octubre 28, 2020

«Las alfombras no son para los trabajadores, son para los partidos burgueses». Egipto y su nueva democracia burguesa

por: Julián Rivas *

Ciertamente, la pequeña burguesía no hace revoluciones. Las revoluciones modernas las hacen fundamentalmente los trabajadores, la clase obrera, el pueblo, campesinos, incluso, participan en ella los soldados, como ocurrió en la revolución bolchevique. Oiga bien, los trabajadores y sus aliados.

En Egipto existen dos elementos principales para la trasformación social: Uno de orden social y económico. Nos remite a Antonio Gramsci y su idea de que las revoluciones no se hacen solo con los trabajadores, sino que también se activan todos los afectados por el modo de producción capitalista, es decir, las «clases subalternas». El otro componente es el islámico, en el cual la Hermandad Musulmana ya tiene décadas construyendo una hegemonía alternativa mediante la penetración de la sociedad civil y la construcción de un discurso anti-hegemónico en el cual el gobierno de Mubarak no pude competir. Es por eso el terror a la democracia verdadera en Egipto por parte de las potencias occidentales e Israel: unas elecciones libérrimas, y arrasa la Hermandad, tal cual como pasó en Argelia y en la Franja de Gaza.

Les encantan las alfombras

Son las clases trabajadoras las que en todos estos años han impulsado las luchas revolucionarias en Túnez y en Egipto. Los sindicatos, legales o no legales, pero especialmente los ilegales han tenido un gran protagonismo. Mucha represión por medio, sin que los organismos de derechos humanos burgueses de Estados Unidos y Europa dieran cuenta del atropello. Hace apenas dos años, se gestó el Movimiento «6 de abril», en el delta del Nilo. Esas eran luchas de miles de obreros. La censura se imponía, y la represión del estado trató de acabar con el movimiento, porque el sindicalismo oficial negaba esas luchas. Ahora le niegan entrar a los palacios a los sindicalistas que arriesgaron el pellejo en Túnez. Las alfombras no son para ellos, son para los partidos burgueses. Un problema para el Egipto que se rebela será construir una sociedad democrática y socialista. En todo caso ese es un problema de la humanidad. Eso no es asunto de religión o cultura, estas matizan la vida de los pueblos, pero la fundamentación económica y sus contradicciones están ahí, latentes, reprimidas, y a la vez que explotan en la cara, y requieren superar escollos.

Los que no quieren ver a los trabajadores en los nuevos gabinetes ministeriales deben saber que las luchas siguen. Siempre estallarán las contradicciones sociales, tarde o temprano. Es una lucha anticapitalista y por una nueva democracia, necesariamente revolucionaria. La lucha de clases desborda cualquier precepto de religión, no hace diferenciaciones entre norte y sur. Se da en todos los planos, en sociedades ricas y pobres. Con monarcas o sin ellos. Pues, tengan la seguridad que en el futuro también caerán las monarquías de Europa.

En Egipto y el mundo árabe en general, las organizaciones islámicas son poderosas. Por un momento del siglo XX fueron ajenas a la construcción de los nuevos estados. Igualmente, fueron ajenas a la construcción del socialismo. Recordemos que fue en el siglo XIX -cuando las potencias europeas invadieron la región e impusieron formas capitalistas-, el momento en que las sociedades islámicas descubren algo con que no contaban: la ganancia. La transformación de la plusvalía en ganancia, y lo que eso representa, ahora es cuando las organizaciones islámicas comienzan a verlo como un asunto nodal.

Estas luchas del Medio Oriente no se quedarán en el asunto de la alternabilidad, el respeto a los poderes de Montesquieu, parlamentarismo, la paja y las alfombras. Hay un problema, la construcción de la economía, el desarrollo, la integración, y la cuestión social. Las organizaciones islámicas están abordando el asunto social desde hace décadas, por lo menos cuarenta años, por aproximación sucesiva a esa realidad social, por la vía del asistencialismo cuando menos, pero el punto del socialismo queda pendiente. Hay una referencia: lo que hizo Gamal Abdel Nasser, bautizado socialismo árabe, que incluso hizo reforma agraria, impulsó la educación y enfrentó a Israel.

