diciembre 1, 2020

El virus del Norte


Por Soledad Buendía Herdoíza-.


No cambia el circo solo porque se renueven los payasos, ni se acicale con el marketing la imagen del domador.
Si en verdad esperamos que cambien las cosas en el Norte, es porque desatendemos lo que nos debiera importar; nos ocurre en el día a día en el Sur.

Para entender que el Sur también existe, hay que empezar por purgar la palabra de nuestra lengua, eliminar los colonizadores anglicismos, volver a las lenguas originarias y nuestros dialectos, a aquellos que quieren enterrar, en el ostracismo insensible del depredador y falso progreso.

Valorar el suelo que pisamos es deber de todo Sudamericano, reglamentar el uso de los recursos, para que no haya abuso ni saqueo en beneficio de los mercaderes del hambre, mejorar la calidad de vida de los olvidados en el mapa, auxiliar en sus urgencias de trabajo a los desposeídos, y educar para que el sueño de la Patria Grande, no vuelva a ser interrumpido por la ignorancia.

Nada cambiará en el Sur, mirando para los muros que levantó el Norte como si fueran un paraíso, mientras aplaudimos sus fracasados Derechos Humanos, convertidos en falsa prosperidad, donde el acceso a la salud es prohibitivo y la educación tan onerosa como privada.

Va siendo tiempo que aprendamos de la experiencia, y dejemos de pensar como cartoneros, para hacer valer nuestro derecho a sostener y defender la dignidad, de mirarnos a los ojos sin dependencias ni dogmas, sin fundamentalismos neoliberales que disfrazados de democracia, camuflan a los lobos del Norte en piel de cordero, con la que nos obligan a consumir su basura mediática pestilente, mientras nos entran con su caballo de Troya de la paz, que defienden irónicamente haciendo la guerra.

Se muestran felices en sus sonrisas de campaña electoral, mientras urden planes para saquearnos la alacena, de nuestras materias primas, y nuestros recursos naturales, mientras nos secan la tierra, nos depredan los bosques y nos colonizan la voluntad, con su cibernética cámara espía, droga disimulada en el celular que nos insensibiliza frente a la pobreza que nos inoculan en los hechos.

No habrá sociedad que prospere en nuestro vilipendiado, esclavizado, sangrado y maltratado Sur, mientras sigamos hablando del Norte como si fuera el punto cardinal de referencia. No debemos rendir obediencia, resignando el aceptarles incursionar en nuestra economía, con su prepotente modelo, que de mercado solo tiene las leyes que impone en el negocio de la explotación, alimento principal de los poderosos capitalistas del Imperio y Trust del mundo.

Hay que aislar el virus del Norte, para que no se propague la miseria en nuestro reducto tan rico aún. Elevar la vista solo es entendible si lo hacemos para asumir que el Norte hace rato perdió su rumbo y toca ahora al Sur asumir el liderazgo en los cambios que demanda la justicia social de nuestros pueblos.


* Asambleísta por la Provincia de Pichincha de la Asamblea Nacional del Ecuador

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