octubre 31, 2020

El proceso de cambio comenzó con el pelo largo

Hermano… ama tu raza

cobrisa… tu tierra es hermosa

hermano… vive tu historia

no imites… culturas extrañas

adora… tu raza de bronce

destruye el mito… de pueblo enfermo

tu tierra… es grande y hermosa

ahora es tiempo… que pienses en ella

 

        El Inca-Wara

 

El proceso de cambio comenzó con el pelo largo, con el rock, con las sonoridades de nuestras raíces autóctonas entrecruzadas con las de Deep Purple, Grupo Aymara, los Beatles, Uriah Heep o Yes; con la cercanía de la muerte del Che, de los guerrilleros de Teoponte, de Tania y con el vivo recuerdo de Benjo Cruz y sus versos extraídos de sus vivencias con el Ejercito de Liberación Nacional y que encontró la muerte a la edad de 27 años, a diferencia de las muertes de Janis, Hendrix o Morrison pero que también dejaron huellas. Sumadas a las resonancias de la revolución sexual y los “hippies” que habían impregnando en las aulas, pasillos y patios de la San Andrés, la San Simón o la René Moreno en medio de la dictadura.

Un proceso que se nutría de un legado que anhelaba revertir la subjetividad que se nos había impregnado con el “pueblo enfermo” enarbolando la raza de bronce a la que tan bellamente, ya habían retratado Guzmán de Rojas, Borda, Alandia Pantoja, Solon Romero, Vaca o los Imaná, entre otros grandes. Y a su modo desde la pluma Fausto Reinaga a través de sus ensayos y su tesis filosófica, inicialmente marxista, alimentaban la reivindicación india.

Y quizá por la amplificación radiofónica, del cine, la prensa y algunas revistas juveniles se condensaban esos centenarios anhelos por hacer de este mundo … un mundo mejor, por eso cuando aparecen en escena y en el éter El INCA, para muchos fue una irreverencia, y para otros la posibilidad de descubrir y apreciar nuestra indianidad profundamente vital pero clandestina, subordinada… menospreciada, aunque el maestro Sanjinés ya nos había desgarrado las entrañas de la memoria con Yawar Mallku y Ukamau.

 

incas justos y valientes

no robes, no mates y no mientas

era ley de aquellos tiempos

un día volverá esa justicia

sobre todas las maldades

 

renacera….

renacera….

 

        Renacerá Wara

 

Vertientes que a su vez se condensarían con el legado de Luther King, con las aperturas de la Era de Acuario, pero que impregnarían profundamente nuestras jóvenes y adolescentes subjetividades, y es

 

que en esa suerte de aparente pastiche emblemáticamente representada en el pelo largo se estaban redefiniendo otras formas de ver el mundo, al menos se soñaban con otras formas de abordar la realidad social… un futuro con justicia.

 

Wara y el ya mítico INCA a su modo condensaba una de las vertientes de ese proceso de cambio y desde las escenas juveniles bandeando la dictadura y la represión por peli largo y joven amenazante se entretejía la historia que hoy nos cobija. Eran los años en que no estamos ajenos a Woodstock y cuya influencia también se apoderaba de nosotra/os, y como no, la visionaria Mecha Kunkar al mando de Radio Chuquisaca organizó el Festival del TAWANTINUSYO, considerado modestamente el Woodstock boliviano. Los que tuvieron la ventura de presenciarlo recuerdan que a pesar de ser un caótico fue memorable, incluso se cuenta que pasó haciendo música Juanito Conitzer. Lo que si se grabó fue la escena inédita en que se mezclaron de manera contundente awayos, ponchos indios, pelo largo, rock, sonoridades autóctonas y en una suerte de transgresión y reivindicación juvenil de identidad distinta.

Proceso que se va nutriendo con la fuerza de los “50 de Marzo”, Manantial, los Climax, Antares o Mandrill y de otras vertientes como la grandeza musical y pictórica de Alfredo Domínguez con el virtuosismo de sus cuerdas, versos profundos, premonitorios e irreverentes que nos advertía de las paradojas de la migración, la discriminación y el retroceso de la Directiva del Retorno.

