agosto 15, 2026

Las secuelas genocidas del colonialismo de 1492, el caso de Ecuador


Por Esteban Ticona Alejo *-.


El pasado domingo 12 de octubre se recordó 533 años de la invasión española al continente de Abya Yala, mal llamada América Latina y el Caribe. A pesar de los años transcurridos las profundas secuelas se siguen reproduciendo en las diferentes sociedades de nuestro continente. ¿Cuáles son esas consecuencias? Formas de genocidio, racismos extremos, formas de opresión y explotación, extirpación de la espiritualidad ancestral, represión brutal en supuestas democracias. En fin, nos faltaría espacio a la larga lista de otras atrocidades delinquidas en curso.

Nos toca reflexionar sobre Ecuador, que vive momentos muy difíciles, sobre todo la población ancestral, los afrosecuatorianos y sectores urbano populares. El Gobierno democrático-dictatorial de Daniel Noboa, como parte de la profundización de sus políticas neoliberales, decretó la eliminación de la subvención al diésel que afecta a la ciudadanía ya depauperada. Les declaró la guerra total a los indígenas y podríamos afirmar: ¡ya es guerra de exterminio! Hasta el momento existen tres indígenas asesinados (dos varones y una mujer), muchos heridos, diferentes apresados y numerosos maltratados. Ya no es posible denominar democracia cuando en la práctica se gobierna matando a los ciudadanos indígenas con militares, policías y sin ningún estupor.

Hay dos temas que nos llaman la atención: 1) el intento de la toma de la ciudad de Quito, la antigua ciudad de Kitu kara, por los pobladores indígenas y bajo la batuta de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (Conaie); y 2) el corte del huango o trenzas a dos indígenas kichuas de Otavalo, por miembros de las Fuerzas Armadas.

Sobre lo primero, hay que recordar que la fundación de las ciudades coloniales por los españoles en Abya Yala –sobre otras ciudades ancestrales– fue justificado porque suponían que era un continente casi vacío, con poca población y sin cultura. El historiador argentino José Luis Romero nos recuerda que la mentalidad fundadora posibilitó la creación del sistema político y administrativo colonial, los usos burocráticos, el estilo arquitectónico, las formas de vida religiosa y las ceremonias civiles, de modo que la nueva ciudad comenzó a funcionar como si fuera una ciudad europea extendida a las que se superponían, ignorantes de su contorno, indiferente al mundo subordinado de los indios, los mestizos conscientes y los negros.

Pero, a pesar del colonialismo triunfalista, el peligro de un levantamiento de los indios e indias se mantuvo latente en muchas ciudades y obligó a sus pobladores a mantenerse en pie de guerra. Por eso crearon la ciudad-fuerte, la ciudad-fortín, que les garantizaba la unión del grupo colonizador, la continuidad de sus costumbres y ese ejercicio de la vida “noble” que se había grabado en su memoria de emigrados.

A pesar de más de cinco siglos de colonialismo, todas estas ideas y actitudes urbanas han permanecido y fueron recreadas por los descendientes de los colonizadores, hoy atrincherados en políticos demócratas procoloniales.

El anuncio de la Conaie de ir hasta Quito ha despertado un furibundo rechazo de los demócratas en función de Gobierno y sus allegados. ¿Qué pasaría si arriban los miles de indios e indias a Quito? Existe la suposición de que destruirían la ciudad, que incluye a sus habitantes (por ejemplo, se citan lo sucedido en 2019 y 2022). Escuché en redes sociales declaraciones de indígenas que dicen: “¿si nosotros hemos construido, por qué no podemos destruir lo que nos oprime?”.

Sobre el segundo tema. Otavalo está ubicado al norte del Ecuador, es una de las regiones kichuas más indígenas y las más cosmopolitas. El y la indígena otavaleño, a partir de su identidad, ha llevado al mundo su forma de ser, su arte y música. Una de las características de los varones es utilizar la vestimenta ancestral y el cabello largo o huango, como se denomina.

Según información difundida por redes sociales algunos militares ignorantes detuvieron a dos jóvenes en las movilizaciones sociales de los últimos días y como sanción por su participación les cortaron esa larga caballera. Puede parecer muy banal lo sucedido, pero en esa acción cobarde tiene gran contenido racista y de rechazo social al indio. Es una afrenta abierta contra el pueblo kichua de Otavalo, y extensible a los pueblos ancestrales del mundo por las políticas coloniales aún vigentes. No se trata simplemente de la pérdida del huango o cabello largo, sino es un atentado abierto a una manera de ser, de vivir, y que es vilmente humillada por ignorantes militares.

En redes sociales hay un estupor por lo sucedido, pues el huango representa el símbolo de la sabiduría ancestral. En esta acción se demuestra que las prácticas coloniales han retomado viejas experiencias como las de siglos pasados, donde se pretendía erradicar la forma de ser indígenas. Ecuador markana, jilata kullkanaruxa wali uñisipxi, isk’achapxi. Amtawipa, sarawipa tukkhan munapxi, jiwayapxiwa jilata kullakanaru. Arsusiñasawa.


* Sociólogo y antropólogo aymara boliviano.

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