junio 12, 2021

La racionalidad económica y la producción colectiva

La racionalidad que predomina en el pensamiento construido en la ciencia de la economía domina los criterios no sólo de esta ciencia sino ha incursionado en terrenos de otras ciencias sociales. Es una forma de analizar el comportamiento humano restringida a una valoración de lo que es bueno a partir de la satisfacción personal. Si satisface al individuo, ergo es bueno, es positivo, es digno de acumularse. Por supuesto que aquello que satisface a una persona puede incitara querer más de lo mismo y evitar aquello que no satisface.

Si me siento bien charlando con fulanito busco frecuentar a esa persona y, si es el caso contrario, evitaré a la persona que me incomoda. Tan simple como estas afirmaciones le dan consistencia a la racionalidad económica. Se aplica a un producto que consumo con gusto como a un libro que leo con placer. Llevado este racionamiento al ámbito de las interrelaciones humanas entre productores y vendedores se llega al mercado. En los mercados la gente vende lo que valora menos para comprar lo que valora más. Todos hacen fundamentalmente lo mismo y así se genera un equilibrio de diversos intereses en el que todos concluyen con lo que querían y, se puede decir, encuentran la felicidad al llegar a ese punto o al menos se sentirán un poco más satisfechos que antes de hacer la transacción.

Desde esta perspectiva todos buscan lo que les satisface en una forma egoísta y no tiene que porque ser de otra forma. Así, el egoísmo no es malo porque cada uno debe preservar su propio yo. De nuevo nada que pueda objetarse a este punto de vista, puesto que el problema puede estar en el egocentrismo (creerse el centro del universo) pero no en el egoísmo. De esta manera, mercado y egoísmo se complementan y son útiles para explicar el razonamiento económico.

Sin embargo, considero que ver el mundo exclusivamente desde la perspectiva del mercado es sostener una delgada y única lente para observar la realidad. Así como el mercado es fundamental para el desenvolvimiento de la sociedad contemporánea y no se lo puede evitar, tampoco se puede eliminar el egoísmo de las relaciones humanas, pero, no es la única manera en la que los individuos nos comportamos.

Por ejemplo, los seres humanos cooperamos para hacer distintas labores (por supuesto también competimos) y algunas de esas situaciones de cooperación pasan totalmente desapercibidas y, por lo tanto, también sus resultados no se los ve como producto de la cooperación social. Más aún la cooperación en los procesos productivos permite acrecentar el resultado de este proceso. O sea, lo que una persona consigue por si solo sumado a los que otros consiguen por si solos siempre será mucho menos que si actuamos en un conjunto organizado. Esto es, el trabajo resultado de la cooperación organizada dentro de un proceso productivo genera un producto que es sinérgicamente mayor.

Esto es lo que hacen los procesos industriales, por ejemplo, de las cadenas productivas. Cada eslabón realizando lo que mejor sabe hacer como fruto de la especialización del trabajo genera un producto colectivo mayor que si cada individuo tratara de producir un producto individual. En este sentido, la cooperación industrial genera un producto colectivo creado por la existencia de un grupo social que coopera.

El tema central que se deriva de este planteamiento es quién debe beneficiarse del producto acrecentado gracias al mero hecho de haberse gestado la cooperación. En simple lógica parecería que quién debe beneficiarse del producto acrecentado es el conjunto de personas que conforman el equipo de trabajadores. No obstante, no es lo que ocurre en cualquier organización industrial capitalista porque a cada persona se le paga su salario por el esfuerzo que hizo pero no en función adicional al producto colectivo generado por la cooperación con otros. Quien se apropia de lo acrecentado de la producción gracias al trabajo colectivo cooperante es el dueño o dueños de la unidad productiva. Estos, por lo general, no participan del proceso productivo como tal pero se llevan el excedente creado gracias al trabajo colectivo.

Esta es la explicación básica para entender el plus valor relativo, concepto creado por Karl Marx, precisamente dentro de una lógica diametralmente opuesta a la lógica de la economía ortodoxa. Por lo tanto, dentro de una racionalidad que no sólo ve el interés personal y el mercado, sino que observa relaciones sociales entre trabajadores que cooperan y dueños de los medios de producción que se encuentran en una condición de poder como para justificar jurídicamente la apropiación del trabajo colectivo, se tienen que incorporar otros elementos adicionales para comprender una realidad que supera la búsqueda de la simple satisfacción individual.

Si para entender la sociedad plural en Bolivia, a la vez que intentar impulsar el proceso de su desarrollo, utilizamos esta lógica dialéctica, se pueden plantear formas organizadas de procesos productivos en los que la distribución del producto colectivo sea también colectiva. No es necesario, para ello, eliminar el mercado porque es una dimensión que existe y permanecerá con nosotros un largo tiempo más. Es necesario ver las formas y los medios para organizar procesos productivos que acrecienten el producto social y se distribuya éste entre los que efectivamente lo crean.

Be the first to comment

Deja un comentario