octubre 25, 2020

Cuba y la CELAC, la historia hace justicia

Cuba ha asumido la presidencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), tras una cumbre donde el gobierno de Chile hizo lo imposible por disminuirle el peso político específico que ese nuevo organismo conquistó en los dos últimos años en su etapa de preparación (Cancún 2010) y su fundación (Caracas 2011).

Las banderas de la unidad y la integración de América Latina no podían quedar en mejores manos. Cuba siempre ha desarrollado su máximo esfuerzo para construir una identidad latinoamericanista radicalmente distinta de “la otra América” de corte anglosajón y de plena actitud y espíritu imperial. Lo hicieron durante las guerras por la independencia en el siglo XIX, aunque junto a Puerto Rico, por decisión del Destino Manifiesto de Estados Unidos, no conquistaron el objetivo. Luego Martí, en la línea de Bolívar, soñó con la independencia y la configuración de Nuestra América. Pero también lo hizo, con mayor fuerza, a partir del triunfo de la revolución en enero de 1959, cuando Fidel y el movimiento guerrillero se le zafaron de las manos al imperialismo estadounidense.

Con el triunfo de la revolución cubana se inicia un nuevo momento emancipador -el tercero- en América Latina. Su influencia es tan grande en todos los terrenos que los movimientos de liberación nacional, en el continente y en otros dos continentes -África y Asia-, siguieron su ejemplo.

Cuba nunca ha dejado de aportar a la construcción del latinoamericanismo con todas las formas históricas que el momento histórico aconsejaba: lo hizo desde respaldar a los movimientos armados hasta enviar contingentes de médicos, pasando por promover diálogos de paz. En todos los casos sin otra auto-exigencia que el más firme apego a los principios y valores que rigen a la revolución más profunda contra el capital desde el siglo XX en esta parte del mundo.

El arquitecto de esta monumental obra es Fidel, cuyo ejemplo difícilmente podrá ser borrado por la historia. A su permanente acción y su fresca reflexión se le debe, en términos morales e ideológicos, la condición de posibilidad que la América Latina del siglo XXI tiene, en medio de una gran contraofensiva imperial, de avanzar hacia su plena emancipación. Por eso, cuando la Cumbre de la CELAC se lleve adelante en Cuba, en 2014, la presencia del líder histórico de la revolución cubana será sentida de las formas más inimaginables.

Ya el presidente Raúl Castro, al momento de recibir la presidencia pro témpore de la CELAC y al celebrarse al 160 aniversario del natalicio de Martí, no perdió el tiempo para adelantar algunos ejes de lo que Cuba iba a impulsar: “construir un espacio de soberanía, concertación, solidaridad y cooperación”.

No hay duda que a pesar de la maniobra imperial de bajarle el perfil a la CELAC -instrumentalizada a través del presidente chileno Piñera-, América Latina sigue caminando y Cuba recibe con merecimientos plenos un reconocimiento de la historia.

Be the first to comment

Deja un comentario