octubre 28, 2020

Rezago autonómico y desafíos ineludibles

El desmontaje de un Estado y la construcción de otro no es una tarea fácil. Todo lo contrario: está lleno de peligros y contradicciones. En su intento se puede, sin que esté en el cálculo político, incorporar algunas cimientos y dinámicas de funcionamiento que reproduzcan las relaciones de poder caducas y antiguas, en desmedro de otra nuevas y emancipadoras.

No es una tarea sencilla, por hablar de Bolivia, desmontar el viejo Estado -monocultural y colonial- y tener construido, al mismo tiempo, el Estado Plurinacional y autonómico. Eso requiere tiempo, más aún cuando el objetivo es que el nuevo Estado sea cualitativamente distinto al anterior y síntesis del proyecto histórico orientado a la superación de todo tipo de enajenación.

De ahí que el rezago que existe en la implementación de las autonomías, a las cuales se las debe mirar como proceso y no como un solo acto, sea perfectamente entendible y al mismo preocupante. Esta claro que las entidades territoriales autónomas requieren, para ser tales, de una serie de condiciones objetivas y subjetivas favorables que existen insuficientemente.

De ambas condiciones, son las segundas las más importantes pues eso implica pensar al territorio de una manera radicalmente distinta de la que se pensó en el viejo Estado. Los gobiernos subnacionales pueden tener recursos y disposiciones constitucionales que les favorezcan, pero si no hay capacidad de ejercicio la implementación de las autonomías continuará a paso lento. De hecho, en la mayoría de las entidades territoriales autónomas se percibe un trabajo no articulado entre el Ejecutivo y la Asamblea, cuya atribución legislativa no termina de apreciarse. En el caso de las autonomías indígenas, en las que reconstituir formas de autogobierno es el principal desafío, las dificultades de acceso a recursos representan un gran problema.

Estas dificultades de asumir las tareas autonómicas, que no es responsabilidad del gobierno central, se explican por una ausencia de criterios de gestión, legislación y fiscalización, pero también por la falta de una nueva manera de concebir las relaciones entre los gobiernos subnacionales con el gobierno nacional y de ellos entre si.

Lo grave es que las demandas de la coyuntura actual requieren un accionar activo de los gobiernos subnacionales, por ejemplo para articular lógicas productivas de corto y mediano alcance que alejen el riesgo de una crisis alimentaria que amenaza a todo el mundo. Si hay un lugar de dónde es posible avanzar en esa dirección es el departamento, el municipio y las autonomías indígenas. Es desde las entidades territoriales autónomas que se puede modificar radicalmente el patrón de desarrollo y contribuir al proceso de igualación social que ha arrancado con el proceso de cambio.

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