diciembre 4, 2020

La retórica del habla popular

por: Johnny Campos Lora

“Metafísica popular”

La primera vez que escuché el tema “Metafísica popular” de Papirri, quedé gratamente sorprendido, pues el tema reunía las condiciones básicas para que sea una obra de arte: originalidad y esteticidad. El autor trabajó la composición del tema sobre la base del habla popular, de hecho el tema se cimenta en el lenguaje que todos nosotros manejamos en la rutina de nuestras actividades. Hay varias frases del susodicho tema que son inefables:

Un día me he farreado dos días; andá a clausurar la inaugurashón; qué bien ha salido la entrada; si no estoy, quiere decir que salí; shempre viene a veces….

El habla popular, no es aquel conjunto de treinta mil voces empolvadas en el santuario del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. El habla popular se transforma, se enriquece, se desplaza y crea un sinfín de variantes geográficas y socioculturales de manera intermitente.

En el repertorio del habla popular (con interesantes componentes metafísicos) podemos detectar varias figuras retóricas. Una retórica por supuesto popular, por lo tanto involuntaria. De hecho la metafísica está ligada a la retórica ya que las dos refieren un mundo subjetivo. La metafísica habla de un mundo abstracto y la retórica asume una realidad sesgada.

La retórica

La retórica (soslayando en mucho las doctas definiciones del Grupo µ y la de Barthes) es, en resumidas cuentas, el arte de persuadir. Tiene funciones emotivas, embellecedoras y representativas de la realidad.

Hace más de dos mil años, Aristóteles dijo que la retórica es el arte de persuadir al público para que éste haga o apruebe cosas que sin el efecto de este recurso jamás lo haría. Desde este punto de vista las promesas de los políticos y vendedores están plagadas de retórica. Los recursos retóricos como la metáfora o la prosopopeya son frecuentes en el habla popular de la gente.

La retórica popular

El habla popular, tiene características que le diferencian del habla elitista. El habla popular es más descriptivo que interpretativo, maneja más términos individuales que categorías genéricas. Las clases populares son menos sensibles a la información abstracta y a las cuestiones o asuntos poco concretos. Así, el lenguaje del obrero o del campesino es concreto y figurativo: contiene metáforas, prosopopeyas, hipérboles, lítotes, paradojas y onomatopeyas.

Mario “es un barril sin fondo”

La metáfora es una comparación sin el como: “Tus dientes son brillantes como las perlas” es una simple comparación. En cambio “Las perlas de tu boca” es una metáfora que expresa una idea de belleza, además comprime la frase: dice lo mismo en menos palabras.

Uno de los mitos existentes sobre la metáfora es que se cree propia de la escritura formal como la poesía. En una obra ya clásica de Lakoff y Johnson (1980) se refuta esta creencia tradicional. Apoyándose en centenares de ejemplos, estos autores demuestran de manera convincente que la metáfora está en el lenguaje cotidiano. La metáfora es un fenómeno tan generalizado y usual que muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de su presencia en nuestro propio discurso: Francisca es una serpiente, Mario es un barril sin fondo, él es un cerdo al comer, Cintia es una inmensa bola de manteca, Pedro es un fosforito, fueron cuatro gatos a la reunión…

Un estudio sistemático del habla popular en la década de los 90, encontró que el pueblo metaforiza en mucho a los borrachos (turril sin fondo, mula, timbre, etc.); a los gordos (bola, grasa, chancho, redondo, garrafa, etc.) y a los tontos (chorlito, cabeza de cemento, capirote, perejil).

“La Pachamama se enoja”

La prosopopeya es la atribución de cualidades humanas a seres inanimados o irracionales como objetos, animales o plantas.

Esta figura retorica es la que tiene más registro histórico. Ya en la antigüedad se configuraban deidades con cualidades humanas. En Grecia, los dioses del Olimpo se enojaban, tenían envidia, se vengaban e incluso se emparejaban con algunos mortales. En algunos casos había seres mitad hombres mitad animales como el minotauro y el centauro. Otros animales legendarios con cualidades humanas: esfinge, fauno, hipogrifo, dragón, leviatán, hidra, medusa, Gorgona, cancerbero, kraken, etc. Por otra parte podemos ubicar en el emporio de la empresa de Walt Disney, en realidad una empresa basada en la prosopopeya, puesto que muestra una profusión de personajes que son animales con todas las cualidades humanas: pato Donald, Mickey mouse, Tribilín, la bruja Amelia, Chip y Dale,etc.

