abril 11, 2021

Un festival de película

Vivir en y para el cine. Del 22 al 28 de Julio, con 27 países representados, entre ellos Bolivia, y 84 películas, de todos los metrajes posibles, se celebró en Sucre el Noveno Festival Internacional de Cine de los Derechos Humanos, toda una explosión de colores, imágenes en movimiento e historias. La iniciativa y todo el peso de la organización correspondieron al Centro de Gestión Cultural Pukañawi y su buen conductor Humberto Mancilla. El Centro exhibió también los cortos metrajes realizados por los y las jóvenes estudiantes del Segundo Taller del Cine Documental de los Derechos Humanos, que vinieron de todo el continente a formarse en Sucre.

Un esfuerzo destacable que año a año dinamiza la vida cultural de la Capital y lleva la reflexión a sus salas y el público y evidencia que renace el cine en Bolivia. Las películas ganadoras serán exhibidas en otros departamentos, para fortuna de amantes del cine de contenido social, cada vez más escaso —si lo hay— en las pantallas de las salas comerciales dedicadas a adormecernos con Batman o cualquier otra pueril fantasía.

El festival fue dedicado a la memoria de Luis Espinal, quien asumió al cine como un arma de los débiles. Este año tocó revalorizar el trabajo, la dignidad y la vida y denunciar las formas perversas que estas dimensiones están tomando bajo el capitalismo actual, pero también para revalorizarlas como componentes esenciales del ser humano. La agresión trasnacional minera en Guatemala, los migrantes africanos e hindúes retenidos en la posición española de Ceuta, o en Austria. La agresiones a los derechos humanos cometidos por represores y Senderistas en la guerra interna peruana. La organización diaria y comunitaria de la comida para 50 mil personas en el Templo Dorado de Amritsar, India y el regreso de la memoria fílmica a la Isla del Sol (que ganaron premios), fueron algunos de los largo metrajes, que en calidad de jurado, me tocó observar. La experiencia incluyó la visita a la cárcel de San Roque para exhibir el documental de Álvaro Olmos, que trata sobre el reclusorio de San Antonio en Cochabamba.

La película ganadora “justicia para mi hermana” narra la historia de Adela, mujer guatemalteca de 27 año, que salió de su casa y nunca regresó. Fue asesinada. Su hermana Rebeca, mujer de escasos recursos que apenas sobrevive vendiendo tortillas, decide buscar justicia. Una lección de vida y experiencia, que sin duda servirá como espejo para el caso boliviano, donde también las mujeres son asesinadas y vejadas con pasmosa impunidad.


*    El autor es historiador y director de Canal TV U 11 de la UMSS.
      keynes73@yahoo.com

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