octubre 27, 2020

Control Social y democracia radical

La propuesta de control social en el proceso constituyente

El control social fue un fantasma que rondó la Asamblea Constituyente. Se presentó inicialmente como una manera de institucionalizar a las organizaciones y movimientos sociales. Se situó en algún momento, en algún borrador de texto constitucional, como un cuarto o quinto poder del Estado (un órgano del poder público junto al ejecutivo, legislativo, judicial y electoral), una manera sui generis de ejercicio de soberanía de una sociedad boliviana altamente corporativizada.

La estrategia corporativa ha permitido una serie de luchas sociales muy significativas para la historia reciente de nuestro país.

Fue en el acuerdo de Cochabamba y en la viabilización del texto constitucional en el Congreso, en octubre de 2008, en los que se establecieron los criterios en los que hoy se enmarca y desarrolla el control social en la Constitución Política del Estado (CPE), dejando de lado la posibilidad de conducirlo a un quinto poder.

¿Qué es el control social?

Empecemos señalando que la categoría control social se menciona 18 veces en la Constitución Política del Estado (CPE), es decir es trasversal para la comprensión del texto constitucional. Su presencia puede transformar en parte la comprensión democrática de la Constitución y las distintas formas y maneras de legitimación del mismo.

Esta categoría (control social) aparece relacionada a la calidad y calidez de la salud pública (art.18), la calidad en la provisión de servicios básicos: agua potable, alcantarillado, electricidad, gas domiciliario, postal y telecomunicaciones (art.20), la situación de los derechos humanos (art. 224), la lesión de los intereses del Estado (art.233), la organización territorial y las entidades territoriales autónomas (gobiernos departamentales, regionales, municipales e indígenas) (art. 270), las entidades y empresas económicas de propiedad estatal (art. 309) y las políticas de gestión ambiental (art.345).

Asimismo el control social participa específicamente en:

a)        El diseño de las políticas públicas. Esto quiere decir que la sociedad civil organizada coadyuva a construir la agenda pública sobre la cual se desarrollarán las políticas públicas (art. 241);

b)        En el control de la gestión pública en todos los niveles, es decir la sociedad civil organizada debe participar en la planificación y en el control de la gestión pública, y debe desarrollar este control a nivel del gobierno central, el gobierno departamental, la autonomía regional, el gobierno municipal y el gobierno de autonomías indígena originario campesino, este último se vinculará a los usos y costumbres de los referidos pueblos indígena originario campesinos (art. 241);

c) El control a las empresas e instituciones públicas, mixtas y privadas que administren recursos fiscales (art. 241);

d)        En la construcción colectiva de las leyes apoyando de esta manera al Órgano Legislativo (art. 242);

e)        En el manejo transparente de la información (art. 242);

f)  En las formas de transparentar de los candidatos a cargos públicos apoyando de esta manera al Órgano Electoral (art. 242).

El control social no posee mecanismos coercitivos en su participación, y podríamos señalar que la sanción del control social es en realidad un regaño moral. En este sentido el control social es una instancia de legitimación al actuar de las entidades e instituciones estatales y gubernamentales y el marco general de su organización depende de una futura ley del control social, que en busca de una eficacia performativa debería ser construida con una amplia participación de la sociedad. Sería contradictorio que la ley del control social no haya sido realizada con la participación del control social.

Pero, ¿quién encarna el control social?, es decir, en definitiva ¿quién o quiénes serán el control social?, ¿podemos resumirlo en sociedad civil? Estas preguntas son necesarias pues el fantasma de la institucionalización de las organizaciones sociales ronda en la pre-comprensión del sujeto de esta categoría.

El sujeto del control social

La CPE establece un Título específico para el tratamiento de la conformación delcontrol social (art. 241 y 242), determinando como sujeto que lo ejerce (que lo encarna) al pueblo soberano a través de la sociedad civil organizada. Debe leerse con detenimiento este “a través”. Inicialmente podríamos relacionar el control social al ejercicio directo de la soberanía del pueblo, conforme lo establece el artículo 7 de la CPE (“La soberanía reside en el pueblo boliviano, se ejerce de forma directa y delegada”), otra lectura podría referirse a que la sociedad civil organizada es en si una representación del pueblo y sería otra forma de ejercicio delegado de la soberanía, sin embargo ninguna de estas lecturas resuelve a qué denominamos sociedad civil organizada, que sería en si la determinación final del sujeto, un sujeto en apariencia plural.

