junio 20, 2021

¿Quien se lleva el producto colectivo?

En la enseñanza ortodoxa de economía se muestra al mercado como el resultado de fuerzas naturales que llegan a un equilibrio sin que nadie conscientemente conduzca a ese destino. Es un mecanismo en el que todos los seres humanos participan, ya como productores, ya como vendedores, ya como consumidores o simplemente como poseedores de algo que permite gozar de un ingreso o un interés pecuniario. Nadie escapa al mercado y sus resultados. Cada persona actúa como individuo y como tal aporta al mismo lo que tiene para vender y recibe de él lo que tiene que cobrar, ni un peso más ni uno menos.

Los principios que mejor reflejan este pensamiento son los dos teoremas de Pareto. El primero indica que en la posición de equilibrio de mercado nadie puede mejorar su posición sin que desmejore la posición de otro. Por supuesto detrás de este pensamiento esta la idea de absoluta igualdad entre los seres humanos al momento en que el mecanismo del mercado se inició. Absoluta en cuanto a lo que los seres humanos poseían en amplios ámbitos; materialmente, intelectualmente y como ejercicio de poder en el más amplio sentido de su ejercicio. Hay que imaginarse una sociedad en la que nadie influye en el comportamiento de ningún otro y en la que al darse cualquier transacción el resultado es un nuevo estado de equilibrado bienestar de todos. Es algo así como que después de comprar o vender todos se regocijan y elevan cánticos por el don de disponer de un mercado libre y competitivo que preserva el equilibrio social, económico y político. El que participa en el mercado lo hace porque así lo quiere y acepta dichoso su resultado.

El segundo teorema de Pareto apunta a las modificaciones que pueden existir a partir de la original distribución y que solo, única y exclusivamente pueden darse por y a través del mercado. Cualquier intento de evitar el mercado o hacer que el Estado interfiera en la asignación de recursos rompe el natural y frágil equilibrio que lo caracteriza. La acumulación en manos de unos es resultado del mercado y es siempre alcanzado como consecuencia de actos deliberados de cada uno de los miembros de la sociedad que acepta la acumulación en manos de unos cuantos como uno más de los resultados naturales del funcionamiento del mercado. Si cualquiera que no acumuló encuentra la forma de hacerlo, por ejemplo, porque desarrolla un nuevo método de producción o porque desarrolla una habilidad particular, luego podrá acumular sin que nadie consiga decir que actuó impulsado por engaño o desconocimiento. En estas sociedades del mercado perfecto no existe la acción de fuerza sino el intercambio basado en un conocimiento enciclopédico de todo lo que se compra y vende en el mercado.

De esta manera se puede concluir que en esta sociedad no existe opresión de ninguna clase y que en su evolución las desigualdades han sido aceptadas como el natural resultado de la interactuación entre seres humanos libres en todo sentido. Además, el camino para su transformación está abierto a quien quiera usarlo puesto que el mecanismo de mercado no niega a nadie su participación, por el contrario, la participación de todos es la razón misma de su existencia.

Se participa en el mercado como individuo, como tal se recibe sus frutos. Nadie recibe favores de nadie, todos merecen lo que tienen y nadie puede obtener un valor mayor de lo que puso en el mercado y así es reconocido por toda la sociedad. El mercado es, por lo tanto, no solo el mecanismo de asignación de lo que cada persona obtiene en la vida sino que es también un excelente mecanismo moral. Dice a todos lo que es bueno y lo que es malo. Bueno es respetar el mercado y obtener lo que se puede al participar en él. Malo es oponerse a sus reglas y sus consecuencias. Malo es aceptar e instigar a que el Estado, por ejemplo, intente alterar sus resultados distributivos o hacer que los que son grandes, por acumulación o poder, no sigan acumulando riqueza y más poder. Es un mecanismo, entonces que sanciona como ubicuo juez lo moral como también lo políticamente correcto o incorrecto.

Así, la acumulación del capital es creación de uno y nunca es social. Es resultado del sacrificio personal, nunca del uso o abuso de una posición de privilegio. No hay la posibilidad de reconocer que una innovación, sea invento o sea un distinto modo de hacer algo, tenga como fundamento la gestación social e histórica de conocimiento y trabajo humano que engendra valor socialmente acumulable. En la perspectiva de los principios de Pareto el individuo es todo y la sociedad nada. Ni siquiera reconoce el aumento de la producción fruto de mayor división del trabajo como el directo efecto de una colectividad, en laque cada participante en un proceso de producción por si solo no puede aumentar el producto. Por lo tanto no concibe que únicamente cuando el ser humano actúa como parte de un todo, colectivamente integrado, es capaz de obtener un aumento del producto social.

Si todo es resultado del individuo incluso el fruto colectivo debe ser atribuido a algún individuo. Si todo es resultado del accionar personal no hay un dueño colectivo de nada, por lo tanto, desde el conocimiento que crece por la acción e interacción social debe ser atribuido a uno solo, hasta el resultado de la innovación y el incremento del producto. Ambos resultados históricos de sociedades que se desarrollan, deben ser necesariamente atribuidos a un solo individuo.

De esta manera la sociedad capitalista toma al mercado y por supuesto, a este pensamiento, como los sólidos pilares que dan sustento a las justificaciones de todas sus acciones y reacciones. No solo la pobreza queda así explicada sino que también así justifica o racionaliza su expansión y preservación a todo costo. Una base material que encuentra sus expresiones superestructurales para que las clases dominantes las utilicen y políticamente impongan su voluntad como la representación más democrática de todos los miembros de la sociedad.

*          Es economista.

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