septiembre 28, 2022

Ángel Alberto, mi padre ausente

Por  Celia Angélica Muñoz Montecinos *-.


A marzo de 1981 corrían ocho meses del golpe de Luis García Meza Tejada y Luís Arce Gómez, iniciado con el asalto a la Central Obrera Boliviana (COB). Se vivía en dictadura, con estado de sitio, toque de queda, detenciones arbitrarias, persecuciones, asesinatos, desapariciones forzadas, sin democracia ni libertad de locomoción, de pensamiento, de información y con mucho miedo. También se veía cómo se producía saqueo de los recursos del Estado, al que lo convirtieron en un narco-Estado.

Ángel Alberto Muñoz Miranda, nacido en 1953, fue dirigente universitario de la Facultad de Metalurgia en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). El 14 de marzo de 1981, en el toque de queda, fue aprehendido en la ciudad de Oruro, lo subieron a un camión “caimán” del Ejército. Los uniformados que se encontraban al mando y control de esa movilidad le dispararon, asesinándolo. Al ver que el cuerpo de la víctima estaba sin vida lo fueron a depositar en una clínica.

Ángel Alberto no era solo la víctima de la dictadura narco-fascista, junto a él quedaron su esposa Edith, que se encontraba embarazada. Ante este luctuoso hecho tuvieron que adelantar el parto y nació Celia Angélica, en medio de esa tragedia, quien no conoció a su padre Ángel Alberto. En esta situación de dolor también quedaron Aida y Alberto, padres de la víctima, con quien moría una generación de líderes políticos; sin embargo, sus sueños de revolución dejaron semillas y huellas profundas.

Los dictadores y quienes mandaban sobre ellos, como Hugo Banzer y la derecha política, jamás comprendieron la magnitud inhumana de sus acciones, porque después del asesinato de mi papá mi abuela tenía ataques de dolor que no podía contener, cada vez que se acordaba por haberlo perdido, pero la vida tiene compensaciones y la recién nacida fue el consuelo de mis abuelos y de mi madre.

Tuve una niñez con interrogantes, como ¿dónde está mi padre?, ¿por qué no estaba vivo mi padre? Cuando ya pude comprender con más claridad los hechos, mi madre me explicó que lo asesinaron en una dictadura y que por eso salíamos en marchas con las compañeras de Asofamd, en las cuales se pedía justicia, se reclamaba “ni olvido ni perdón ¡Justicia!”. Asimismo, los días del padre eran raros, era complicado decir “a mi padre lo asesinaron”; la explicación de su muerte me causaba más interrogantes y siempre resultó muy poco lo que contaban.

Cuando escuché la historia del asesinato de mi papá empecé a odiar a García Meza, culpable de su muerte, también supe que no era al único que mataron y que había personas que buscaban a sus familiares que desaparecieron en la dictadura y no se sabía nada de ellos. Tuve una adolescencia llena de complejos, no por falta de amor, sino porque tal vez siempre quedé en la duda de las razones de su asesinato, tuve tropezones, pero supe levantarme y seguir con la vida.

Si bien no conocí a mi padre personalmente, ni detalles de su personalidad que únicamente se perciben en el trato directo, quise parecerme a él, soy amistosa y tengo talento para hacer amigos –como señalan que fue mi padre–, y tengo amigos entrañables para toda la vida, con quienes comparto ideales, sueños y vida, además de amigos pasajeros que en algún momento compartí.

Siempre me dijeron que mi papá era un hombre bueno, daba todo por los demás, incluso lo que no tenía, y me transmitieron su frase “por los pobres hay que arriesgarse”; y la verdad, saber de esa entrega desprendida a su pueblo es lo que más me gusta de él. Lo conozco muy poco, hubiera querido saber sus defectos, sus manías, porque eso es parte del ser humano; hubiera querido que me crie, que me lleve al colegio, que me enseñe Matemáticas, que cuando hiciera berrinches me riña.

Me hubiese gustado contarle a mi papá que en la Universidad quise incursionar en política universitaria, pero la “U” que él conocía cambió mucho, la dictadura y la época neoliberal corrompieron a los dirigentes estudiantiles y sus logias de corrupción… es una total decepción ya que de tiempo en tiempo se destapan escándalos sobre dirigentes que se quedan décadas, sirviéndose de su condición. De esa UMSA de resistencia ya no queda nada, al grado que en 2019 sirvieron como grupos de choque que generaron convulsión y fueron parte del golpe de Estado.

Después del asesinato de mi papá, mis abuelos Aida y Alberto y mi mamá Edith integraron a Asofamd, con el dolor y esperanza de encontrar justicia. La Asociación acogió a todas las familias de víctimas de asesinatos y desaparición forzada de personas ocasionados por gobiernos de facto, comprendí que éramos muchos a quienes nos habían roto el alma, y nos recibieron con mucho amor, con ellos encontramos consuelo y nos une una lucha incansable de Justicia; recibí formación política y sobre todo formación humana, solidaridad, compañerismo y camaradería.

En la familia y en Asofamd luchamos por mi papá y tantos compañeros, conseguimos que el dictador García Meza fuera condenado a 30 años de prisión sin derecho a indulto, se logró atraparlo y remitirlo a Chonchocoro, se luchó para tenerlo preso tras sus constantes solicitudes de prisión domiciliaria y su internación en un centro hospitalario ya que se decía enfermo, pero era un reo que nunca cambió, inclusive en una audiencia me gritó “¡puta!” cuando reclamé por el asesinato de mi papá. Pero García Meza, Arce Gómez y otros que siguen vivos como “abuelos honorables”, en esencia siguen siendo autores de delitos de lesa humanidad.

Seguí sus sueños y pasos, sus zapatos son muy grandes de llenar, mi mamá se volvió a casar con un hombre muy bueno, quien me educó y me dio amor como su propia hija; mis dos hermanas me acompañan en la lucha y los ideales. Siento que no le fallé, es verdad que excepcionalmente escucho de parte de mi familia paterna apreciaciones raras, conductas equivocadas, que no entienden el papel comprometido y revolucionario de Ángel Alberto, pero eso se supera cuando escucho a mi tío, quien cuenta la lucha de mi papá, quien entregó su vida por nuestra amada Bolivia y su pueblo. En 2019, en el golpe de Estado de Áñez, fui perseguida, ahí entendí lo que vivió mi padre y el terror de mi madre, cómo ella vivió en esos tiempos de dictadura.

Tengo un hijo, pienso que se parece a mi papá no solo físicamente, además en su talento por la música, le explico sobre su tercer abuelo Ángel Alberto y la lucha que hacemos por los desaparecidos que faltan encontrar, por la Memoria, Verdad y Justicia y la lucha contra la impunidad, siento que lo vi en un sueño hace años, pero su ausencia marcó mi vida. Lo amo sin verlo, lo extraño sin conocerlo.


  • Miembro de Asofamd, auditora financiera.

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