octubre 10, 2026

Notas para una Historia de las Bibliotecas Universitarias en Bolivia

La Biblioteca de la Universidad Mayor de San Andrés

La historia de las bibliotecas universitarias es azarosa. Impulsada por el gobierno del Mariscal Andrés de Santa Cruz, se instaló la Universidad Menor de San Andrés en la ciudad de La Paz, el 1 de diciembre de 1830, “con la lectura del decreto ereccional de 25 de octubre”, a cargo del Vice-cancelario, Juan Manuel Loza, quien “haciendo resaltar en un conceptuoso y patriótico discurso, la necesidad de darle a esta Universidad, el nombre de su eminente Fundador, y esto, con mucha razón y justicia”. Tal era la afluencia estudiantil que en poco tiempo la población paceña solicitó elevarla a rango de Universidad Mayor pues era evidente “lo dispendioso para continuar y optar títulos y grados universitarios en la de San Francisco Javier”, pedido que atendió positivamente la Asamblea Constituyente de 1831, sancionando la ley correspondiente. En marzo de 1832 se dotó de su reglamento con lo que se instaló la Universidad Mayor de San Andrés formalmente el 2 de abril de ese año.

Curiosamente no se le dio, entonces, ninguna importancia a la creación de una biblioteca especialmente dirigida a los estudiantes de secundaria y del nivel universitario, es decir una biblioteca facultativa, situación que se prologó por más de siete décadas. 21 cancelarios (rectores) se habían sucedido desde el primero, el Obispo José Manuel Indaburo (quien además, fundó el Museo público en 1838), hasta el ilustre Isaac Tamayo, sin que ninguno se ocupara de atender esta sentida necesidad.

La historia de esta época está plagada de ejemplos destacables, como el que protagonizó Manuel B. Mariaca, quien en 1887 impulsó la fundación de una Biblioteca Popular. Siendo rector de la UMSA, permitió a las mujeres seguir cursos universitarios en los diferentes planteles de la República (1911), obsequió a la naciente biblioteca del Congreso la Enciclopedia Salvat y fundó la Escuela Normal de Preceptores Indígenas. Durante su rectorado inició las acciones para concretar la instalación de la Biblioteca Universitaria, en 1903, logrando el apoyo de las personalidades e instituciones de esa época. Con la adquisición de 1886 volúmenes (incluyendo títulos de publicaciones periódicas), se iniciaron las tareas de catalogación el 30 de enero de 1908. En 1914, la incipiente biblioteca recibió el apoyo del bibliotecario más importante de entonces, Justo G. Varela, a la sazón director de la Biblioteca Municipal, quien organizó las colecciones a la usanza de la época, es decir, agrupadas alfabéticamente por autor. El Plan de organización de la Biblioteca era muy simple, pero efectivo para esa época. Se determinó identificar dos grandes secciones: A) La Sección General, que agrupaba a las obras en 12 colecciones, siendo la materia más extensa la de Ciencias naturales y biológicas (363 volúmenes), seguida de Derecho, Ciencias sociales y políticas (111 volúmenes) y las de menos alcance eran Matemáticas. (7) y Geografía (9). El bibliotecario había incorporado Revistas como una de las 12 colecciones, lo que explica que estas alcancen un total de 402 fascículos. B) La Sección Boliviana estaba organizada en 35 distintos grupos (incluyendo una de “Revistas” y otra de “Varios”) a los cuales sólo 10 correspondían a materias y el resto era una división caótica, debido a que incluían publicaciones oficiales, tales como informes ministeriales, informes prefecturales, mensajes presidenciales, informes de la Oficina de correos, informes municipales, proyectos de ley, redactores del congreso y un largo etcétera.

En esa época las universidades dependían del Ministerio de Instrucción lo que equivale a decir que sus recursos provenían del Tesoro General de la Nación, siempre exigua cuando se trata de cultura y educación. La Biblioteca estaba confinada en un “cuartucho obscuro e inaccesible” y carecía de bibliotecario, situación intolerable que provocó el amague de una huelga estudiantil. La situación cambio notablemente cuando se aprobó la compra de la valiosa biblioteca de Víctor Muñoz Reyes, por entonces la mejor en el tema de Historia y Ciencias Sociales.

