octubre 23, 2020

El sujeto social y no el Estado, es más revolucionario

El vicepresidente del Estado Plurinacional ha identificado, en su discurso de instalación de la Asamblea Legislativa, las contradicciones fundamental, principal y secundarias. Y lo hizo a partir de establecer el horizonte estratégico del proceso de cambio: el Socialismo Comunitario del Vivir Bien y, por tanto, hacer referencia al sujeto histórico encargado de garantizar ese proyecto emancipatorio: el bloque indígena-campesino-popular.

La intervención no deja lugar a dudas. Al señalar que la contradicción fundamental continúa siendo con el imperialismo, el segundo hombre al mando resalta el carácter antimperialista de la Revolución Democrática y Cultural que se inició, formalmente, en diciembre de 2005 con el triunfo electoral de Evo Morales y los movimientos sociales. De eso hay bastantes ejemplos.

También ha sostenido que la contradicción principal entre ese bloque indígena-campesino-popular, hoy elevado a la categoría de clase dominante, y ese bloque de la sociedad con intereses ajenos a los del país y que hace causa común con el imperio para tratar de evitar la profundización del cambio, generará tensiones. Alvaro García Linera los ha llamado los cachorros del neoliberalismo, aunque, desde un horizonte socialista, es el capitalismo y no solo el neoliberalismo al que se debe vencer.

Empero, ha hecho bien el Vicepresidente al sostener que hay empresarios patriotas con los que también hay que recorrer ese tránsito hacia una nueva sociedad en la que exista una convergencia entre los intereses generales de todos y los intereses particulares. Esta es un rasgo ineludible de la transición, seguramente larga.

Hasta ahí, todo bien. Si bien es la lucha y no otra cosa la que ayuda a resolver esas contradicciones a favor del pueblo, quizá no ha quedado muy claro que es desde el establecimiento de un nuevo tipo de relación entre Estado y movimientos sociales, todavía no configurado, como se avanza en esa dirección. Es más, todo Estado, por definición, tiene a ser conservador en la medida que se institucionaliza y modera la capacidad auto-organizativa, auto-representativa y auto-emancipativa de las clases y los movimientos sociales.

No es el Estado, por muy plurinacional que sea, que va a derrotar al imperialismo y a los que lo personifican dentro del país. Es la movilización social permanente, la ampliación y el desborde de la democracia, la que va a sentar condiciones favorables para organizar la vida social de manera distinta a la organizada por y desde el capital.  Eso implica encarar la resolución de la “tensión creativa” entre Estado y movimientos sociales, a favor de los últimos, lo cual al mismo tiempo es partir de la premisa: cada vez menos Estado, cada vez más comunidad, más auto-organización de los productores libres. Es decir, es el sujeto social y no el sujeto institucional (el Estado) el que debe determinar los ritmos de avance hacia esa sociedad con igualdad de derechos y oportunidades para todos.

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