Voy siguiendo mi camino
consiente voy de mi suerte
voy desandando el destino
seguro voy de mi muerte
y como sé que yo muero
dejo al pueblo mi canción
porque nosotros los hombres
hoy somos, mañana no….
Benjo Cruz
En el Museo Nacional de Arte continúa la exposición que rememora historias teñidas de sangre, de dolor, de desapariciones forzadas, de derechos violados, extinguidos, de miedos que nos helaban la cotidianidad, las interminables noches y las esperanzas, entrelazadas por el Plan Cóndor, las guerrillas de Ñancahuazú, la muerte de Ernesto Ché Guevara y la incursión de adolescentes y jóvenes universitarios bolivianos, chilenos, argentinos y peruanos que no sobrevivieron a la Guerrilla de Teoponte por hambre, enfermedades, adversidades naturales y los más, acribillados por el Ejército, con algunos jóvenes desaparecidos y que hasta hoy, casi cuatro décadas después no encuentran justicia.
Ese recorrido histórico por la memoria se entrelaza con las sonoridades desgarradoras y la fuerza dolorosamente premonitoria de las canciones de Benjo Cruz, muerto por los Rangers en Teoponte, y que desde entonces su música se anclaría en la memoria revolucionaria del continente, junto con la de Violeta Parra, Víctor Jara o de Atahuallpa Yupanqui amplificadas por las voces de Mercedes Sosa, los Chalchaleros, Horacio Guaraní, Jorge Cafrune y tantos otros grupos del folclores de la región y que se convertían en las bandas sonoras de la generación joven de entonces, traducidas en un recorrido hemerográfico y fotográfico conmovedor.
Son imágenes que se entrelazan con las sonoridades que se anclan en la memoria con propuestas innovadoras como las de Wara que por primera vez en la historia musical del país se fusionan el rock y las sonoridades autóctonas, indagando en la identidad prehispánica propia, expresión juvenil plasmadas en El Inca, considerado una obra fundamental dentro del rock nacional y posteriormente, con la serie de álbumes Hichhanigua Hikjatata inspirada en nuestro pasado prehispánico y en las lecturas de las obras de Franz Tamayo y de Fausto Reinaga con la reivindicación india e investigaciones de la música autóctona en comunidades campesinas del Departamento de La Paz.
Son años en los que también cobra fuerza la obra de Nilo Soruco que desde su exilio en Caracas que transcendía hasta convertir canciones como “La vida es linda”, “Ya la pagarán”, “Duraznero”, “Instantánea”, y sobre todo la “Caraqueña” en indispensables de las manifestaciones interpeladoras:
Qué lejos estoy, qué lejos estoy
de mi ansiedad, mi río, mi flor,
mi cielo, llorando estarán
Pero he de volver, no llores mi amor,
no llores mi amor, nadie le pondrá
murallas a nuestra verdad
Nunca el mal duro cien años
ni hubo cuerpo que resista
ya la pagarán no llores prenda
pronto volveré
Nilo Soruco
Y si bien la dictadura de Bánzer Suárez capituló la memoria reflejada en el Museo Nacional de Arte nos permitirá transitar por las dictaduras que marcaron también la siguiente década, con pasajes desgarradores que dejaron las dictaduras cruentas de Natusch Busch y García Mesa y cuyas víctimas hasta hoy demandan justicia.
* Feminista queer, comunicadora social

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