febrero 3, 2023

El documentalista del estado plurinacional de Bolivia, Enzo Manuel de Luca Calderón de la Barca

Por Luis Oporto Ordóñez *-.


Enzo de Luca nació en La Paz el 18 de marzo de 1965 y falleció en la misma ciudad el 28 de noviembre de 2022. Se presentaba a sí mismo como ácrata confeso y se forjó a través de la lectura y estudio de clásicos del anarquismo, como Pierre-Joseph Proudhon, Mijail Bakunin, Piotr Kropotkin de Louise Michel. Viajó intensamente por Bolivia y Europa, actividad concebida como una especie de universidad mundial en la que se ha formado, puesto que despreció la academia. Se autodefinía como “artista de la fotografía” y planteaba su obra como documento testimonial por medio de la que “recrea sus imágenes con una importante carga ideológica que traspone los límites de lo meramente descriptivo”. Es así que su aguzado e implacable lente “no tenía preferencias y atrapaba por igual en su cárcel de luz, la miseria y grandeza humana”.

Su apasionada trayectoria laboral y su obra artística

Luego de una prolongada estadía en Florencia, desde 1986 trabajó como fotógrafo desarrollando su trabajo en dos vertientes: la foto artística y el fotorreportaje.

Su obra artística ha sido expuesta en la Casa de la Cultura y el Museo Nacional de Arte. Sus fotorreportajes ilustraron los más importantes periódicos de Bolivia, como Presencia, La Razón, Página 7 y Cambio. Fue fundador de La Prensa y trabajó para la Agencia de Noticias Fides, Reuters, Agencia Jatha, Ministerio de Comunicación y la Agencia Boliviana de Información (ABI). Apoyó con fervor a la prensa alternativa como Perspectiva, El Caraspas, El Juguete Rabioso, Mujer Pública, Pulso y Le Monde diplomatique. Fue miembro activo del Círculo de Fotógrafos Profesionales y de los entes sindicales Costrateb y Fdmerlp. Participó como jurado en la 6a convocatoria “Letras e Imágenes de Nuevo Tiempo” de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (2021).

Su obra intelectual

En un alarde de su capacidad analítica y crítica, como testigo privilegiado de la historia, publicó dos obras pioneras representativas, su emblemática Aymara, poder e identidad. Memoria del fin de siglo veingte en (500) fotografías tomadas entre 1990 y 2005 (La Paz, 2005), y su Manual de Historia (La Paz, 2010), en el que por medio de mil fotografías pretende reconstruir el proceso boliviano. Este curioso y desafiante método de reconstrucción de la historia a través de la imagen fue concebido como la recuperación de la “memoria urgente de una revolución permanente”, tomando como elemento narrativo a la fotografía, por lo que considera que sus dos libros son “escritos con ojos de revolución, a través de imágenes”, los que vienen a ser los primeros ensayos en su género. “Allí se encuentran publicadas mis mejores fotografías”, afirmó.

En 2016 participó, junto a Sacha Llorenti y Anselmo Maidana, en el registro fotográfico de la épica marcha de las mujeres del trópico, que luego diera a luz de la imprenta la obra testimonial titulada: Para que no se olvide. La marcha por la vida y la soberanía nacional. 1995-1996. Mujeres en defensa de la patria (La Paz, Ministerio de Comunicación, 2016). Su obra fotográfica-testimonial se complementa con su ideario ideológico-anarquista, plasmado en su ensayo El ser y el poder. Consciencia y consecuencia. El delirio y la revolución ética, ontológica y epistemológica (La Paz, 2008).

En síntesis, la obra fotográfica e intelectual de Enzo de Luca expresa su condición ligada al anarquismo, puesta al servicio de la sociedad, por haberse constituido en el documentalista del Proceso de Cambio y, por ende, de la construcción del Estado Plurinacional. En esa misión autoimpuesta recorrió el vasto territorio nacional, portando como arma de guerra su cámara fotográfica.

Autores materiales de la memoria social

En su obra señera, Manual de Historia, reconoce con justicia como pioneros del registro de la memoria social a través de la fotografía a Julio Cordero Castillo (1879-1961), al haber sido “fotógrafo oficial de [los presidentes] Eliodoro Villazón, Ismael Montes, José Gutiérrez Guerra y eventualmente de Bautista Saavedra, Hernando Siles, Daniel Salamanca y David Toro”, labor continuada por su hijo, Julio Cordero Ordóñez, y su nieto, Julio Cordero Benavidez. Señala que Lucio Flores (1928-2006) fue el fotógrafo de Víctor Paz y “en consecuencia, testigo privilegiado de la segunda mitad del siglo XX”. Siguió la saga Freddy Alborta, que los reemplazó como fotógrafo a Víctor Paz y “alcanzó reconocimiento internacional como fotoperiodista al haber retratado el cuerpo de Ernesto Che Guevara en 1967”. Recupera para la historia las trayectorias de olvidados fotoperiodistas como René Céspedes y Jorge Landaeta, discípulos de Julio Cordero y Lucio Flores, respetivamente.

En esta singular y curiosa introducción fotográfica a su Manual de Historia identifica e incorpora a la nueva generación de fotoperiodistas, a los que considera “autores materiales de la memoria social en Bolivia”, en su tránsito de “República a Estado Plurinacional, representada por David Mercado, Wálter Guzmán, Roberta Lichtmann, Liborio Noval, José Luis Quintana, José Lirauze Ortiz, José Jáuregui, Jorge Aliaga Álvarez, Fred Ramos, Ángel Illanes, Jamil Chávez, Rickey Rogers, David García, José Lavayén Tamayo, Manuel Calvo, John Ramos, ‘Chic’ Monje, ‘Pirulo’ Cordero y Martín Alípaz, quien fue gravemente herido en la represión urbana de 1996”.

El legado

En su recuento autobiográfico Enzo de Luca señala que “entre 1996 y 1997 tomó 36 mil imágenes en negativos, como fotorreportero de la Agencia Jatha, habiendo quedado la mayor parte en poder de aquella casa y solo una pequeña parte en poder del autor. Ya en la era digital, llegó a tomar 50 mil fotografías y tiene en su poder un archivo de 10 mil negativos digitales, de las que [en su criterio] seguramente valen unos cientos”, tratando de minimizar su impresionante aporte a la memoria social.


  • Magister Scientiarum en Historias Andinas y Amazónicas y docente titular de la carrera de Historia de la UMSA.

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