octubre 21, 2020

Bestiario: Maquiavelo y Hobbes

por: Mariana Zeballos

En esta travesía de reflexión sobre el Estado empezaré recuperando una frase de Foucault que se utilizó en el artículo inaugural de este espacio en el Semanario La Época, frase que dice: “Desde hace siglos el Estado ha sido una de las formas de gobierno humano, de las más extraordinarias y también de las más temibles (…) desde sus comienzos el Estado fue a la vez individualizante y totalitario”. Es a partir de esta pequeña frase -puesto que sintetiza a cabalidad muchas de las teorías sobre el Estado y principalmente las que se desarrollarán a continuación- que se puede empezar la descripción de lo que significó el Estado para clásicos de la Ciencia Política como Nicolás Maquiavelo y Thomas Hobbes, teorías que si bien han sido escritas hace ya muchos siglos continúan siendo referentes infaltables a la hora de discutir el Estado y el arte de la política.

A pesar de que el tiempo y el espacio no fueran un común denominador entre Maquiavelo (Italia, 1469-1527) y Hobbes (Gran Bretaña, 1588-1679), comparten concepciones básicas del ser humano que han dado lugar a sus más conocidas y grandes obras, El Príncipe y Leviatán, donde elaboran teorías de legitimación del Estado y del poder casi totalitario que dicha forma de gobierno debiera tener. Ambas parten de una concepción negativa, pesimista de la esencia del ser humano, concepción que los lleva a realizar sus planteamientos teóricos. Por un lado un manual de cómo gobernar para saciar esa ambición natural del hombre de una manera que la naturaleza “ingrata, voluble, hipócrita, falsa, temerosa del peligro y ávida de ganancias”(Maquiavelo, 1998: 125) del ser humano no lleve el gobierno al fracaso ya que “es mucho más seguro ser temido que ser amado” (Maquiavelo, 1998: 125) y por otro lado una concepción básica de la necesidad del Estado ya que “el hombre es el lobo del hombre” y es el único medio para precautelar la seguridad, la convivencia y sobre todo la paz entre seres humanos.

No es de extrañarse que al indagar en los contextos históricos que a cada uno -por separado- le tocó vivir, nos encontremos con que fueron contextos convulsionados por guerras y crisis político sociales de violencia y crueldad, lo que posiblemente podría explicar sus posiciones pesimistas frente a la naturaleza humana. Sin embargo los motivos que dieron nacimiento a sus teorías es algo que no nos ocupa del todo en este análisis, ya que dichas teorías fueron más de una vez utilizadas, recuperadas recurrentemente a lo largo de la historia hasta nuestros días y consolidándose como una de las bases para la construcción de otras tantas nuevas, siendo ésta precisamente su riqueza, la de permanencia y de utilización a través del tiempo independientemente de los diferentes contextos.

Posiblemente parte de este pesimismo antropológico se encuentre inserto en la recurrente práctica de ambos autores de comparar al hombre, al ser humano con bestias, a partir de una analogía de sus comportamientos, ya sea como animales violentos y astutos -lobos, zorros, leones- o como un monstruo bíblico -Leviatán- a la hora de describir el deber ser del gobierno para lograr una efectiva gobernabilidad en un medio de seres humanos repletos de malas intenciones, egoístas, traicioneros y falsos. Es desde esta concepción negativa de la naturaleza humana de donde surge la inquietud de desarrollar este primer análisis del Estado a partir un bestiario 1 de estos autores, para dibujar sus teorías y conceptos.

Nicolás Maquiavelo en su obra El Príncipe reconocida por aportar con una mirada realista, perversa, lejana de principios moralistas donde “el fin justifica los medios” parte del principio fundamental que son los seres humanos los que traicionan, conspiran y se venden, por lo tanto para lograr un buen gobierno, un buen Estado -que regule el mal comportamiento de los seres humanos- el Príncipe debe incluso llegar a ser cruel de manera rápida, contundente y bien aplicada, es decir cubierta por una buena imagen donde éste parezca “clemente, fiel, humano, religioso, sincero”. Es en este sentido que Maquiavelo utiliza dos ejemplos de animales, de bestias, para comparar el actuar del gobernante, señalando que éste debe semejarse a “un zorro, para conocer las trampas y un león para espantar a los lobos” (Maquiavelo, 1998: 122). Lobos entendidos como los infieles gobernados que no dudan en traicionar y engañar debido a su naturaleza ambiciosa, es por este motivo que el gobernante no debe dudar en proceder de una manera aún más cruel para normar el comportamiento mal intencionado de la población en general.