El rector Eduardo Rodríguez Vásquez, logró la adquisición de la Biblioteca de Víctor Muñoz Reyes. La suma que se pagó por la Biblioteca Muñoz Reyes, era bastante alta pero fue solventada en un 50% por la Universidad y el restante por ciento por los intereses del legado Escobari. 15.000 de los 30.000 bolivianos que costó fueron prorrateados en dos partidas presupuestarias correspondientes a 1929 y 1930. La decisión fue tomada por el propio presidente de la República, el ilustre Dr. Hernando Siles Reyes.

La biblioteca dio un giro insospechado cuando asumió la rectoría el Ing. Emilio Villanueva. Durante su gestión rectoral logró la autorización para la adquisición de la Biblioteca del Prof. Constant Lurquin, especializada en matemáticas y su posterior traslado a un nuevo edificio, más amplio y cómodo, pues estaba dotado de una sala de lectura y un depósito, donde se dispusieron las colecciones. Con el apoyo del Ministro de Instrucción, Constantino Carrión, logró los recursos para la compra de estantería, muebles y anaqueles, con lo que se procedió a su inauguración pública en febrero de 1929. El rector Villanueva recibió el reconocimiento de la Federación de Estudiantes, expresado por el estudiante José Aguirre Gainsborg. Un mes más tarde, Villanueva fue designado Ministro de Instrucción, cargo desde el cual redobló el apoyo a su querida biblioteca universitaria, habiendo dictado el decreto de 22 de marzo, por el cual se creaba oficialmente la Biblioteca Universitaria Central. Aquella era muy distinta a la actual, debido a su carácter fiscal, es decir, dependiente del Ministerio de Instrucción Pública, por lo que se debía a dos públicos meta, distintos entre sí “La Biblioteca Universitaria Central comprenderá dos secciones: la sección propiamente tal destinada al trabajo intelectual y de investigación de los estudiantes y la sección popular constituida por la sala de lectura y de conferencias para el pueblo. La primera funcionará en el día y la segunda en la noche”.

¡Era una biblioteca destinada a las mayorías trabajadoras!

La remozada biblioteca introdujo técnicas modernas de clasificación, desechando la tradicional alfabética por autores, se le encargó labores propias de las bibliotecas científicas y se le impuso la obligación de ponerla al servicio de su comunidad “tendrá la librería de conformidad con el sistema decimal Melvil Dewey, la formación de una bibliografía pedagógica completa y su divulgación en todas las bibliotecas escolares de la República, manteniendo entre todas ellas vínculos de relación y de intercambio, normándolas en lo posible sobre idénticos principios”. La fortaleza de las bibliotecas universitarias radica en que podían desarrollar un sistema nacional de bibliotecas. Tenían la obligación de organizar las bibliotecas provinciales y cantonales; además de supervisar los programas de las conferencias y cursos, a cargo de dos directores de extensión universitaria. Ese modelo transformador contemplaba la participación activa de los estudiantes con mayor preparación, junto a profesores de secundaria y los de facultad, que debían cooperar con conferencias nocturnas para obreros, en turnos obligatorios, una vez al mes. El secretario de la Biblioteca era el educador Corsino Rodríguez Quiroga, quien junto al director tenía la obligación de levantar los catálogos. Posteriormente fue director de la Biblioteca Central Universitaria.

