El miércoles 24 de abril de 2013, a horas 19:00, en la Vicepresidencia del Estado Plurinacional, se presentará y entregará el libro Guardianes de la Memoria: Diccionario de Archivistas de Bolivia, impreso por la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional y la Vicepresidencia del Estado. La obra fue compilada por Luis Oporto Ordóñez con la colaboración de Carola Campos Lora, Edgar Ramírez y Gonzalo Molina Echeverría.
El Diccionario Biográfico de Archivistas es una obra pionera a nivel mundial. En medio de las 812 semblanzas biográficas, subsume la historia misma de la Archivística boliviana. En la época prehispánica los ancianos de la séptima calle (quipucamayoc y amawtas) administraron la memoria administrativa e histórica del incario. En la Colonia los escribanos acompañaron a capitanes y a curas en la fundación de ciudades: Pedro de Azebedo (Laja); Francisco Gallego (Santa Cruz de la Sierra), y Francisco Fernández de Maldonado (Tarija). El Virrey Francisco de Toledo emitió desde la ciudad de La Plata, una célebre ordenanza para el establecimiento del Archivo del Cabildo de la Plata en la jurisdicción del virreynato del Perú.
En la época de las sublevaciones indigenales, Bonifacio Chuquimamani y Pedro Obaya “El Rey Chiquito” fueron escribanos de Julián Apaza (Túpac Katari). En general todos los jefes, incluyendo Bartolina Sisa y Gregoria Apaza, tenían escribanos a su servicio. En la Revolución desarrollada a partir del 16 de julio de 1809, el Escribano Manuel Cáceres fue designado como escribano de la Junta Tuitiva, organizó una milicia conformada exclusivamente por escribanos en alianza con líderes indígenas aymaras. En la Guerra de la Independencia, el Irlandés Florence O’ Leary fue el archivero de campaña del Ejército Unido Libertador, quien además de combatir también debía conservar los archivos. En tanto, los papeles personales del Libertador Simón Bolívar estuvieron a cargo de la célebre Manuelita Sáenz (conocida como la “Libertadora del Libertador”), que luchó junto al prócer y fue con él en su viaje a Potosí.
Instalada la República de Bolívar, los diputados Ángel Moscoso, José Ignacio de Sanjinez y Manuel María Urcullu fueron los primeros archiveros del Poder Legislativo. En 1875, José Rosendo Gutiérrez organizó los documentos del Cerco de La Paz, que se encuentran actualmente en la Biblioteca Central de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). El cruceño Gabriel- René Moreno personalmente dirigió el salvamento de los archivos coloniales de la Audiencia de Charcas y los incipientes del Estado; diseñó un plan de organización del Archivo General de la Nación, que sirvió de base al proyecto de ley de 18 de octubre de 1883 que presento Demetrio Calvimontes, para concretar la creación de ese repositorio.
En 1864, ante la facilidad de la población para olvidar los agravios, el derrocado presidente José Maria Achá sentenció: “En Bolivia no hay memoria”. Como para confirmar el aserto, la tropa del Gral. Mariano Melgarejo quemó lo papeles de la Casa Nacional de Moneda, en el departamento de Potosí. No obstante su sistemática destrucción, la memoria oficial ha sobrevivido gracias al esforzado trabajo de hombres y mujeres que a lo largo de la historia han destinado su existencia en ese afán. La trayectoria de aquellos hombres y mujeres está sintetizada en el Diccionario Biográfico de Archivistas de Bolivia, que abarca 185 años de historia republicana y, en gruesas pinceladas, la época prehispánica y colonial; hasta nuestros días.
El siglo XX domina la monumental obra de Gunnar Mendoza (Sucre), Armando Alba, Mario Chacón (Potosí), Alberto Crespo (La Paz), José Macedonio Urquidi (Cochabamba) y Hernando Sanabria (Santa Cruz de la Sierra), quienes fundaron los archivos históricos en esas capitales.
Muchos presidentes de la Republica, han ingresado a la historia por haber promulgado leyes en beneficio de los archivos como Andrés de Santa Cruz (1833: Código Civil, de Procederes y Criminal), José Ballivián (1846: Ley de Archivos Públicos), Narciso Campero (1883: Creación del Archivo General de la Nación), Germán Busch (1938: incorpora el régimen cultural en la Constitución Política del Estado), Gualberto Villarroel (1947: Normas del Patrimonio Bibliográfico y Documental), Víctor Paz Estenssoro (1989: Declara de interés nacional a las documentaciones públicas, prohíbe su destrucción y ordena el establecimiento del Repositorio Intermedio de la Nación), y el actual mandatario, Evo Morales Ayma (2009: Competencias de los gobiernos autónomos departamentales, locales e indígenas en la administración y gestión del patrimonio cultural del Estado en la nueva Constitución Política).
Un puñado de extranjeros aportó al desarrollo de los archivos bolivianos, entre ellos el archivero franciscano Manuel Mingo (levantó el primer inventario del Archivo Franciscano), el ingeniero prusíaco Ernesto O. Rück (primer director del Archivo Nacional de Bolivia); la francesa Marie Helmer (estudió los archivos coloniales de Potosí); Lewis Hanke (editó con Gunnar Mendoza la monumental Anales de Villa Imperial de Potosí de Bartolomé Arzans Orsúa y Vela y Guía Geográfica e Histórica de Potosí de Luis Capoche); el gran Theodore Schellenberg (Padre de la Archivística Mundial; ofreció conferencias en Potosí en 1961), Jurgen Riester (organizó los archivos indígenas de las tierras bajas), etc.
Detrás de esta galería de personajes está un ejército de archiveros y archiveras bolivianos, que de forma anónima construyeron la infraestructura archivística contemporánea. A pesar de ser desconocidos, su obra es tan grande y monumental como los ejemplos que hemos enunciado.
* Editor de la obra. Es historiador y archivista. Docente Universitario y Director de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional.

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