octubre 25, 2020

Vientos de cambio: Promoviendo un nuevo paradigma

por: Fernando Huanacuni

El proceso de cambio que emerge en la región, desde la visión de los pueblos ancestrales indígena-originarios, irradia y repercute en el entorno mundial, no es sólo un proceso de orden político, económico o social, es un proceso que está promoviendo un nuevo paradigma y a la vez uno de los más antiguos: el “paradigma comunitario de la cultura de la vida para Vivir Bien”.

Bajo la influencia de este momento histórico, toda la sociedad está inmersa en tiempos de cambio y como generación, tenemos que coadyuvar con estos cambios empezando por una seria reflexión respecto a cómo estamos viviendo actualmente.

Mientras en muchos espacios aún se sigue hablando de progreso y desarrollo, otros ya comprendieron lo que éstos han traído consigo, y han comenzado a abrir sus mentes y sus corazones para escuchar otras propuestas de vida. Necesitamos además de un cambio de gobernantes, o de otras políticas sociales o económicas, un cambio no sólo de actitud, sino un cambio de forma de vida.

Los complejos respecto a quién “era mejor” para dirigir nuestras vidas, “mejor” para gobernarnos, han permitido que por muchos años en Bolivia tengamos gobernantes que sólo nos han empobrecido y más aún hasta llenado de vergüenza. Porque algunos creían que un “buen apellido”, un montón de títulos y quizás un acento extranjero eran indicadores de que “sabía más”.

Los complejos a cerca de qué profesiones “son mejores” hacen que no sólo en el sistema educativo actual sino principalmente en la casa se convenza a los niños y jóvenes que las profesiones exitosas son las ingenierías, o la administración de empresas, o la medicina, la abogacía, etc. Y producto de esto hay demasiados profesionales en estas carreras, es decir, la oferta supera a la demanda, pues no se necesitan tantos gerentes, ni tantos abogados, ni tantos médicos en nuestra sociedad. Esto a su vez genera desempleo y todavía nos atrevemos a pedir que sea el gobierno el que tiene que generar más empleos. Exigimos industrias cuando lo que nos falta para eso son técnicos, pero técnicos no hay muchos porque pocos deciden estudiar “carreras no tan exitosas”. Seguramente a todos nos ha pasado que hemos necesitado un buen albañil, un buen plomero o un buen electricista y nos ha costado mucho encontrarlo, a veces porque el que es bueno es muy solicitado porque hay muy pocos, o quizás porque sencillamente el que podía ser un buen electricista porque esa era su capacidad natural, ha estudiado medicina o derecho.

Lo cierto es que todavía no comprendemos que las soluciones a nuestros problemas no van a venir de afuera, sino de un cambio de nuestra forma de pensar y de vivir. Incluso si no hubiese claridad en nuestros gobernantes, nuestra propia claridad, exigiría por sí sola que éstos se aclaren, pero al parecer todavía no estamos dispuestos a cambiar.

Nos estamos quejando y hasta desesperando de la falta de azúcar, cuando si conociéramos las ventajas de consumir menos azúcar, empezaríamos de inmediato. Pero hay quien dice no, la gente está muy acostumbrada al azúcar. Y es bien sabido que cuando la demanda reduce los precios reducen también. Está en nuestras manos combatir a quienes se prestan para desestabilizar al país y a los especuladores que lucran con nuestros miedos y apegos.

Padres e hijos son presas del consumismo, un consumismo que no sólo está acabando con la Madre Tierra sino hasta con nosotros mismos, y aún así no terminamos de despertar, de liberarnos y comenzar por nosotros antes de pedir que los demás cambien. La cultura de la vida, promueve precisamente la vida, no la muerte, ni la enfermedad, ni la dependencia, ni la infelicidad. Tenemos mucho por lo que debiéramos agradecer….Es tiempo de dejar de quejarnos solamente, cuando en muchos lugares a nuestro alrededor realmente no tienen nada que comer y hasta sus casas han perdido. Dejemos también de ser presas de nuestros prejuicios y comenzar a escuchar otras voces, otros vientos que ya están soplando y que nos están convocando a renovar nuestras vidas.

¡Jallalla!

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