Cercano a este planteamiento se encuentra la teoría del Estado de Thomas Hobbes quien señala que el ser humano en su estado de naturaleza es perverso, con su conocida frase “el hombre es el lobo del hombre” se puede observar que parte claramente de la misma concepción negativa del ser humano que tiene Maquiavelo, donde todos los hombres tienen en común la ambición de riquezas y de poder llevándolos a enfrentarse en una guerra de todos contra todos que al final de cuentas no permite ningún tipo de desarrollo ya que según Hobbes los seres humanos comparten un instinto destructivo, de violencia hacia el otro que amenaza constantemente la vida del resto para obtener beneficios ajenos, reforzando así una concepción individualista del ser humano, que por naturaleza lo único que le importa es la conservación de su propia vida y la única manera de lograr esta seguridad de la vida y de alcanzar la paz es mediante la constitución de un Estado.

Para la conservación de la gobernabilidad Maquiavelo afirma que “más vale ser temido que amado” ya que éste respeta más a quien tiene miedo -por temor al castigo- que a quién ama, debido a la naturaleza perversa intrínseca del ser humano. Recurriendo nuevamente al bestiario para el análisis de éstas teorías, nos encontramos con que según Maquiavelo hay solamente dos maneras de combatir y lograr la gobernabilidad, la primera es a través de las leyes y la segunda es a través de la fuerza, método para las bestias, el autor propone una combinación de ambas según convenga para mantener el poder, todo esto bajo la concepción de que el ser humano es malo y que para poder gobernarlo se debe utilizar herramientas efectivas como la fuerza y las buenas armas. El gobernante para tratar con los gobernados debe saber actuar como una bestia. Teoría que denota el carácter totalitario que debe imprimir el gobernante dentro del Estado para conservar y ejercer el poder.

Sin embargo la analogía utilizada por Hobbes para explicar la constitución del Estado no es nada menos que la comparación, la semejanza con una bestia, un monstruo bíblico, el Leviatán a quien se lo describe como un hombre artificial capaz de detener ese estado de guerra de todos contra todos al fundar un Estado sin límites. La constitución de este Estado se da a través de un contrato por el que los hombres renuncian a los derechos que tenían en el estado de naturaleza a cambio de que el Leviatán les garantice orden y seguridad, donde el Estado es totalitario en el sentido de que el contrato contempla que las obligaciones son de los gobernados con el soberano y su cesión de libertad es total porque la teoría de Hobbes justifica que dicha cesión es la única manera de evitar la guerra de todos contra todos y por lo tanto hacer realidad el deseo individual de cada ser humano de conservar su vida. Este Estado todopoderoso descrito por Hobbes es una bestia, un hombre artificial que atemoriza a los ciudadanos, utilizando al igual que Maquiavelo el factor del miedo como un mecanismo de control del comportamiento perverso del ser humano.

Como se ha podido observar a lo largo de toda la explicación y el análisis de las teorías de estos dos autores y como se señala en la frase introductoria de este breve artículo comparativo, el Estado desde sus primeras teorizaciones “ha sido una forma de gobierno extraordinaria y a la vez temible”, ya que su existencia y ejercicio han sido argumentadas de diversas maneras, utilizando concepciones totalmente pesimistas de la esencia o naturaleza humana por lo que se justifica que la única forma de gobernarlos es a través del temor, de la amenaza o por último de la concesión total de libertades para la constitución de un Estado y o un gobernador todopoderoso. Por ejemplo Hobbes justifica mediante su teoría de seres humanos ambiciosos y mal intencionados la necesidad de un tercero que regule su comportamiento para que no se destruyan mutuamente, sirviendo ésta de argumentación para que el Leviatán sea la única fuente de poder capaz de hacer y deshacer las leyes. En un sentido bastante parecido y también fundado en la naturaleza perversa de los hombres, Maquiavelo justifica el carácter totalitario del gobernante al utilizar la fuerza y el temor como herramientas válidas para el logro de una efectiva gobernabilidad y conservación del poder. Sin duda la utilización de bestias que atemorizan y que detentan todo el poder o de bestias que se comparan con los instintos bajos del ser humano, no es una simple coincidencia en ambas teorías.

Bibliografía

  • BOTELLA, Juan; CAÑEQUE, Carlos, et al (eds.) 1998 El pensamiento político en sus textos de Platón a Marx (2º ed. Madrid: Tecnos)
  • MAQUIAVELO, Nicolás 1998 “El Príncipe” en Botella, Juan; Cañeque, Carlos, et al (eds.) El pensamiento político en sus textos de Platón a Marx (2º ed. Madrid: Tecnos)

 

*     Politóloga.

1    Libros, compendios de bestias, que sobre todo durante la Edad Media describían animales.

 

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