El carácter de sociedad civil organizada puede estar relacionado a dos ámbitos: un ejercicio de derechos políticos de los ciudadanos, conforme lo establece el artículo 26 de la CPE:

“Todas las ciudadanas y los ciudadanos tienen derecho a participar libremente en la formación, ejercicio y control del poder político, directamente o por medio de sus representantes, y de manera individual o colectiva”.

 

O se puede relacionar al ámbito corporativo, es decir a los grupos, sean organizaciones sociales u otras formas corporativas de gestión política en el espacio público, habilitando a la manera inicial en la que se intuyó al control social en el proceso constituyente.

Si se privilegia sólo la segunda interpretación es posible que el control social sea una organización social corporativa como el CONALCAMB con el riesgo de desnaturalizar a las mismas organizaciones sociales por su cercanía a ser institucionalizadas como parte del Estado, y además, que se corra el riesgo de cancelar otras formas ciudadanas de participación afectando el carácter plural que parece descansar en el texto.

¿Qué posibilidades de interpretación plural del control social podemos argumentar, para ir más allá del espacio corporativo?

Deconstruir el control social

Primero la indeterminación misma de la categoría de control social y de la noción de sociedad civil organizada puede abrir múltiples posibilidades de lectura. No debe olvidarse que aquello que llamamos control social en la CPE fue estructurado, inferido, de capas sobre capas, textos sobre textos, pliegue sobre pliegue y que en consecuencia leer el texto constitucional supone siempre un des-pliegue de la categoría.

Sabemos que el control social lo ejerce un sujeto, en un espacio y lugar concreto, pero el texto no precisa en si al sujeto, lo encierra en un velo de indeterminación denominada sociedad civil que se auto organiza. Podemos a la vez des-plegar la noción inicial: el control social se refería a una sociedad en movimiento, a una sociedad/movimiento cuya característica era la pluralidad antes que la unidad.

No debe olvidarse que de acuerdo al artículo 1 de la CPE: Bolivia se funda en la pluralidad, es decir la sustancia en la que se funda el Estado boliviano supone el reconocimiento de una pluralidad previa, anterior. Este es un dato por demás interesante, debido a que no se parte de la unidad pueblo, sino de la pluralidad relacional que construye al Estado. Esta pluralidad no conforma en última instancia una síntesis, sino que habilita un proceso complejo de política, entendida esta última como democracia.

Segundo, tomando a la pluralidad como momento previo y constitutivo de la sociedad (y del Estado), el control social presenta (o se presenta en) un sujeto en devenir (que llega una y otra vez), un sujeto en movimiento, pues no hay forma de agotar finalmente y de manera definitiva la pluralidad del pueblo soberano en una sola forma de organización, pues éste es en si una polifonía de voces a momento de pluralizarse en sociedad(es) civil(es) organizada(s). No podríamos entonces hablar sólo del CONALCAMB, sino de un control social en devenir mucho más amplio y en constante reinvención. Si los constituyentes quisieron (y parece que así lo hicieron) que el control social refleje la pluralidad y polifonía de voces que reconstruían lo público, esta pluralidad y esta polifonía no puede agotarse en la unidad.

Tercero, esta pluralidad/multiplicidad/devenir la podemos denominar “coral”, en el sentido de polifonía de voces. En este caso lo “coral” es partera de la multiplicidad. La condición coral opera desde una suerte de multi lugar, pues tiene la condición de hablar desde lo múltiple, desde el nosotros, que no se cerraría a la unidad. Un nosotros central, departamental, regional, municipal e indígena que tiene por condición de ser el antagonismo de la pluralidad. Uno varios nosotros de escrituras plurales en la construcción colectiva de las leyes. En este sentido es muy sutil la CPE al establecer que la ley de control social será sólo una ley marco general y que será la sociedad la que se auto organizará. Una vez más el control social estaría siempre en un devenir constante.

