
Por Julio Gambina *-.
La situación de guerra en Europa agrava las condiciones de funcionamiento de la economía mundial, especialmente motorizadas por las sanciones desde Estados Unidos y sus socios occidentales a Rusia. Junto a ello, también intervienen las respectivas respuestas emanadas desde Moscú, explicitadas recientemente en la disposición de cobrar el gas exportado a países hostiles en rublos rusos.
Remitimos a sanciones comerciales, financieras, políticas, las que actúan en una dinámica de confrontación militar, con incrementos de presupuestos para la guerra y reactivación de una esfera de la economía que aleja objetivos hasta hace poco enunciados como de privilegio, sea la salud, el empleo, la lucha contra la pobreza y el desempleo, o el cuidado del medio ambiente en contra del cambio climático. Como parte de la asistencia a Ucrania, el Fondo Monetario Internacional (FMI) aprobó el 9 de marzo pasado un desembolso de mil 400 millones de dólares [1].
Más allá de la situación de guerra, vale considerar impactos en los propios países y en el orden mundial. Entre otros indicadores, resulta interesante verificar lo que ocurre en las cotizaciones monetarias, importante en tanto las monedas nacionales referencian la capacidad de intervención global de cada país en el orden económico del capitalismo.
La moneda rusa venía sufriendo un proceso devaluatorio en los últimos años contra el dólar estadounidense, la moneda de referencia en el ámbito mundial. Escaló la situación desde mediados de febrero y ya con la acción militar sobre Ucrania y las sanciones económicas impulsadas desde Washington, la debilidad del rublo fue evidente, y si el 23 de marzo se necesitaban 83,67 rublos para obtener un dólar estadounidense, al día siguiente pasó a 105,21 y alcanzó a 143,87 el 7 de marzo de 2022.
Desde entonces y con réplicas a las sanciones, especialmente con el anuncio de vender el gas en rublos, especialmente a Europa, la cotización se corrigió hasta llegar a los 84,02 rublos por dólar el 1 de abril de 2022, recuperando las cotizaciones al momento previo a la guerra.
Son señales de la inestabilidad monetaria en un país, ante sanciones orientadas desde la hegemonía económica, financiera y monetaria, asentadas en el dólar estadounidense y el euro.
Información del FMI señala que si las reservas internacionales asignadas alcanzan los 12 mil 050,53 billones de dólares estadounidenses, se reconocen a la moneda emitida desde Washington unos siete mil 087,14 billones, el 58,81% del total, y al euro unos dos mil 486,88 billones de la misma moneda, un 20,63% [2].
Entre ambas monedas expresan un 79,44% de las tenencias de divisas en reservas en el sistema mundial. El dólar de Estados Unidos y el euro hegemonizan las finanzas globales.
La información del Fondo continúa indicando que las reservas en yenes alcanzan al 5,557%; las libras esterlinas al 4,78%; el yuan un 2,78%; el dólar canadiense un 2,38%; el dólar australiano un 1,80%; los francos suizos un 0,20% y un conjunto de otras divisas un 3,01%.
Queda clara la preeminencia del dólar como resguardo de valor expresado en las reservas internacionales. Sin embargo, el propio FMI, hace casi un año, llamó la atención en la caída importante del dólar en el total de las reservas internacionales del conjunto de países [3]. Allí se anuncia que “…la participación de los activos en dólares estadounidenses en las reservas del banco central se redujo en 12 puntos porcentuales, del 71 al 59 por ciento…”.
Destaca la nota que la participación del euro (desde 1999) “…fluctuó alrededor del 20 por ciento, mientras que la participación de otras monedas, incluidos el dólar australiano, el dólar canadiense y el renminbi chino, subió al nueve por ciento…” a fines de 2020.
Entre otros aspectos, la nota concluía: “Algunos esperan que la participación del dólar estadounidense en las reservas globales continúe cayendo a medida que los bancos centrales de las economías de mercados emergentes y en desarrollo busquen una mayor diversificación de la composición de monedas de sus reservas. Algunos países, como Rusia, ya han anunciado su intención de hacerlo”.
La guerra en curso ratifica lo anticipado por el FMI
Un dato relevante es la incorporación de la moneda de China en 2015 para referir las valorizaciones de los Derechos Especiales de Giro (DEG), el activo del FMI [4]. Según la fuente, los DEG se componen de 41,73% en dólar estadounidense; 30,93% de euros; 10,92% del yuan; 8,33% del yen y 8,09% de la libra esterlina. Queda clara la importancia creciente de China, de reciente incorporación entre las monedas globales para referenciar el activo del organismo internacional.
El FMI señala que una vez que se rompieron los acuerdos de Bretton Woods en 1971, por la decisión unilateral de Estados Unidos al declarar la inconvertibilidad del dólar, los DEG pasaron a referirse a una cesta de monedas, reconocidas por su papel en el comercio mundial y la generalizada aceptación global. La incorporación de la moneda china, el yuan o renminbi en 2015, es el reconocimiento del lugar del gigante asiático en la economía mundial, posicionado como tercera moneda de referencia. La próxima asignación de porcentuales se hará a mediados de 2022.
Queda de manifiesto el creciente papel de China en la economía mundial, disputando la preeminencia en la producción y un lugar como referencia de su moneda en el sitial del “dinero mundial”. Hay que pensar que ese papel de dinero mundial fue asumido históricamente por el oro, la libra esterlina, luego el dólar, que mantiene su lugar de hegemonía.
La discusión que instala la crisis mundial capitalista a inicio del siglo XXI, acrecentada en 2007-09, la pandemia, la actual guerra y las sanciones asociadas a réplicas, habilitan a pensar en nuevos horizontes de la reestructuración del orden capitalista, algo que involucra en sí mismo a la guerra: militar, económica, financiera y monetaria.
Asistimos a un tiempo de incertidumbres, poblado de manipulaciones mediáticas que dificultan considerar los avatares de la coyuntura, pero que, buceando en diversas informaciones, nos permite evaluar la dinámica económico-social de cambios en perspectiva en el presente y el futuro cercano.
En todo caso, interesa pensar cuál es el lugar que disputa la región latinoamericana y caribeña en las condiciones actuales. La revista The Economist de marzo del presente año grafica en un cuadro el horizonte político latinoamericano para el año 2023, con una derecha en retroceso en los probables gobiernos resultantes de las elecciones próximas. Más allá de lo institucional, la conflictividad social creciente muestra las aspiraciones de cambios que demandan los pueblos.
- Economista.
1 FMI. https://www.imf.org/es/News/Articles/2022/03/09/pr2269-ukraine-imf-executive-board-approves-usd-billion-in-emergency-financing-
support-to-ukraine
2 FMI. https://data.imf.org/?sk=E6A5F467-C14B-4AA8-9F6D-5A09EC4E62A4
3 FMI. Serkan Arslanalp y Chima Simpson-Bell. “La participación del dólar estadounidense en las reservas mundiales de divisas cae al mínimo en 25 años”, del 5/5/2021, en: https://blogs.imf.org/2021/05/05/us-dollar-share-of-global-foreign-exchange-reserves-drops-to-25-year-low/
4 FMI. Derechos Especiales de Giro (DEG), en: https://www.imf.org/es/About/Factsheets/Sheets/2016/08/01/14/51/Special-Drawing-Right-SDR

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