agosto 20, 2026

Un 14 de septiembre

¿Qué ocurrió realmente el 14 de septiembre de 1810? ¿Si hubo una revolución cuál fue su contenido? Dominada en las primeras horas de la mañana la tropa española, esa tarde se instaló un Cabildo Abierto en Cochabamba. En la sala del Ayuntamiento, en la vereda Oeste de la Plaza de Armas, se ubicó “el pueblo”. Es presumible empero que a más de las autoridades del Cabildo y de las corporaciones religiosas y los encopetados y poco numerosos “vecinos de distinción”, estuvieran dentro y en las proximidades, gentes arribaron de los valles de Sacaba y Quillacollo, junto a la variopinta y masiva población urbana de hombres y mujeres de clasificación mestiza. En estos cambios, en aquellos que representaban a la ciudadanía, radicaba la revolución en curso.

El 23 de septiembre, en la ciudad de Oropesa del Valle de Cochabamba, se juró fidelidad a la Junta de Buenos Aires, celebrando una procesión cívica y una misa. La Provincia conservaba su representación, pero en rigor la cedía y se “sometía”, a una otra entidad mayor (Buenos Aires) por su doble condición de capital virreinal y líder del rechazo a las políticas digitadas desde Cádiz. Se carece de relatos de las figuras simbólicas que acompañaron la toma de posesión de las nuevas autoridades. Los rituales sin embargo no debieron ser diferentes a los que se estilaban entonces. Al concluir la misa, el sacerdote, capellán del flamante Cabildo y orador sagrado bilingüe, Juan Bautista Oquendo, dio un discurso desde el balcón de la institución a la multitud reunida en La Plaza. Sus palabras plasmaron la justificación de lo ocurrido el día 14 y sentaron la doctrina para el futuro inmediato. Al leerla podemos figurarnos la composición social de la asistencia. El orador se dirigió al “ilustrado ayuntamiento, a los cuerpos eclesiásticos, aguerridas tropas y todo el noble vecindario”. No lo dice explícitamente, pero vecindario ya no cobija solamente a los “vecinos de honor”, sino al conjunto de la población urbana y rural que se incorporaba en la escena política al calor de la crisis de autoridad reinante. Lo quisieran o no los criollos adinerados, la realidad de las armas lo imponía. De este modo, cercaba el recinto, población que acudió de los valles cercanos; la mayoría armados de hondas, palos o macanas y uno que otro fusil o sable; las “mañazas, chifleras y chicheras” de rostro cobrizo emergían también amparadas tras sus largos y filosos cuchillos. La plebe, o la “gente de baja esfera” como se decía entonces despectivamente, quería ser protagonista, no un sujeto pasivo.


*    Es historiador
    keynes73@yahoo.com

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