Cuarto, esto nos lleva a que el control social no es un control ciudadano individual per se, sino un control ciudadano y un control público que abre un plural que no puede nunca terminar de llenarse. Una gramática plural que siempre está abierta al otro, pues como se dijo no termina de llenarse nunca. Entonces el control social se convierte en un exceso de trascendencia, pues parte de una pluralidad constitutiva del Estado y se mantiene como pluralidad en devenir.

Quinto, si aceptamos la condición coral (de coro polifónico) del control social, se abre una situación sui generis de realización performativa. Es decir el control social sólo puede existir en acto, es decir en el momento mismo en que se expresa, en que se convierte en locus, en voces situadas, y no debe perder de vista su carácter plural, polifónico, es decir de muchas voces. Esto significa que desde el momento en que se enuncia el sujeto del control social, desde el momento en el que habla el control social, es siempre posible que éste pluralice sus voces. Entonces el control social no puede nunca agotarse. Tiende, en si, a abrirse (tiende a lo abierto), incluso en las organizaciones sociales el control social supondría una constante reconstrucción de su posición de sujeto ante el Estado, es decir las organizaciones sociales si buscan ejercer control social deben comprender que su razón de ser se encuentra en la reinvención plural de sus diálogos, y a la vez en una estructuración ética de su conformación, pues es un control hacia el Estado.

Sexto, el control social se ejerce ante/contra el gobierno, pues es a éste al que se exige, al que se coadyuva, al que se lo controla, al que se denuncia, así sea sólo moralmente. El control social no puede comprenderse como parte del gobierno, pues cumple una función política estratégica: tiende a legitimar y reconstruir al Estado, y lógicamente no lo podría validar si estuviera dentro de la lógica de un Estado moderno clásico.

La condición del control social sería entonces la de un productor de la reinvención de lo público. Dicho de otra manera, lo público ya no es sólo el Estado, sino que el Estado es reconstruido constantemente por el control social como condición de su legitimidad. El control social reinventa lo público desde otros espacios, y a la vez alimenta al Estado y sus instituciones no sólo en la conformación de la agenda pública y la gestión gubernamental, sino en esta construcción colectiva del Estado Plurinacional Comunitario que se señala en el preámbulo:

“Asumimos el reto histórico de construir colectivamente el Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario”

 

Esta reconstrucción debe (debería) llevarnos a reflexionar sobre la praxis política del control social que no puede ser otro que la radicalización de la democracia.

Radicalizar la democracia

Ir a la raíz de lo que denominamos democracia supone la posibilidad de comprender que la misma no es sólo un ejercicio electoral que se desarrolla cada cinco años. La democracia es mucho más. La democracia es siempre un devenir, no se cancela con ningún representante.

La democracia debe ser comprendida como el movimiento mismo de la sociedad plural, como la manera en la que se gestiona la pluralidad (este coro, esta polifonía de voces). La sociedad en movimiento supone espacio, temporalidad, aceleración, deconstrucción de las relaciones de poder. La actividad política de esta pluralidad agónica se transforma en democracia.

Entonces el sujeto del control social no puede ser otro que la sociedad plural en movimiento, en demanda constante de radicalizar la democracia: de abrirla, de expandirla, de acelerarla, de cercar y deconstruir el Estado. Esta sociedad en movimiento supone en si la re-construcción, re-invención y des-pliegue de lo público, que no puede ser subsumida en la lógica de la representación.

La representación más allá de ser el resultado (muchas veces) de una gimnasia electoral, supone una no presencia del representado. La pluralidad no puede ser representada pues se arriesga en convertirse en unidad. La representación cancela la pluralidad y reproduce el espacio público como condición de dominación.

Des-plegar lo público, supone inicialmente releer las capas de textualidad del texto constitucional. El texto es en si un texere un entretejido, y en él lo que llamamoscontrol social es siempre un poco más, es siempre una posibilidad que excede. Este exceso nos lleva al movimiento coral del control social. Entonces en un segundo momento, una vez que el texto constitucional nos muestra, nos devela su exceso, el movimiento mismo de la sociedad no puede ser cancelado, debe de realizarse. No hay, no habrá control social si éste no se realiza en acto, si éste no reconstruye las formas de relacionamiento con el Estado, y en el fondo si no reconstruye el Estado.

El control social entonces puede suponer un poder de realización de lo público, cercando y disolviendo el espacio público de dominación por una nueva realización de lo público.

*     Abogado y epistemólogo.

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