octubre 26, 2020

¿Cuándo se abrirán los archivos de los gobiernos militares del 78 al 82?

Eran las 10,30 de la mañana del 17 de julio de 2013. Sobre el Estado Mayor del Ejército de Bolivia, en la zona de Miraflores de La Paz-Bolivia, volaba un águila, haciendo círculos sobre el área que hacen 33 años era el picadero del arma de Caballería y que hoy es un patio cementado.

A la misma hora, el 17 de julio de 1980 paramilitares montaban en las flamantes ambulancias de la Caja Nacional de Seguridad Social, desde un garaje de San Pedro, para partir con dirección a la sede de la Federación de Mineros donde se reunía el CONARE, para denunciar que se estaba ejecutando el golpe que con un mes de anticipación, se calculaba se produciría.

Se hacía este cálculo como efecto de que desde el parlamento Marcelo Quiroga y desde medios de comunicación como la Radio Fides y el periódico Aquí, se denunciaba la íntima relación entre el narcotráfico y las Fuerzas Armadas, causa también del asesinato del P. Lucho Espinal.

Para tal efecto, las autoridades militares de entonces usaron a la institución de las Fuerzas Armadas y su poder de fuego, articulados a los Novios de la Muerte, club de amigos del criminal de guerra Klaus Barbie, formado por fascistas de Argentina e Italia, entre los que también participaba Marco Marino Diodato, teniente asimilado y experto en comunicaciones y armamento, además de paracaidista del CITE, desaparecido de una clínica en Santa Cruz.

Los Estados Unidos cercaron al gobierno del que sus autoridades no sólo se saltaban las rejas del Cementerio de Arlington para hacer a su manera un homenaje a los caídos en la lucha contra el comunismo, sino que también porque des-estructuraban las consolidadas líneas de producción y comercialización de cocaína, que años antes habían armonizado, al punto de haber construido de común acuerdo la mega fábrica de cocaína de Huanchaca controlada por el célebre Oliver North, famoso militar norteamericano en ejercicio que “fabricaba” el dinero que su Congreso no aprobaba, mediante la comercialización de cocaína de altísima pureza para apoyar a los “Contras” nicaragüenses o sus aventuras en contra de Iran.

Era parte de este mismo acuerdo de control la producción de cocaína en La Bélgica, donde incluso soldados pisaban coca y participaban en las tareas de su industrialización como cocaína, para beneficio de una oligarquía militar y terrateniente iniciada en el gobierno de Banzer.

Sus disputas internas con severos y claros ajustes de cuentas, y el desgaste por su irracional uso de poder militar, devinieron en la caída de una seguidilla de presidentes de facto militares, que trajeron luto y dolor a los trabajadores y el pueblo boliviano en general.

La parca ya se cargó a varios de ellos y si hay cielo, seguramente sus almas no moran por allá pese a su condensado anticomunismo. Otros, como García Mesa y Arce Gomez, sufren la condena máxima de la legislación boliviana con una sentencia de treinta años sin derecho a indulto, aunque con comodidades de las que ningún condenado “normal” goza.

Otros, la mayoría —tanto civiles como militares—, sin sentencia alguna, viven como super millonarios como es el caso de Waldo Bernal, quien es dueño de una isla y yates en España. Ni hablar de los civiles a los que el juicio no les llegó y se camuflaron tras de siglas y curules durante estos 32 años de democracia y viven como si nada hubiera pasado con absoluta impunidad.

Los generales de hoy, en muchos casos fueron los cadetes de primer año de García Mesa, quien fuera su comandante del Colegio Militar. Su formación inicial fue esencialmente anticomunista y fascista. Sin embargo, hoy muchos de ellos gozan de privilegios y favores del proceso de cambio, pues aseguran ser institucionalistas y defensores del mismo. Habría que revisar las hojas de vida de esos ayer cadetes que hoy han hallado un grado más en su carrera apuntando a las Embajadas y otros cargos diplomáticos del Estado Plurinacional.

Sólo así puede explicarse la impunidad que gozan quienes tuvieron a su cargo “las operaciones” a lo largo de los gobiernos de, García Meza, Torrelio y Vildoso: fueron cadetes y oficiales que nunca dejaron sus posiciones reaccionarias y antipopulares, habiéndose camuflado y logrado construir un eje de poder al interior del proceso de cambio, bajo el discurso de la institucionalidad. Lo mismo ocurre con los operadores de Pereda Asbun, Padilla Arancibia y Natush Bush, inmediatos antecesores de García Mesa.

Está en manos del gobierno de la Revolución Democrática y Popular, cerrar esas viejas heridas que no cicatrizarán jamás, mientras no se haga justicia. Es una falacia que no existan archivos militares de la época, pues para los militares, más que para ninguna otra institución, sus archivos son su historia, su vida misma.

Y en esta línea, al menos como hecho simbólico, encontrar o saber el destino de los restos de Marcelo Quiroga Santa Cruz: saber quiénes fueron los operadores de su hasta hoy desaparición para que sean juzgados por el Poder Judicial, pues ya los juzgó la historia. Anímense, ordenen y seguro se encontrarán con muchas sorpresas.

Yanki, yanki, yanki, cuidado

las águilas negras, ya caerán…..


*    Fernando Rodríguez Ureña es zoociologo, con maestría en quimeras. Hizo su doctorado en la pluriversidad de Los Sauces en Lian Ma He Nan Lu. Alguna vez fingió como diplomático.

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