diciembre 4, 2021

Minimalismo musical

por: Perro del Aire

La oferta musical en la red es abundante estos días, por no decir demasiada. Las emociones disponibles son infinitas. Todos los caminos están abiertos, esperando a ser recorridos y descubiertos. Y aunque la mayor parte de los sitios en Internet están saturados de música comercial que nos viste a todos de uniforme, de Lady Gaga o Daddy Yankee, también es posible encontrar ritmos y melodías más personales, como si las hubiéramos compuesto nosotros mismos.

La tendencia que quisiera compartir ahora es una de esas últimas. Hechas para desnudar nuestra alma y nuestro cuerpo hasta no dejar más que lo necesario y fundamental, nada más que el aire y huesos: el minimalismo.

Aunque existen esforzados ensayos académicos al respecto y las reacciones hacia este género varían desde la más inconciente aprobación hasta la más sorda condena, lo cierto es que su libre disponibilidad en la red ha hecho que deje de ser un privilegio de algunos pocos entendidos en música para ser disfrutada, sin pretensiones, por todo aquel que este dispuesto a hacer un click.

Lo básico

Pero antes de entrar a lo que de veras importa, es necesario hacer un breve repaso sobre la historia de nuestro tema.

El minimalismo musical tiene corta edad (aunque depende de como se lo quiera ver). De acuerdo a la mayor parte de las fuentes, sus primeros pasos se dieron en los EE.UU., en San Francisco, durante la década de los 60s. Se dice que sus padres fueron Philip Glass, La Monte Young, Steve Reich y Terry Riley. Aunque otros dirán que fue John Cage, allá por los 40s.

El punto es que cada uno de ellos desde perspectivas diferentes y con diferentes instrumentos, pero con pocas notas, ofrecieron algo diferente a los estridentes ritmos imperantes de sus días. Una especie de respuesta a un mundo que se había quedado atrapado en lo vistoso, extravagante e innecesario.

Y es eso mismo lo que caracteriza a este tipo de música: trabaja con poco para decir mucho o por lo menos para decir lo más importante. Profundamente emocional, al parecer no muy técnico, al minimalismo le basta con un par de notas y una melodía simple y recurrente para expresarse.

Sea con piano, con guitarra o con un par de tambores, las piezas comienzan con un arpegio, con una nota, pero luego cobran vida por sí solas evolucionando sin saltos desconcertantes. Tan así que da la impresión de que ya habíamos escuchado ese tema antes, que en realidad nos estamos encontrando con un viejo amigo que por alguna razón habíamos olvidado. Pero ahora el amigo ha vuelto y recordamos exactamente por que lo amábamos.

Y ha sucedido antes, en otros artes y con otros nombres. Pongamos por caso a… Eduardo Galeano. ¿Memorias del Fuego? ¿El libro de los Abrazos? ¿Bocas del Tiempo? Pequeñas historias, de sólo unos pocos párrafos, que resumen sentimientos, épocas y vidas. Explicando con solamente algunas sugerencias de quien, como y cuando.

Un mundo por descubrir

La cantidad de músicos de este tipo es basta y se extiende por los tiempos y las geografías. De ahora para atrás, hasta los años 40s. O de aquí, de Latinoamérica, hasta Islandia, España o EE.UU. Aunque por lo pronto sólo puedo sugerir algunos de los artistas que más impacto me han causado en los últimos años.

  • Andrei Machado, el mar y las aves

            Comencemos por acá, por nuestro continente. Por Brasil, exactamente.

            Machado es un joven autodidacta, se dice, y hasta el momento lleva dos discos que respaldan a todos los músicos que, al igual que él, componen por componer, por compartir.

            El primero, Lacuna, tiene ocho piezas que juntas describen un paisaje de playa, palmeras, rocas y gaviotas. Con sólo un piano y algunos arreglos, el autor va más allá de mostrarte el cuadro, permitiéndote meterte en él. Después de unos minutos cualquiera se olvida de que Bolivia es un país mediterráneo y puede respirar y ser acariciado por una suave brisa veraniega. “Achei o abismo, está em mim” y “Después de muertos”, son dos temas que definitivamente deben ser escuchados.

