agosto 16, 2026

Llorenti y los medios de comunicación

El ex ministro de Gobierno, Sacha Llorenti, ha presentado hace unas semanas un libro en el que critica duramente el papel de actores políticos que los medios de comunicación tienen en el país y sobre el rol, bastante politizado, que desempeñaron en el tratamiento de la intervención policial a la marcha indígena en la localidad de Chaparina, en 2011.

En el desarrollo del texto, la ex autoridad no se queda en los efectos ni en la crítica simple, para ingresar mas bien a desentrañar las causas y los motivos de fondo por los que una gran parte de los medios de comunicación juegan un activo rol de oposición política al proceso de cambio y al liderazgo del presidente Evo Morales.

El libro de Llorenti puede ser interpretado de dos maneras. Una simplona y atribuir sus contenidos a una actitud de resentimiento del ex ministro con medios y periodistas por lo que dijeron y escribieron de él. La segunda, más bien reflexiva, de encontrar en sus páginas una interpelación al carácter de jueces que la industria mediática pretende tener en todo el mundo para juzgar lo que está bien o mal, y también por jugar un papel político ante la falta de partidos de oposición con cierta viabilidad.

Es evidente que en los medios, ante la falta de partidos de oposición, encontramos la mismas clases y fracciones que fueron desplazados del poder por la revolución indígena-campesina y popular. Son estas clases las que han encontrado en los medios —muchos de ellos de su propiedad— y con la participación de periodistas identificados con sus posiciones políticas, un pequeño espacio para desarrollar una estrategia de desgaste prolongada contra el presidente Morales y el gobierno, a partir de varias matrices de opinión negativas.

Lo que estamos diciendo es que los medios y un grupo de periodistas han ingresado a escena política y su accionar se hace más notorio en directa proporción a la ausencia de partidos de oposición que hasta ahora no han podido presentar proyecto alternativo del que se tiene en el país, ni mucho menos liderazgo y base social de la que dispone el proceso de cambio más profundo de nuestra historia.

El libro de Llorenti debe ser discutido, como todo libro, sin prejuicios y sin posiciones defensivas. Los medios están obligados a esclarecer sus posiciones políticas y de esa manera ser más transparentes con su audiencia. Lo hemos dicho, no es malo tener una posición política, lo criticable es tenerla, desarrollarla y no decirla. La Epoca nunca dejó de manifestar su plena identificación con el proceso de cambio, sin que ello nos cierre el paso a críticas constructivas.

Sea el primero en opinar

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*