octubre 21, 2021

Lo que “no existe” para el terrorismo mediático

Si por los medios de comunicación uno se dejara llevar, la conclusión más importante a la que llegaría es que los gobiernos de izquierda y progresistas de América Latina y el Caribe están fracasando en su empeño por atender las demandas de la población. Y, si del país se trata, a Evo Morales solo lo sostienen las fuerzas armadas, la burocracia y su aparato comunicacional.

Desde sus portadas hasta la inmensa mayoría de sus artículos —noticias y reportajes—, abordan la gestión de los gobiernos como si éstos no estuvieran enfrentando, en ese empeño por satisfacer demandas históricas, a un orden del capital que en el pasado no ofrecía ninguna posibilidad para avanzar en esa dirección. Para estos medios —empresarios y un núcleo de periodistas afines a su ideología—, la diferencia entre ricos y pobres —llámese países o grupos sociales—, no existe ni se debe a causas estructurales que para cambiarlas hay que superar tenaces resistencias del imperio y sus burguesías. Pero sobre todo, que no será fácil desmontar el edificio edificado a imagen y semejanza de las clases dominantes.

Para esos medios —que destruyen la realidad para tomar algunos de sus aspectos y construir la “otra” realidad que nos quieren mostrar—, no hay el pasado que construyó una colonialidad del poder, saqueó nuestros recursos naturales, transnacionalizó nuestras economías, concentró la tierra en pocas manos, excluyó sistemáticamente a las clases subalternas y movió sumisamente las fichas a la sola orden del imperialismo. Es más, para “ellos” no existe imperialismo.

Para esos medios poco importa el crecimiento vertiginoso de las reservas internacionales y si en algún momento lo reconocen se lo atribuyen solo a los elevados precios de las materias primas en el mercado internacional, pero no al buen manejo de la economía por parte del gobierno ni mucho menos del indio Morales. Tampoco existe, para “ellos”, una composición nacional-cultural y clasista en los órganos de poder distinta a la que conocimos en el país de su maravillosa y virtuosa “democracia de pactos”.

Para esos medios —sus empresarios y un grupo de periodistas—, que Evo Morales sea presidente es el resultado de la ley de Participación Popular y no de la insurgencia de “los de abajo”, quienes han decidido tomar en sus manos la construcción de su propio destino.

Ni hablar de los grandes logros que varios países han alcanzado dentro y por fuera del ALBA, al demostrar que otro tipo de unidad e integración latinoamericana es posible. Su mezquindad es tal que no se atreven a reconocer que sin el ALBA y todo lo que se movió después a su influjo, Estados Unidos hubiese impuesto a Nuestra América un ALCA que lo único que habría producido es la crisis que hoy padece Europa y el país de las maravillas.

Eso y mucho de lo que nuestros pueblos y sus gobiernos han conquistado en América Latina en general y en Bolivia en particular es lo que no existe para ese aparato mediático al servicio de la cultura de la muerte y del orden social y económico injusto. Lo que hacen no es casual, es parte de una estrategia política y militar global.

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