la bancada dirigida por Evo Morales.

El recordado como “último presidente neoliberal de Bolivia”, también recibió cuestionamientos por presunta legitimación de ganancias ilícitas cuando fue candidato a la vicepresidencia con Sánchez de Lozada.

Su historia nunca podrá desvincularse de aquel 17 de octubre de 2003, fecha en la que, el entonces presidente Sánchez de Lozada, presentara ante el Congreso (Asamblea Legislativa Plurinacional) su renuncia por escrito, por la fuerte presión social que exigía su dimisión, en repudio a la represión y a las políticas económicas que pretendían establecer.

Su participación, como vicepresidente de Sánchez de Lozada, lo compromete con el proyecto político y económico y con la represión que dejó más de 60 muertos y 400 heridos, ni el tiempo, ni las pretensiones de las multinacionales, borraran de la memoria de los bolivianos, lo que este personaje representa realmente.

Por el contrario, Luis Arce, es representante de una experiencia de ruptura con el pasado ominoso; fue artífice e impulsor del Modelo Económico Social Comunitario Productivo (MESCP), que generó durante varios años el crecimiento y despegue de Bolivia en América del Sur, reduciendo la pobreza y las desigualdades económicas y sociales.

Como destacara el Presidente Evo Morales en su “Informe ante la Asamblea Legislativa Plurinacional”, el 6 de agosto de 2019, “Según el INE, entre el año 2006 y el 2018 el 33% de los bolivianos anteriormente pobres alcanzaron ingresos medios (entre 5 y 50 USD/día), pasando de 3,3 a 7 millones. El salario mínimo del país, recibido por la mayoría de los asalariados, subió de 440 Bs. a 2.122 Bs (de 55 a 303 dólares, es decir 550%)”

Lucho Arce, al frente de la cartera de Economía, consiguió que la economía de Bolivia registrara un crecimiento promedio anual superior al 5%, logrando al mismo tiempo la redistribución del ingreso, un estricto control del presupuesto, una mayor participación del Estado y el aumento del consumo interno.

Logros, como la nacionalización de los hidrocarburos, llevaron a que el país obtuviera una reducción de la mitad del porcentaje de personas subalimentadas, situación que motivó que en la XXXIX Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) le entregaran al país un reconocimiento.

El proceso de transformación económica de Bolivia conto con, la reducción de la pobreza y el hambre, el desarrollo económico con incentivo al mercado interno, la estabilidad del tipo de cambio y las políticas de industrialización de recursos naturales, articulados en el modelo de desarrollo social comunitario productivo.

La inflación en 2018 fue solo del 1,5%, al tiempo que Bolivia, se convertía en uno de los países menos endeudados de la región, (24% del PBI).

Hoy, el candidato a presidente Luis Arce tiene una evaluación real del panorama que deberá afrontar al hacerse cargo del gobierno y su experiencia y conocimiento abalan su proyecto para poner a Bolivia de pie, solucionar los problemas estructurales que generaron la corrupción y la ineficiencia de los “Gerentes Provisionales” de las arcas del Estado y recomponer la brecha entre ricos y pobres que generan, nuevamente un escandaloso incremento en la desigualdad social (recuérdese que en 2006, la diferencia entre el más rico y el más pobre era de 128 veces, y en 2019 no llegaba ni a 40 veces).

Entre sus propuestas inmediatas para palear la situación, se encuentra, solicitar a los organismos internacionales como el Banco Mundial un alivio de la deuda externa de Bolivia por al menos dos años, y poner en vigencia un impuesto a la riqueza que permita el ingreso de unos 400 millones de dólares; esta medida, permitirá atacar la recesión generada por los efectos de la pandemia del coronavirus, y recomponer el aparato productivo y comercial.

El COVID-19 afectó los ingresos laborales de los trabajadores y provocó que algunos hogares de familias de clase media volvieran a la pobreza, desnudó la impericia del gobierno de facto para manejar la crisis sanitaria y social, y agudizo las contradicciones entre los intereses de la colectividad y los intereses particulares.

Por todo esto, los comicios del 18 de octubre serán de vital importancia para el porvenir del Estado Plurinacional de Bolivia, la continuidad de la crisis multidimensional que afecta a todo el sistema capitalista a nivel mundial, necesitara de una propuesta audaz que sea capaz de movilizar a los sectores productivos para generar un compromiso solidario que fortalezca al Estado y rescate a los más vulnerables del hambre, del desempleo y de la ignorancia, pero, por sobre todo, que genere en cada habitante del territorio el ORGULLO DE SER BOLIVIANO.

JALLALLA BOLIVIA

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