“Lo que es diverso, no está desunido, lo que está unificado no es uniforme, lo que es igual no tiene que ser idéntico, lo que es diferente no tiene que ser injusto”. Boaventura de Souza Santos en Refundación del Estado en América Latina. Perspectivas desde una epistemología del sur.
La democracia representativa como un híbrido institucional
Se cumplen 30 años del retorno del régimen democrático al país este 10 de octubre de 2012 e indudablemente los repertorios, límites, y contenidos de la democracia han ido variando progresivamente desde entonces. La democracia de los ochenta no es igual a la democracia de los noventa e indudablemente no es igual a la actual, por lo que se constata que la democracia es dinámica y cambiante: se va trasformando, adquiriendo profundidad, sustancia en virtud de sus contextos socio históricos y se va redefiniendo a sí misma. Una segunda idea para ubicarnos en la perspectiva diacrónica de la evolución de la democracia, es pensar el proceso de transición en Bolivia durante la década del ochenta, trabajando la idea (desde los aportes de la Teoría de la Transición) de que lo que se institucionalizó en Bolivia en los ropajes de una democracia representativa, sería un “híbrido institucional” 1, por lo que —durante todo este tiempo— el proceso de transición de la dictadura hacia otro régimen político estaría aun en transición continua o sería un proceso inconcluso.
La transición continua o proceso inconcluso
La noción central contenida en el concepto de híbrido institucional da cuenta de una ruta o secuencia democratizadora que no cristalizó plenamente en los contenidos sustanciales de la democracia, como valor y como proceso. En otras palabras —en el contexto de una transición continua o proceso inconcluso— la categoría analítica de híbrido institucional plantea que el objetivo de transformación de un régimen político (dictadura) a otro régimen político nuevo y diferente (democracia plena) no se habría completado, por lo que (en el caso boliviano) estaríamos enfrentando desde los años ochenta del siglo pasado una compleja agenda de asignaturas pendientes respecto a los legados autoritarios de la dictadura militar, que se traspasaron (de la dictadura) a la etapa de la gobernabilidad o democracia pactada porqué básicamente estaban constituidas ambas por el mismo bloque en el poder. Para aclarar esta afirmación podemos recurrir a la figura del General Hugo Bánzer Súarez, primero en su rol de dictador militar durante los años setenta y luego vemos al mismo personaje, después de la transición en la etapa de la democracia pactada, participando en elecciones y a la cabeza de uno de los partidos que durante más de 20 años configuró el sistema político partidario. Por lo tanto, desde esta perspectiva no podemos dejar de cuestionarnos cuan profundo y qué alcance tuvo la transición a la democracia, más allá del recambio material y simbólico de lo militar a lo civil.
Las limitaciones de la democracia representativa
Ahora, de ninguna manera se trata de invisibilizar o relativizar la importancia de las luchas por la implantación del régimen democrático y su subsiguiente proceso de estabilización, pero a 30 años de los hechos y frente a los levantamientos populares de fines del siglo XX reivindicando otros registros posibles de democracia (democracia participativa, democracia económica, democracia social, democracia comunitaria, etc.), podemos aventurarnos a sugerir que dichos levantamientos se dieron —entre muchas otras variables— precisamente porque no hubo un recambio real en el bloque en el poder, motivo por el cual la transición resultó inacabada. Lo que se conquistó hace 30 años atrás sería un primer peldaño en el horizonte de la progresiva construcción o formación de la democracia plena, enmarcados en los contenidos de lo que muchos autores denominan la democracia formal, procedimental o electoral. En un intento de esclarecer las limitaciones de la democracia representativa, exponemos el criterio de uno de los principales teóricos de la democracia —Robert Dahl— quien argumenta que “una dictadura es el gobierno de una minoría, mientras que la democracia es el gobierno de una cantidad de minorías que varían en cantidad, tamaño y diversidad”. En este pasaje Dahl resalta uno de los elementos constitutivos de una democracia, contenidos en la heterogeneidad, y de esta manera indaga en uno de los principales dispositivos operativos de la democracia representativa, contextualizados en la construcción y tensión entre mayorías y minorías. Al resaltar la naturaleza esencialmente heterogénea de la democracia, la búsqueda de la construcción de “las mayorías” (electorales) en la democracia representativa resulta, cuanto menos, un oxímoron y limita la potencialidad democratizadora de la misma, ya que (la democracia) no se resume en un procedimiento electoral y la representación política por la intermediación partidaria.
De la democracia representativa hacia la democracia intercultural
Recién en el año 2011 —con el desplazamiento de la forma organización partidos hacia los subsistemas políticos territorializados y la reconfiguración del campo de fuerzas políticas nacional hacia la lucha intra hegemónica— podríamos comenzar a pensar en un proceso de transición finalizado, ya que se recién habría roto la hegemonía nacional del bloque de poder de la dictadura. En otras palabras, actualmente existe un recambio en la composición étnica, social, cultural y personal del bloque en el poder, finalizando uno de los principales dispositivos de poder en el país, basados en la racialización, la pigmentocracia o el establecimiento de una jerarquía que otorga privilegios y oportunidades por la pertenencia a la “blanquitúd”. Además se habría generado una transformación de las reglas de juego, el diseño de nuevas instituciones, la incorporación de nuevos actores en la dinámica política, en los mecanismos de participación, en la competencia política, en la definición de la agenda nacional y en el proceso de toma de decisiones.
En este contexto de transición continua, podemos situar a la democracia representativa como un —en palabras de Boaventura de Souza— “sustantivo hegemónico”, es decir el referente que establece el horizonte intelectual, político, social e institucional que define lo que es “decible, creíble, legítimo y realista y por implicación lo indecible, lo increíble, lo ilegitimo y lo no – realista”. 2 Estos sustantivos hegemónicos se ubican como vórtices o ejes ordenadores de la política ya que establecen los marcos de referencia en los cuales se mueve lo hegemónico. En contraposición a los sustantivos hegemónicos están los “sustantivos contra hegemónicos”, cuya naturaleza crítica permite extrapolar el debate sobre los contenidos y contornos de lo decible, creíble, legítimo y realista respecto, en este caso, a la democracia representativa. La democracia intercultural se configura como uno de los principales sustantivos contra hegemónicos en este tiempo, ya que no sólo replantea los términos sobre el debate acerca de la democracia, sino que establece otros horizontes, contornos, contenidos y marcos referenciales.
* Politóloga cruceña.
1 El proceso de transición comienza con alguna “ruta” o secuencia, es decir una medida tendiente hacia la liberalización del régimen autoritario para pasar a la puesta en práctica de otras medidas de carácter democratizador. Sin embargo, es posible observar en ciertos casos alteraciones en la secuencia que pueden provocar desviaciones en la consecución de la meta común (el cambio de régimen autoritario hacia el régimen democrático). Estas alteraciones o desviaciones entre las pulsiones liberalizadoras y democratizadoras se denominan “híbridos institucionales”. En MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, ANTONIA: La Transición Política. En torno al significado de la transición política. Ficha Técnica. Universidad de Salamanca.
2 Boaventura de Souza Santos en Refundación del Estado en América Latina. Perspectivas desde una epistemología del sur.

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