octubre 26, 2020

Antecedentes de un polémico camino

Al menos desde 1765, se busca conectar a Cochabamba con las llanuras de Moxos. La pretensión se intensificó tras expulsión de los jesuitas en 1767, y las amenazas portuguesas de penetrar, desde el actual Brasil, hacia los territorios del Norte del Virreinato, las actuales Beni y Pando. Otros objetivos para construir la vía,, fueron evangelizar a los Yuracarees y fomentar el comercio entre Moxos y Cochabamba, evitando una larga vuelta por Santa Cruz, como aun hoy ocurre.

En la Republica, los proyectos camineros, dada la precariedad de la senda para mulas construida por los españoles, se intensificaron. Desconociendo la geografía y carentes de recursos fiscales, el propósito no cuajó. De modo que hasta mediados de siglo XIX, alcanzar los actuales Chimoré o Villa Tunari, implicaba un azaroso viaje de una semana; sin contar los cuatro días de navegación hasta Trinidad. Pocos se aventuraban a ese recorrido. La preocupación por hacer la ruta más expedita, se hizo visible a fines del siglo XIX. Las elites terratenientes cochabambinas había perdido los mercados para sus productos, en manos de la competencia extranjera, gracias al ferrocarril entre Antofagasta y Oruro, y la política liberal que impulsó la i burguesía minera de la plata.

El mercado mundial les dio un inesperado respiro, cuando la extracción de la goma, abrió una plaza para sus productos. Una plaga de camineros se empeñó entonces en contradictorios proyectos para alcanzar Trinidad. En una sola cosa coincidían todos. Eran apenas caminos de herradura. El secreto consistía en hallar un paso entre las montañas que rodean los valles y un puerto natural sobre los ríos Chimoré o Chapare, para navegar hasta Trinidad. No se pensaba atravesar el territorio comprendido entre el Isiboro y Secure (Actual TPNIS), ruta considerada incómoda.

El proyecto más completo, en 1911, lo presentó el magnate minero Simón Patiño. Propuso un tren y no una senda para mulas. La vía llegaría hasta las márgenes del río Chimoré. No logró consenso. En 1928 volvió a la carga. Planteó realizar a su costo un camino para automotores y construir un puerto sobre el río Chapare o el Chimoré. La misma ruta pensada desde la época colonial. Al grito de Ferrocarril o Nada, terratenientes y comerciantes desbarataron el proyecto. Los vínculos con el Beni solo se retomaron medio siglo después como parte de la agenda cívica. En este largo tramo de dos siglos poco importó a los sectores dominantes cochabambinos los intereses de los pueblos indígenas, como ahora, —sorpresivamente— parecen haber descubierto. La historia puede explicar el pasado, pero no siempre justificar el presente.

*     Gustavo Rodríguez Ostria es historiador

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