Por segunda vez Villanueva inauguraba la remozada Biblioteca Universitaria Central, a la que le dotó de un edificio de dos plantas. Más tarde hizo las gestiones para transferirle la invaluable y célebre colección de los saldos de la Biblioteca del bibliógrafo y polígrafo José Rosendo Gutiérrez, que habiendo sido adquirida en 1926 para la Universidad paceña, fue entregada al Ateneo de la Juventud que negó cualquier posibilidad de desprenderse de ella, pero pesó más el poder de Villanueva quien venció el inusual duelo bibliotecario, logrando su transferencia a la Biblioteca Universitaria Central. “Los incunables de la “José Rosendo Gutiérrez” fueron entregados al Rector Antonio Hartmann por el Fiscal de Gobierno Pablo Guillén, de orden del Ministro de Instrucción Dr. José Aguirre Achá en 27 de mayo de 1930. Sus títulos en el Inventario son: a) Un libro empastado en cuero llamado Libro Mayor de las Sesiones de la Asamblea de Representes del Alto Perú, contiene el acta y la declaración auténtica de la Independencia de Bolivia; b) Un oficio de fecha 14 de octubre de 1824 firmado por el Gran Mariscal de Ayacucho, dirigido al General Olañeta; c) El ejemplar auténtico de la Capitulación de Ayacucho. Estos documentos se encuentran en custodia en el Banco Central de Bolivia”, relata Salinas.

¿Cuál es el destino de aquellos tesoros documentales hoy?

José Rosendo Gutiérrez elaboró una Bibliografía (que ha quedado inédita) de los manuscritos de su biblioteca. Los que, transferidos a la Biblioteca Central de la UMSA, forman una colección que lleva su nombre, consistente en “2342 manuscritos, 15 corresponden al siglo XVI, 37 al XVII, 132 al XVIII, 2003 al siglo XIX y el resto son manuscritos sin fecha”, como informa José María Salinas.

Es interesante apuntar el genuino interés demostrado por el estamento estudiantil de la UMSA, cuya primera forma de asociación fue la Liga de Estudiantes, organizada en 1900, secundando “la iniciativa de la Universidad de San Marcos de Lima, a favor de la propaganda del derecho”, pero lo notable es que incluían en su nómina directiva el cargo (con valor simbólico, ciertamente) de ‘Bibliotecario’. Por ejemplo el Centro de Estudios de la Facultad de Derecho, menciona entre sus directivos a José I. Taboada como “Bibliotecario” (1907); el Centro de Estudios Médicos consigna a Corsino Barrera (1917); el Círculo “Renacimiento” de la Escuela de Bellas Artes nombra a Elena Sagárnaga como “Bibliotecaria” (1918); la Federación de Estudiantes designa en ese cargo a Hugo Stumpf (1920); a Fernando López (1921); Néstor Velasco Medina (1922); y a Federico Jofré 1929-1930.

Con las reformas universitarias de 1930, la Universidad cambió su estatus dejando de pertenecer al ámbito del Ministerio de Instrucción Pública, pasando al régimen autonómico. Siendo rector el escritor y abogado Juan Francisco Bedregal (1930-1936), se aprobó el Estatuto Orgánico de la Universidad Mayor de San Andrés de 1932, que determina la transformación de su Biblioteca Universitaria, la que “funcionará bajo la dependencia del Rectorado. Los funcionarios que la atienden serán nombrados por el Consejo Universitario a propuesta del Rector. Un reglamento especial regirá su funcionamiento”. Paradójicamente, la Biblioteca Universitaria autónoma se aleja del pueblo, convirtiéndose en una biblioteca de uso exclusivo para la comunidad universitaria. Los ejemplares de la Biblioteca Universitaria Central fueron trasladados al sótano del Monoblock de la UMSA, destinando la planta baja para el funcionamiento de una amplia y cómoda sala de lectura y un mezanine donde se encuentra instalado el Museo del Escritor, fundado por el director Porfirio Díaz Machicao. En 1936, la Biblioteca Central tenía 28.600 volúmenes, cifra que se incrementó constantemente: en 1948, 65.000, en 1967 100.000. Actualmente cuenta con 350.000 siendo la más extensa y completa de Bolivia.

