octubre 28, 2020

Políticas comunicacionales modernas

Toda política busca resultados, en el caso de la comunicación los resultados pueden y deben medirse a través de la respuesta obtenida del público meta, a las estrategias y campañas que forman parte de una política comunicacional. La comunicación política buscar resultados específicos y uno de ellos se expresa en el voto del ciudadano a tiempo de elegir a sus gobernantes. Otro tipo de interpretaciones o mediciones, subjetivas y viscerales, no tienen valor alguno.

Hace algunos días leí con sorpresa, en estas mismas páginas, que “el gobierno del Presidente Evo Morales carece de una política comunicacional, institucional, moderna” y me alegré de que así fuera, si es que como esa “modernidad comunicacional” debe entenderse el manejo de los mensajes del gobierno y del presidente a cargo de expertos norteamericanos, que le digan qué color de ropa usar, en qué momento sonreír, cuándo soltar un chiste o de qué lado mirar a las cámaras, para mostrar su mejor perfil.

El presidente Evo Morales no requiere de esas “políticas modernas” para comunicarse con el pueblo. Lo hace cotidianamente de una manera simple, sencilla, tal vez arcaica o antigua y nada científica para algunos periodistas e investigadores de la comunicación, pero con resultados por demás exitosos. No en vano desde que asumió la presidencia, en enero de 2006, ha logrado subir su popularidad inobjetablemente, popularidad expresada en las votaciones obtenidas en varios comicios, manifestaciones populares y democráticas, entre ellos el referéndum revocatorio convertido en ratificatorio por voluntad soberana del electorado en 2008 y su elección por un nuevo periodo constitucional tras la aprobación de la Constitución Política del Estado.

Qué político o gobernante, de cualquier parte del planeta no estaría conforme con esa política comunicacional, con llegar personalmente, cara a cara (face to face seguramente les gustará más a nuestros comunicólogos) a todos los rincones del país y allí no solo sentir el calor humano de un apretón de manos o de un abrazo, escuchar lo que piensa esa gente, sus críticas y sus reclamos y no tener que esconderse detrás de mensajes grabados, con palabras aprendidas de memoria, con gestos estudiados para cautivar a su audiencia.

La “chompita” o los asesores extranjeros, entre otras cosas que se suelen mencionar para observar la comunicación gubernamental, no son más que anécdotas que no tienen ningún otro valor que ese. El presidente y su gobierno desarrollan una política comunicacional sencilla, directa, veraz y transparente, con errores seguramente, con muchos aciertos si observamos los resultados de preferencia electoral, una política que no requiere del profundo y sesudo debate teórico comunicacional, sino de la intuición, lealtad y consecuencia de quienes son los responsables de llevarla adelante.

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