octubre 26, 2020

Las olas de Abaroa

Eduardo Abaroa vuele y vuelve, como golpes de agua contra la playa. En el momento crucial luce como el héroe aceptado sin controversias y el único que genera intersubjetividades que nos dan sentido de unidad y de un pasado común. En la posguerra del Chaco, la ritualidad respecto al 23 de marzo de 1879 se extendió revalorizando ese pasado y no el de la reciente guerra confrontación con Paraguay. Para Benedict Anderson, las naciones son comunidades imaginarias que se construyen a partir de diferentes artefactos simbólicos. Desde la segunda década del siglo XX un héroe criollo ligado a la oligarquía, como Abaroa, fue exaltado como posibilidad unificadora de la nación.

“Nacionalismo y Coloniaje”, de Carlos Montenegro (1943) será decisivo para dar otro giro a la interpretación de la conflagración con Chile. El ideólogo del MNR la miró bajo esquema nación/anti nación; pueblo versus antipatria. “Chile que quiere ser Chile, tiende a afirmarse como nación, mientras Bolivia bajo la tuición suicida del espíritu colonial, tiende a no ser Bolivia”, afirmó. Hilarión Daza, ya no fue descrito como un “cholo iletrado” capaz de rifar el Litoral por celebrar un carnaval, sino como el pusilánime representante de las elites extranjerizantes y del imperialismo inglés y chileno.

Montenegro incorporó a los cholos e indios, los marginados de siempre, como protagonistas de la guerra con Chile. Son estos “cholos, indios y blancos -la bolivianidad reanimada por la certeza del peligro que amaga su existencia-ofrendan la vida en holocausto de la patria durante la guerra con Chile”. Lo popular y no lo aristocrático contenía la sustancia de la reivindicación marítima. (La nominación del Bono Juancito Pinto, niño indígena, es una herencia de las intuiciones de Montenegro).

Dando un paso más, el autor incorporó la dimensión espacial revalorizando el territorio como un componente intrínseco de la nación. El atraso boliviano, dijo, es generado de la inexistencia de una salida marítima, cuya perdida “la más grave de modo terminal para el destino de Bolivia”. Si las elites oligárquicas sucumbieron contra Chile fue porque carecían de conciencia del espacio geográfico y de la unidad nacional. Años más tarde, René Zavaleta, marxista, aunque discípulo de Montenegro, asegurará en tono reproche que los dueños de minas y tierras “No lucharon por aquello que se pensaba como una periferia pura. Les habría parecido sin duda más terrible perder a la Virgen de Copacabana”

*     Gustavo Rodríguez Ostria, es historiador

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