Por La Época -.
En un par de entrevistas televisivas y al menos tres encuentros internacionales, el presidente Luis Arce adelantó que Bolivia iba a empezar a usar los yuanes (moneda china) como moneda de intercambio comercial. La última vez que lo hizo fue en la Cumbre del Mercosur, celebrada en la Argentina.
De inmediato, la mayor parte de los opositores rechazaron el anuncio y no pocos analistas de derecha empezaron a hacerle decir al Presidente lo que no dijo. Por ejemplo, de sostener que la propuesta de sustituir el dólar era una respuesta demagógica y desesperada del Gobierno ante los problemas de iliquidez de esa moneda estadounidense desde principios de este año.
Lo cierto es que el jefe del Estado Plurinacional no incurrió en el campo de la irresponsabilidad que se le pretende atribuir. Arce, un reconocido economista dentro y fuera del país, ahora presidente de Bolivia desde el 8 de noviembre de 2020, tras una contundente victoria electoral, expresó que se empezaría a usar el yuan en el intercambio comercial sin que eso significara dejar de emplear al dólar y el euro, que son las otras monedas fuertes que se usan en el comercio internacional.
Y el anuncio se convirtió en medida. De hecho, el ministro de Economía, Marcelo Montenegro, un joven economista discípulo de Arce, informó que desde marzo pasado hasta la fecha ya se ha registrado un total de 278.8 millones de yuanes para el comercio exterior. Si bien todavía no circula el yuan de manera física, las transacciones se están haciendo de forma electrónica a través de los exportadores de minerales como el zinc, plata y carne.
La tendencia es que el uso del yuan vaya a subir. No pocos comerciantes de centros de venta de aparatos electrónicos vienen trayendo desde China mercadería para consumo nacional. Es más, o grandes traen para distribuir a pequeños comerciantes que no tienen la capacidad económica para esa operación o se asocian para internar al país con el alquiler de grandes contenedores.
El dólar es fuerte, pero va perdiendo hegemonía. Esa es una realidad que tiene correspondencia con el cambio que se viene operando en el mundo, cuya configuración final todavía es difícil de predecir. El centro de gravedad de la economía mundial se está trasladando del Atlántico al Pacífico. Asia y Eurasia se convierten en los grandes actores que han colocado a los Estados Unidos en una posición incómoda.
Y el Gobierno se muestra activo en esa dirección. Si bien es desde junio pasado que Bolivia recién ha solicitado su ingreso a los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), el presidente Arce tiene bastante clara la figura de lo que tiene que hacer. Como todo cambio, genera remesones y dudas, pero los efectos ya se están empezando a sentir y ciertamente son positivos. Uno de ellos es que la especulación en torno al dólar ha bajado y su uso político también. Ahora será progresiva la instalación de al menos un banco chino en Bolivia y el cambio de mentalidad de la población.

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