octubre 15, 2021

Fidel Castro: el oficio de rebelde

Por: José M. Rodríguez

“Tal vez circunstancias especiales de mi vida me hicieron reaccionar. Pasé algún trabajo desde muy temprano y fui desarrollando, quizás por ello, el oficio de rebelde”.

Fidel Castro es un rebelde. Lo fue desde siempre. Y basta con revisar las páginas de su vida para darse cuenta de que, desde muy pequeño, plantó cara a las injusticias sin importarle de dónde venían. Unas veces desde la rigidez de la familia, y otras desde una escuela interna que lo apartó temprano del hogar y lo ayudó en la formación de un carácter independiente.

Desde joven alimentó su intelecto con cualquier libro que cayera en sus manos y vio en José Martí el patrón a seguir, por la entrega sin límites, la tenacidad para conseguir sus objetivos y el amor desmedido por la patria.

Desde Birán, una hacienda en la actual provincia de Holguín, donde nació el 13 de agosto de 1926, forjó un carácter indomable y desarrolló habilidades que le servirían después en la lucha revolucionaria. Aprendió a tirar, escaló montañas, se convirtió en un gran nadador, hizo deportes, y vivió, de cerca, los sufrimientos de los jornaleros, de los emigrantes que venían desde Haití en busca de un trabajo en las duras faenas de la zafra azucarera, de los campesinos que trabajaban una tierra arrendada con la cual apenas podían alimentar a sus hijos.

Comprendió desde muy joven que Cuba necesitaba de cambios. Miles de niños morían cada año de enfermedades curables y un alto por ciento de la población era analfabeta, mientras un puñado de familias llevaba una vida de esplendor, rodeada de yates lujosos, fiestas fastuosas y gastos ilimitados.

Ingreso en la Escuela de Derecho de la Universidad de La Habana en 1945, y desde 1952, tras el golpe de Estado de Fulgencio Batista, organizó el inicio de la insurrección para terminar con los males que padecía el país.

El 26 de julio de 1953 encabezó al ataque al Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, la segunda fortaleza más importante del país, y aunque la acción fracasó en lo militar, sirvió para llamar a los cubanos en busca de la independencia definitiva.

Fidel asumió su propia defensa por los sucesos del Moncada y dio a conocer el célebre alegato La historia me absolverá, en el cual puso al descubierto los desmanes de la tiranía y la necesidad de un cambio radical a la situación del país, donde primaba el hambre, el analfabetismo y la insalubridad.

Fue condenado y enviado al Presidio Modelo, en la Isla de Pinos, pero la presión popular logró una amnistía y poco después se embarcó a México, donde preparó la expedición del Granma, con la cual se inició la lucha en las montañas orientales hasta conseguir el triunfo definitivo el 1 de enero de 1959.

Desde entonces, el nuevo líder se dio a la tarea de convertir en realidad todo aquello con lo cual había soñado: campaña de alfabetización, escuelas para niños, formación de médicos para rebajar la mortalidad infantil a límites insospechados, reforma agraria para que todos tuvieran un pedazo de tierra con el cual vivir dignamente…

Cuba, bajo la dirección de Fidel, cumplió con el precepto martiano del internacionalismo y miles de cubanos lucharon en África por la libertad de Angola o Namibia, en tanto médicos se dispersaron por países de la mayoría de los continentes con la intención de salvar vidas y llevar la salud a lugares donde nunca habían visto un galeno.

La pequeña isla, a la cual Estados Unidos le impuso un férreo bloqueo económico desde los mismos albores del triunfo, salió airosa en la invasión mercenaria de Playa Girón, se convirtió en potencia deportiva mundial y en ejemplo para aquellos que, desde cualquier rincón del mundo, soñaron con un futuro luminoso.

Mientras, Fidel se convertía en el gran estadista, en el hombre más solidario de este mundo”, como advirtió el presidente boliviano, Evo Morales, hace apenas unas semanas, con motivo del aniversario del Libertador Simón Bolívar.

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