            El segundo, Etant, es mucho más reflexivo y espiritual. Etant, después de todo, quiere decir “existir”. No sabemos cual fue su estado emocional al componer los nueve temas de este disco, pero lo que parece pretender con él no es sumirnos en una confusa crisis existencial sino más bien quitarnos las dudas y darnos, a cambio, la certeza (como una buena noticia) de que estamos acá. De aquí recomiendo escuchar “E, finalmente, deixei o sol entrar”

  • Ben Woods, desesperación, tonos grises y luego paz

            Desde el Reino Unido, este artista resulta ser un panorama totalmente diferente al anteriormente descrito. Usualmente melancólico y discreto, Woods lleva hasta el momento 5 discos gravados que comparten un estilo que mezcla el piano con instrumentos sintetizados por ordenador. No obstante, la carga emocional de cada uno es diferente a la del otro.

            Tomando sólo dos ejemplos. “A Collection of Thoughts (2008)”, su primer disco, expresa cierta tristeza, cierta aceptación de las cosas, que no llega a ser, sin embargo, trágica o dramática, sino más bien liberadora. Algunos temas, como “Running After Clouds” o “About to Fall”, evocan cielos azul grises y climas fríos que, a pesar de todo, son hermosos.

            El siguiente disco, “Moments”, es mucho más dulce y mucho más íntimo. Su piano es, también, más simple. Los sonidos que lo acompañan son como una línea con sólo las curvas necesarias para que las teclas se guíen hacia arriba, elevándonos con cierto optimismo y mirando atrás, contemplando complacidos que todo en esta vida pasa. Los temas “Moments of Realisation” o “After the Wind” son claves para comprender esta obra.

            El resto de su discografía, la dejo a su curiosidad.

  • Bosques de mi Mente, ¿recuerdas cuando eras niño?

            Posiblemente uno de los más representativos de este género en los últimos años. ¿Quién es? ¿Cuál es su verdadero nombre? Preguntas que tienen su peso, pero sólo relativo, cuando uno escucha cualquiera de sus trabajos. Lo que termina importando de este artista, que al menos sabemos es español, es su capacidad para transmitir imágenes y recuerdos suyos hasta hacerlos nuestros.

            Hasta el momento, Bosques de mi Mente es un proyecto que lleva ya ocho discos producidos desde 2007. Los temas que aborda en cada uno de ellos son diferentes, pero a veces complementarios: Nostalgia, ansiedad, curiosidad, inocencia, soledad, alegría o serenidad.

            Desglosándolos cuidadosamente, la riqueza emocional de cada trabajo suyo debe ser disfrutada con tiempo y atención, y si se puede, por separado. Ninguno de sus álbumes se asemeja entre sí en aproximación técnica ni en cuanto a carga emocional.

            “Trenes de Juguete (2007)”, “Lo – Fi (2007)” y “Ruido Blanco (2008) se internan en la nostalgia de la niñez y la ansiedad de haber crecido, conformando, en sus propias palabras, una sola trilogía. En cambio, otros como “Colores (2011)” o “Inocencia (2009)” son más optimistas respecto al presente, e incluso más alegres.

            Sobre la comentada trilogía, resalta del primer disco el tema “Y de repente… me curaste”, que algún internauta de You Tube logró mezclar con unas palabras de Eduardo Galeano. Una canción que tiene un comienzo lento y un poco melancólico, pero que luego haciende a emociones optimistas.

            “Una vuelta por minuto”, del disco “Inocencia”, es una obra maestra que con notas repetitivas y una melodía sutilmente espiral es capaz de levantarnos en vuelo sobre el paisaje de este álbum inspirado en un famoso libro: “El Principito”. “El séptimo planeta fue, pues, la tierra”, es otra joya de este disco.

            Al igual que Ben Woods o el disco de “Lacuna” de Machado, toda la discografía de Bosques de mi Mente se encuentra a libre disposición de cualquier usuario que quiera descargársela en sus respectivos sitios de Internet.

Recomendados

Otros artistas que recomiendo escuchar en este género son:

  • Yann Tierssen
  • Message to the Bears
  • Ludovico Einaudi
  • John Cage
  • Goldmund
  • Balmorhea
  • Olafur Arnalds
  • Michael Nyman

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