En el habla popular encontramos diversas expresiones que contienen esta figura: la Pachamama (tierra) está enojada; el pueblo tiene corazón de oro; la conciencia del pueblo; “se deben hermanar los dos sistemas de transporte”, el viejo y gordo sol…

“No estaba tan mal la comida”

La lítote o atenuación consiste en negar algo para dar a entender lo contrario. Es frecuente encontrarla en la negación. Por ejemplo: no es mala la idea = es una idea muy buena; no fue poco lo que hablaron = hablaron mucho; un papel no menos importante = otro papel muy importante; no está muy lejos = está cerca; menos mal = qué bien;flaca no es = tiene cuerpo. Esta figura de atenuación se presenta en términos de anuncios comerciales en varios puestos de venta callejeros: a sólo 29 bs. con 99 cvs., todo a 5 bs., no somos los primeros pero nos esforzamos por serlo.

“Cuantos más suicidas hay, menos suicidas hay…”

La paradoja es una afirmación que lleva en sí misma una contradicción esencial. Encontramos términos paradójicos en los títulos de las novelas populares: te odio mi amor, la santa diabla, pobre niña rica y en las frases que Papirri califica de metafísica popular: estoy caliente con este frio, paro movilizado, shempre viene a veces…

La paradoja puede llegar a tener un sentido irónico, así encontramos una frase que se encuentra escrita en un muro cercano a la Plaza Villarroel: “Cuantos más suicidas hay, menos suicidas hay…”

“¡Ch’ultin! ha votado sus cosas al pozo…”

La onomatopeya es una figura que reproduce el sonido de la cosa que nombra. Generalmente son interjecciones onomatopéyicas las que pretenden describir relatos o sucesos con vivo realismo: ¡lakaj! ¡chátaj!, ¡challaj!, ¡chultin! El habla del español andino, es rico en expresiones onomatopéyicas. Esta manera de expresarse tiene dos vertientes: las lenguas andinas quechua y aimara tienen en su léxico muchos términos onomatopéyicos, a diferencia del español castizo donde existen pocos. Por otra parte una de las características del lenguaje popular es que es más descriptivo que el lenguaje técnico o elitista. El siguiente relato, corresponde a un comunario que cuenta una anécdota de su amigo:

“…Y él se había caído ¡lakaj!, después cuando a su casa se había ido, su mamá ¡chátaj! le ha dado en su cara, él tropezándose se ha salido y de puro enojo ¡challa!j ha roto dos vidrios de la ventana y ¡chultin! ha votado sus cosas al pozo…”.

También pudimos rescatar de un muro de facebook el relato de un gato que se ahogó: the cat, cataplun y glu glu y no más miau miau. También son onomatopeyas: es un blabla = es un hablador, tomar un k`ac = tomar un trago

Un supercombo especial

La hipérbole es una exageración aumentada o disminuida. Encontramos discursos hiperbolizados por doquier. Desde el político que dice: somos los únicos, somos los salvadores de la patria, Bolivia se nos muere; pasando por los presentadores de tv que adjetivan cualquier evento como grandioso, soberbio, fenomenal, super, increíble; hasta los puestos callejeros donde se pueden apreciar anuncios como: salteñas especiales, supercombo, precios inigualables, precios de locura y en el programa juvenil que dice: en este día especial, este tema especial para ti que eres muy especial…

La otra cara de la hipérbole es la disminución, presentada en el castellano andino paceño – alteño como sufijación apreciativa. En la sufijación apreciativa del castellano andino, son frecuentes los diminutivos:

— A ellita yo la quiero.

— Más aquisitos tienes que venir.

— ¿Cuantas cervezas quiere? – dositas por favor

— Asicito nomas en aquí nos hablamos

Los diminutivos no son privativo del castellano andino boliviano, hay frecuencia de este manera de conversar en toda América Latina, en Chile la asiduidad es abrumadora de igual manera en México y si se quiere ir más allá, tenemos a la madre Rusia (matiushka = madrecita en idioma eslavo). En el entorno del habla popular se presenta el tema sui generis del diminutivo del diminutivo, como en el caso de la palabra chico: chiquito, chiquitito. También tenemos la costumbre de llamar a las personas en diminutivo: javierito, marito, carlitos; e incluso hasta algunos concursos:cholita paceña (o paceñita).

Los diminutivos, dice María Moliner, expresan varios matices apreciativos. En muchos casos, el diminutivo no se refiere al objeto designado, sino expresa actitud afectuosa a la persona a quien habla: te estoy preparando comidita, riquito estoy cocinando para ti, biencito te vas a portar…

En otro matiz, se refiere a un hiperdiminutivo es decir a una seguidilla de diminutivos: “Me estoy cocinando chairito con chuñito, arrocito y llajuita” o ahoritita, despuesito, lueguito, abajito, encimita, toditito, lejitos…

Bueno, creo que por hoy basta de retoriquitas y quedo aquisito para despuesito relatar otros eventitos de la vida cotidiana.


* Lic. en Ciencias de la Comunicación Social. Docente de la UPEA y la UMSA.

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