Fue dirigida por ilustres intelectuales, todos con amplia trayectoria en el mundo de las letras. El primer director fue Federico Jofré y le sucedieron Corsino Rodríguez. José Aguirre Gainsborg, Luis S. Crespo, Carlos Medinaceli, Raúl Jaimes Freyre (1936), Emilia de Jaimes Freyre (1938), Gustavo Adolfo Otero, Néstor Oropeza, Humberto Vásquez Machicado. Entre 1958 y 1970 la dirigía Porfirio Díaz Machicao, quien fundó el Museo de Escritores de Bolivia, la Biblioteca “Franz Tamayo” y el Archivo Epistolar Boliviano (1967). Le sucedieron Jorge Siles Salinas (1968-1973), Alberto Crespo Rodas (1974-1989) y René Arce Aguirre (1990-1992), con quien concluyó la época de historiadores. En 1990, se le concedió la dirección a la bibliotecóloga Eliana Martínez de Asbún, luego de una huelga que exigía ceder la dirección de la Biblioteca Central a bibliotecólogos titulados de la UMSA. Se mantuvo en ese puesto hasta el 2010, siendo reemplazada por Armando Blacut (2010-2012) y por Teresa Rocabado (2012).

La Biblioteca de la Universidad de San Simón

La Biblioteca Universitaria de San Simón fue fundada en 1925 por el Dr. José Antonio Arze, pero no logró desarrollarse. En 1945 adoptó el sistema Decimal Universal y publicó su catálogo. Su director soñaba con una biblioteca moderna de 250.000 ejemplares, para ello propuso “refundir las dos bibliotecas insignificantes”, que sostenía la Municipalidad y la Universidad, para crear la Biblioteca Universitaria y Municipal. En su propuesta planteó la construcción de un edificio y recursos para “comprar mensualmente 1.500 volúmenes, o sea 18.000 al año, con un costo de 900.000 bolivianos” y un personal de 8 a 10 empleados: “un director, un secretario, un clasificador, dos dactilógrafos, dos a cuatro auxiliares, un portero y un mensajero”.

La Biblioteca de la Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca

La Biblioteca Central de la Universidad de San Francisco Xavier, que heredó las colecciones antiguas de la Compañía de Jesús, organizó, hacia 1970, una impresionante biblioteca con obras teológicas, jurídicas, filosóficas, literarias y de cultura general. Heredó, igualmente, la notable biblioteca formada por José Antonio Arze para sustentar las labores del Instituto de Sociología Boliviana y se le sumó la Biblioteca “Agustín Iturricha” y más tarde la que donó el ex rector Guillermo Francovich. Se trata pues de una biblioteca patrimonial. Célebre a nivel mundial por la Academia Carolina (centro donde los doctores de Charcas conspiraron contra España) y su facultad de Derecho (República) tiene también una de las bibliotecas jurídicas más actualizadas de Bolivia, al igual que sus bibliotecas facultativas de Medicina, Economía, Ciencias naturales y Arte.

La Biblioteca de la Universidad Técnica de Oruro

El caso de la Biblioteca Central de la Universidad Técnica de Oruro es igualmente interesante y no exento de peripecias sin fin. Se originó a raíz de la adquisición de las bibliotecas “José Rosendo Gutiérrez” y “Juan Misael Saracho” que ordenó el gobierno en 1926. Se determinó que la Biblioteca “Juan Misael Saracho” fuera entregada a la Universidad de San Agustín (nombre primigenio de la Universidad Técnica), a la que se opusieron sectores cívicos de esa ciudad. Ante esa situación “el Ministro de Educación determinó se la divida, asignando un lote a la Universidad y quedando el otro en poder de la Jefatura del Distrito Escolar”. (Espinoza, 1998: 12-13) Tuvieron que pasar12 años antes de hacer efectiva la división, el 17 de agosto de 1938, “de esa manera se llegó a constituir la Biblioteca Central de la Universidad y, en fecha 24 de octubre de 1938, el Secretario de la Universidad, Teófilo Terrazas, entrega al director de la Biblioteca Universitaria, Felipe Iñiguez Medrano la totalidad de 2.129 volúmenes”.

*          Historiador y Archivista. Director de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional. Docente Titular de la Carrera de Historia de la UMSA.

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