Por supuesto que las élites quieren llevar las luchas a las alfombras de los palacios. Quieren que el pueblo regrese a sus casas, en medio de promesas de elecciones, seguramente fraudulentas. Como si de eso se tratara el asunto. Como si casi cuarenta años de salvajismo neoliberal no hubiera dislocado esas sociedades.

Estados Unidos maniobra. Israel maniobra. Imaginen un régimen que les entrega el gas a los israelíes, al igual que una refinería (Caso Merhav, de José Maiman, el padrino israelita de Alejandro Toledo, el peruano). Maniobran los franceses. Maniobra Europa. Pero entre los obreros hay gente que ha aprendido.

Las élites siguen creyendo que los pueblos siempre pierden. Intentarán llevar saludos de electoralismos, democracias burguesas y promesas de inyección de dinero, miles de millones de dólares, que no resuelven el asunto de fondo: Las relaciones entre trabajo y capital. Pero así es el mundo, lamentablemente.

Las falsas democracias

La represión policial-militar no es exclusiva de los gobiernos del tercer mundo, al estilo Mubarak. La prensa globalizada de hoy engaña. El fascismo y el nazismo es producto de los estados centralizados de Europa, en el cual las burguesías y las reminiscencias feudales, reyes que todavía existen como en España, trataron de salvar su sociedad de clases. Al menos hasta el sol de hoy han tenido éxito, pero el futuro no les luce claro. Esa ola del Medio Oriente llegará algún día a Europa. Seguro. Pero todavía los teóricos burgueses aseguran que la muy culta Europa es manantial de la «democracia».

Con estados centralizados o descentralizados, dictatoriales o disfrazados de democracia, la burguesía siempre intenta reprimir a los trabajadores. El sociólogo Michael Mann hace un aporte significativo sobre Estados Unidos y las luchas de los trabajadores. Es una lectura ejemplar para las luchas democráticas de hoy. Dice Mann que en la misma medida en que el estado norteamericano era fragmentado, como estado confederal o federal, la represión contra los trabajadores no fue de un estado-nación centralizado, sino descentralizado. Hasta las leyes laborales se formulaban por iniciativa de los estados, no del gobierno federal. Algunas eran conciliadoras, casi todas eran represivas. Unas respondían a estados altamente industrializados, otras a estados agrícolas. Unas eran progresistas, otras marcadamente reaccionarias, muchas eran racistas. «Era pues difícil que surgiera una idea de totalidad de clase extensiva a escala nacional, incluso para las víctimas de los tiroteos».Argumenta Mann que los trabajadores estadounidenses fueron víctimas de segmentalismos tales como partidos locales, división entre trabajadores nativos e inmigrantes, divisiones étnico-religiosas, y la llamada maquinaria de patronazgo de las ciudades. Todo esto contribuyó «a fragmentar la conciencia totalizadora de clase». Es por eso que las luchas de clase fueron, y siguen siendo, débiles en el gigante capitalista del Norte. «La clase y nación no son cosas opuestas, por el contrario, se refuerzan entre sí, y cuando falta alguna de ellas la otra se debilita, como ocurrió en Estados Unidos. La reducción de la clase a las relaciones en el puesto de trabajo, una de las tendencias comunes del periodo, llegó aquí más lejos que en ningún sitio», agrega.

El problema no es Mubarak, o que la mujer de Ben Alí se haya llevado tonelada y media de oro cuando escapó de Túnez, el gran problema es la sociedad capitalista que pretende actuar legalmente, con instituciones, para que una clase minoritaria robe a los pueblos, con represión mediante. Con la organización de los trabajadores y con poder para los mismos, la democracia a instalarse en aquellos pueblos no sería burguesa. Por eso las maniobras burguesas, por eso Suleiman (el militar) y El Baradei (el tecnócrata conservador) como agentes gringos y europeos. Por eso los israelíes están asustados. Por eso buscan generales favorables al orden establecido. Ya verán como insisten y como la gran prensa sigue engañando.

* Ex embajador venezolano en Oriente Medio.

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