por: Verónica Rocha Fuentes
Una vieja corriente de opinión ciudadana y mediática recorre de nuevo los espacios públicos (físicos y virtuales) de nuestro país, se trata del comparacionismo simplista como posición y como ¿metodología? de análisis coyuntural. Estoy hablando de aquellas opiniones que apoyadas en el discurso político del proceso de cambio, de la Bolivia del cambio, optan por demostrar —con poca o casi nula densidad histórica— que tras todos estos años de construcción del Estado Plurinacional en Bolivia nada ha cambiado y, por el contrario, nuestra cotidianidad se parece —más bien— a nuestro pasado.
Se hace, por ejemplo, la comparación entre la Central Obrera Boliviana (COB) con la que se enfrentaba Gonzalo Sánchez de Lozada y la que se enfrenta ahora contra el gobierno de Evo Morales, ambos en las calles de La Paz, generando malestar social y estableciendo agenda política para el gobierno. Pregunto, ¿cuánta historia de distancia existirá entre una COB que se moviliza por socializar los recursos humanos para todos/as los/as bolivianos y una que se moviliza por elevar los privilegios de uno de los principales sectores beneficiados precisamente los últimos años, en desmedro del beneficio colectivo de los y las bolivianos/as?.
Otra comparación recurrente es la que asemeja el despliegue de las fuerzas del orden para resguardar el mismo. Pregunto ¿cuánta distancia existirá pues entre una milicia precedida de tanques de guerra abriendo su paso a cuesta de vidas humanas y una policía que reciente y vergonzosamente se ha vuelto receptora de la ira sectorial —sin por ello pasar de alto sus ocasionales y condenables excesos— ?
Otra —la más excesiva a mi parecer— es comparar directamente este año 2013 con el año 2003. Sigo preguntando ¿cuánta comparación puede haber entre demandar la nacionalización de nuestros recursos naturales para beneficio de todos/as los/as bolivianos/as y demandar el beneficio manifiesto de un sector que hoy presenta bonanza económica? ¿cuánta distancia existe entre movilizarse en contra de una decisión tomada entre cuatro puertas y sin participación de la ciudadanía y movilizarse contra una ley consensuada con la representación del sector principalmente afectado que además amplía beneficios al resto de la ciudadanía? ¿es que acaso no nos acordamos del convoy de la muerte? ¿es que son iguales los índices de popularidad y gobernabilidad de Sánchez de Lozada y Evo Morales?
Hagámosle un favor a la historia. Seamos serios/as con ella. El recurso de justificar la irracionalidad coyuntural de ciertos/as actores/as por comparación con el pasado quiere parecer venganza política, pero tanto en el fondo como en la superficie es sólo simplismo histórico. Volquemos más bien la mirada crítica a preguntarnos ¿por qué tantas cosas —para bien o mal— efectivamente han cambiado?. Pongo el ejemplo más simple y quizás el que más me entristece como última pregunta-provocación, ¿desde cuándo la COB y los/as universitarios/as dejaron de ser los actores históricos de vanguardia que encabezaban las luchas por las reivindicaciones populares, de todos y todas? ¿cómo —más bien— recuperamos estos valiosos-históricos actores del pasado?.
* Comunicadora Social


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