Procesos de cambio en los que cine, la nostalgia obviamente beatlera, la televisión, rock, pop, fm´s, educación popular, reivindicaciones democráticas, comienzan a fraguar el ascenso del esperanzador Pachacuti, un periodo que nos deja legados musicales estupendos como los de

 

Khanata, Lira Incaica, Edy Navía y Gerardo Arias de Potosí, entre otros, donde la fuerza de la indianidad, el mestizaje y las influencias ya globales configuran bandas sonoras que se impregnarán en el éter y en las memorias juveniles.

Son años cuando en las aulas universitarias se gestan otras intelectualidades que vislumbran, de diversos modos, el regreso del Pachacuti, un tiempo largamente anunciado y esperado para desplazar los 500 años de extirpación y exterminio y otras casi dos centurias no exenta de calamidad, exclusión y tensionamientos. Ya para entonces el unisex, el pelo largo, las chuspas y mucho de la indumentaria indígena se han apoderado de las juventudes; sin embargo, aparecen otras fisuras, los desencuentros entre roqueros, poperos, amantes de “la música comercial” o los bohemios guitarreros que en algunos casos marcan límites infranqueables como entre izquierdas y derecha.

Las sonoridades de los setenta se han anclado en las subjetividades juveniles, la potencia creativa de Wara con el Maya o el Paya se consolidan como un hito reivindicativo de nuestra indignidad para coexistir con otras vertientes nacionales como la de los Junaro, Jenny Cárdenas, Jechu Durán, Luis Rico, Juan Carlos Orihuela y como no, la propuesta del maestro Prundencio, entre la otros quijotes de las artes musicales, además de la Nueva Trova Cubana con el entrañable Silvio, Pablo y Vicente Feliú, la nueva música latinamericana, la Negra Sosa, Serrat, la ola roquera de Sui Generis, Seru o los ritmos potentes y apasionados de Black Sabath, Génesis y como no los Stones, Pink Floyd, Fleetwood Mac, los Mody Blues o el gran poeta y humanista Lennon, que nos desgarraba el alma cuando pedía un mundo sin fronteras.

 

Imagina que no hay países

no es difícil de hacer

nadie por quien matar o morir

ni tampoco religión

imagina a toda la gente

viviendo la vida en paz…

Puedes decir que soy un soñador

pero no soy el único …

 

        Imagina John Lennon

 

Un proceso de cambio que también ponía en cuestión la heterosexualidad, para entonces el unisex ya era parte de un pasado casi arqueológico, con la emergencia de otras identidades gays, lesbianas o trans reivindicativas de derechos, siguiendo la huella de Bowie, Warhol o Freddy Mercury, como las de Boy George, Elton John de manera más abierta, pero también desde nuestra latinidad con Juan Gabriel y la gran Chavela Vargas. Los telones de fondo eran por supuesto Foucault, de Beauvoir, Sontang, Margaret Meat y la prolífica post modernidad. Y si bien en este lado del mundo esas rutas todavía seguirían siendo duramente reprimidas por nuestras profundas costumbres y religiosidades inquisidoras, las influencias se anclaban en las subjetividades, incluso sin que nos demos cuenta.

Telares sonoros y visuales que desde las propuestas juveniles configuraban rutas interculturales ya no sólo alternas, sinó con propuestas que buscaban sepultar el trauma del -pueblo enfermo- con su lógica corrupta, de saqueo colonial, excluyente y de quimeras señoriales; que se negaba a capitular a pesar del retorno a la democracia, lamentablemente devaluada por los saltos a ríos de sangre y los tan mentados pactos de gobernabilidad.

Para entonces ya habían calado las demandas de los movimientos sociales indígenas, de los pueblos originarios reclamando sus derechos fundamentales para acortar siglos de abismos y exclusiones, en medio de otras sonoridades de divertimento folclórico, de hit´s efímeros, de reminiscencias roqueras con poca innovación, aunque con una vitalidad investigativa y bibliográfica sorprendente, a pesar de la ausencia de políticas culturales…. pero en los que está vigente el anuncio del Pachacuti, el anhelo de ver despertar al Tunupa, a la Pachamama cada vez más desangrada por la irracionalidad tan profundamente humana…. aunque claro, las sonoridades se mezclan con las nostalgias del Inca, del rock progresivo, del hip hop del Plan 3.000 o el alteño, las desazones cotidianas y las esperanzas de cambio con el vacío reguetonero, la vilipendiada villera y cada vez menos pelos largos.

 *     Feminista queer

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